San Martín de Cot. Traicionado, al parecer, por una ráfaga de viento, un piloto de 28 años se estrelló ayer –junto a su acompañante– en un sembradío de repollo, en las faldas del volcán Irazú.
La pericia del aviador Juan Carlos Murillo Rodríguez evitó una tragedia.
Consciente de la inminencia de un aterrizaje forzoso, el piloto pasó entre varios árboles y cables de alta tensión antes de impactar la colina.
Maltrechos y con múltiples lesiones, Murillo y el canadiense Jean Piere Moubanak Ghazi sobrevivieron al percance.
Ellos partieron del aeropuerto Tobías Bolaños –en Pavas, San José– a mitad de la mañana con la intención de tomar fotografías.
El viaje se vio interrumpido cuando se precipitaron sobre la finca El Plantón, en la parte alta de Cot de Oreamuno, Cartago.
Vuelo rasante. Los testigos coinciden en dos aspectos: el piloto volaba a baja altura y la aeronave –monomotor Cherokee 235, propiedad de la Escuela Centroamericana de Aviación– nunca dio la impresión de tener problemas mecánicos.
“Venía demasiado bajo (la avioneta). Yo hasta dije: ¡Dios mío, va a caer cerca de la iglesia!”, contó Georgina Gómez, una vecina de Tierra Blanca de Cartago.
A su esposo, Isaac Núñez, le dio la impresión de que la Cherokee iba “como sin fuerza”. “Como que no podía levantarlo”, comentó.
La aeronave, matrícula TI-AME, se estrelló en San Martín de Cot (Oreamuno), a unos 10 kilómetros de Tierra Blanca.
De eso fueron testigos 15 trabajadores agrícolas que la vieron caer a pocos metros. Por el impacto, la avioneta dio un giro de 180 grados. Los campesinos corrieron a prestar ayuda.
Mientras eso ocurría, Murillo utilizó su teléfono para revelar el sitio donde se accidentaron.
“El piloto nos dijo que una ráfaga de viento lo derribó cuando volaba un poco bajo. El canadiense (el fotógrafo) nos pedía en inglés ayuda. Le solicitamos que tuviera calma”, declaró Rándall Mora, uno de los lugareños.
A los bomberos les tomó más de 10 minutos liberar a los pasajeros con ayuda de equipo hidráulico.
Los socorristas se vieron en la necesidad de desprender el techo de la aeronave. La cabina, por fortuna, quedó casi intacta.
A salvo. Claudio Quesada, cruzrojista cartaginés, dijo que los heridos nunca perdieron el sentido.
“Tenían traumas (golpes) varios, sobre todo en la cara, e imposibilidad de moverse debido a la mecánica del accidente”, detalló.
Un helicóptero privado llevó a las víctimas hasta el Hospital México, en San José.
En horas de la tarde, personeros del centro médico capitalino informaron de que los pacientes permanecían estables y bajo observación en la sala de emergencias.
Juan Carlos Murillo vive en Heredia. Es instructor y piloto de vuelos privados.
Del fotógrafo canadiense (tiene unos 38 años) no fue posible conocer mayores detalles. Colaboró el corresponsal Fernando Gutiérrez.