Turrialba. Hasta el pasado 1.° de julio, el poblado de Jesús María –al noreste de esta ciudad– fue el hogar de 33 familias campesinas.
Ese día, una grieta de unos 20 centímetros de profundidad atravesó la mitad del pueblo. En su paso resquebrajó pisos, paredes y aceras.
Dos semanas más tarde, la mitad del caserío era una zona de desastre con daños tan severos como los que ocasionaría un terremoto o un huracán.
Ante el terror de los moradores, la tierra se hundió cuatro metros y desplazó las casitas varios metros. Ahora un informe de la Comisión Nacional de Atención de Emergencias (CNE) advierte que las horas de Jesús María están contadas.
Irremediablemente el pueblo avanza rumbo a su destrucción. Sus habitantes, tal como lo advirtió el geólogo Julio Madrigal, son “pasajeros de una masa deslizante”. “El proceso es indetenible. Todo lo que esté encima se va a mover”, señaló el experto.
Tierra en movimiento. El deslizamiento es más antiguo que el pueblo. Sin saberlo, sus moradores lo escogieron para asentarse.
El terreno, arcilloso y de piedra caliza, lanzó años atrás tímidos avisos a los pobladores.
“Encontramos en las casas evidencias de que hace años los vecinos repararon grietas. Estos megadeslizamientos pueden permanecer estáticos durante años.
“Todos tiene el potencial de desplazarse y cuando lo hacen generan muchos daños”, indicó el geólogo Madrigal, de la CNE.
En el caso de Jesús María, el terreno se fraccionó en la parte alta del pueblo. La superficie se hundió en algunos tramos, pero se levantó en otros.
La morada del maestro Manuel Romero fue la primera en sucumbir. La mitad de su casa cayó casi intacta unos cuatro metros más abajo de donde fue construida. Algunas plantas del jardín están al borde de un paredón que cada día gana altura.
“He vivido en este pueblo 60 años y le digo que nunca había visto algo como esto. Uno veía grietillas, pero la verdad es que no les prestaba atención.
“De noche comenzamos a escuchar ruidos dentro de la tierra; algo así como retumbos. De un momento a otro todo comenzó a hundirse... y no se ha detenido desde entonces”, contó Carlos Luis Castro, un campesino de 70 años quien perdió su pequeña casa.
La CNE tiene identificados otros pueblos que echaron raíces sobre deslizamientos.
Un nuevo pueblo. Daniel Gallardo, presidente de la CNE, no dudó en calificar el caso de Jesús María como “un asunto muy serio”.
“Esa gente tiene que salir de ahí. La Comisión va a comprarles el terreno para trasladar al pueblo completo (unas 150 personas)”, puntualizó el funcionario.
La escogencia no es fácil. Las tierras cercanas también presentan riesgo de deslizamiento.
“Este pueblo está muriendo, pero al menos aún podemos decir que Jesús María existe.
“Esto es muy doloroso. Ahora no se trata de querer salir; tenemos que irnos”, comentó la presidenta del Comité de Vivienda, Ivannia González. Tarde o temprano la parte del pueblo que quedó “en pie” también será destruida.
“Llegué a esta tierra cuando tenía nueve años, a trabajar en agricultura con mi papá. Este es un pueblo noble y humilde.
“Tengo mucha tristeza. Le confieso que de los nervios hasta he llorado. Las paredes se han caído poco a poco. Uno las escucha traquear”, concluyó el campesino Carlos Luis Castro.