
Pasaron ya 32 años y siete meses desde que el capo colombiano Pablo Escobar Gaviria cayó abatido sobre el tejado de una vivienda en Medellín. Sin embargo, su imagen y el legado de violencia asociado a su organización criminal siguen trascendiendo décadas y fronteras.
Una muestra de ello quedó en evidencia la mañana de este viernes, cuando agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y del Servicio Especial de Respuesta Táctica (SERT) ingresaron a la vivienda donde se refugiaba el prófugo Alejandro Arias Monge, alias Diablo, el hombre más buscado de Costa Rica.
En uno de los aposentos de esta casa, ubicada en una zona remota de Río Frío de Sarapiquí, colgaba una pintura del fundador del Cartel de Medellín.
“Plata o plomo”, la frase con la que Pablo Escobar resumía la elección entre aceptar un soborno o enfrentar la muerte, aparece en la parte superior del cuadro. La imagen muestra al capo sentado en una silla, vestido con saco, detrás de un escritorio repleto de dinero y un arma de grueso calibre.
Escobar fundó un imperio del tráfico internacional de cocaína utilizando Medellín como su base de operaciones. A lo largo de los años ochenta y principios de los noventa, supervisó y orquestó el envío cocaína a Estados Unidos, donde sus afiliados la distribuían en las calles.
Además, el sujeto contrataba sicarios para asesinar a policías, jueces, políticos y periodistas.
De acuerdo con InSight Crime, se estima que durante los 80 su organización suministró más del 80% de toda la cocaína que se traficaba a Estados Unidos y llegó a enviar hasta 15 toneladas diarias.
La misma entidad considera que es difícil identificar una figura comparable a Escobar en la actualidad, pues ningún jefe criminal ha logrado ejercer un control semejante sobre Medellín ni, mucho menos, sobre el comercio internacional de cocaína.
Cuando el llamado “Rey de la cocaína”, también conocido como “El Patrón”, fue emboscado y abatido por la Policía en Medellín, el 2 de diciembre de 1993, llevaba varios meses huyendo de las autoridades.
Esta mañana también cayó emboscado el presunto narcotraficante alias Diablo, tras 10 años en fuga. El hombre había salido de la cárcel el 28 de octubre del 2016, tras cumplir prisión preventiva como sospechoso de dos homicidios y desde entonces no volvió a someterse al control de las autoridades.
Durante su tiempo en fuga, el Diablo extendió su influencia criminal a varias zonas de Costa Rica, entre ellas Río Cuarto, así como a los distritos de Venecia, Aguas Zarcas y Florencia en San Carlos. También se vio su presencia en Penshurt, Valle La Estrella y Bananito, en el sur de Limón.
El prófugo fue detenido en un operativo dirigido por el Ministerio Público y el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) que culminó con un enfrentamiento armado entre miembros de su grupo delictivo y oficiales de la Policía Judicial.
Por al menos una hora, los agentes intercambiaron disparos. Cinco oficiales resultaron heridos; uno de ellos sufrió una lesión de gravedad en una de sus piernas.
Junto a Diablo cayó también Jonathan Pérez Méndez, alias Tan, considerado el sucesor de Diablo, y fue abatido por la Policía un sujeto de apellidos Ríos Oconitrillo, conocido como Coco Guácimo, uno de los 10 hombres más buscados del país.

