
Dos hombres identificados como Adimas Gabriel Rojas Ponce y Vladimir Antonio Gutiérrez Contreras, fueron condenados a la pena máxima por cometer lo que la Fiscalía calificó como uno de los homicidios más atroces ocurridos en el cantón de Talamanca en Limón.
La víctima fue una joven indígena de 18 años identificada como Viviana Rocío Delgado Ortiz, a quien los ahora sentenciados torturaron hasta provocarle la muerte. “Hacía muchos años no se daba un homicidio tan atroz en el cantón talamanqueño”, puntualiza la acusación que presentó la Fiscalía de Talamanca.
El viernes 22 de agosto, el Juzgado Penal de la zona impuso a Rojas y Gutiérrez 35 años de prisión a cada uno por el delito de homicidio calificado por alevosía y ensañamiento, ya que, entre otras cosas, el Ministerio Público demostró mediante el testimonio de un patólogo forense que Viviana “tuvo lesiones ante mortem (antes de morir), bastante crueles”.
Los hechos por los que condenaron a los hombres ocurrieron el 29 de marzo de 2023 cuando el cuerpo de la joven fue descubierto dentro una vivienda en el barrio La Unión, en el distrito de Bribrí.
Dos oficiales de la Fuerza Pública atendieron una alerta sobre la posible muerte de una mujer y al llegar encontraron la casa cerrada; tras una inspección visualizaron a través de un orificio varias salpicaduras de sangre en las paredes y en el piso de la sala.
Los oficiales entraron por una ventana y descubrieron el cuerpo de la muchacha en el baño de la vivienda. Debido a las condiciones en que los agresores la dejaron, transcurrieron varios días antes de confirmar su identidad. Viviana Rocío era originaria de Cabagra de Buenos Aires, Puntarenas, pertenecía a la comunidad indígena Bribri y su identificación fue posible gracias a un familiar.
Confusión y tortura
El informe del patólogo forense detalló que la joven sufrió brutales agresiones en vida: una laceración del peritoneo (el tejido de la pared abdominal) por arma blanca que le habría causado la muerte en una hora sin atención médica y provocado intenso dolor.
También tenía golpes contusos en el rostro que le causaron equimosis en casi toda la cara, un trauma en la boca y fractura de nariz; y una fractura craneal en la parte trasera y superior de la cabeza, producida con un objeto contundente.
Todas estas lesiones le provocaron un “dolor extenso y prolongado”, detalla la acusación hasta que los encartados estrangularon a la joven al taparle la boca con una camisa y la ahorcaron con una faja, aprovechando su superioridad numérica.
Las autoridades establecieron que el móvil del crimen fue una confusión de los ahora sentenciados, ya que pensaron que Viviana colaboraba con la Policía en investigaciones relacionadas con el tráfico de drogas. Esta falsa creencia los llevó a torturarla con al menos cuatro tipos de armas diferentes, antes de asegurar su muerte mediante estrangulamiento.
