
Karla Eugenia Bolaños Brenes, una jefa de Trabajo Social de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), llevó a una pareja hasta el frente de una hermosa casa que prometía donarles, en Santo Domingo de Heredia, a cambio de que pagaran los costos de traslado y trámites legales.
La profesional, hoy de 51 años, saludó a la mujer que hacía la limpieza y preguntó por la salud de la dueña, diciéndoles que se trataba de una adulta mayor que estaba por mudarse al extranjero.
La escena no despertó sospechas en ese momento, pero fue la antesala de una pesadilla de estafa millonaria, según relatan los esposos.
La casa en realidad no estaba en donación, ni siquiera en venta, y la dueña no estaba por irse al extranjero. Sin embargo, los esposos confiaron en la serena y amigable trabajadora social, quien tiene un cargo de jefatura en el Área de Salud de Belén-Flores de la CCSS.
Después de que la pareja perdió ¢12 millones y decidió denunciar penalmente a la funcionaria, se dieron cuenta de que había más personas en estrados judiciales alegando ser víctimas de la misma persona.
Otra denunciante, quien era amiga de la funcionaria, asegura haber sido engañada con la donación de la misma casa, por la cual perdió ¢5 millones.
“Yo le dije, ya cansada, hagamos un trato, dame la mitad y ya, pero tenés que ir a un psiquiatra o un psicólogo (...). Usted no sabe el nivel de manipulación, fue increíble, fue impresionante”, relató a La Nación.
Entre los denunciantes hay funcionarios y pacientes de la CCSS, así como amigos de la sospechosa, docentes y padres de familia de un colegio.
Y los relatos sobre aparentes timos no se limitan a la donación o venta de casas, sino también a la oferta de maestrías, venta de vehículos, supuestas herencias, el manejo de dinero de anuarios escolares y la necesidad de tratamientos contra el cáncer.
Los testimonios concuerdan al señalar que la mujer se acercaba serena y amigable, tras haber dedicado meses o años a construir una relación de confianza. Con un tono pausado y convincente, a algunos les aseguraba que les donaría una casa, que “Dios” la llevó hasta ahí y que serían “bendecidos”, por ejemplo.
A la mayoría les pedía discreción, dicen los denunciantes, alegando que no le gustaba que otros supieran que ella ayudaba, y terminaban por sellar un trato que nunca se concretaba.
El Ministerio Público confirmó que existen al menos cinco expedientes penales por estafa contra Bolaños Brenes por hechos ocurridos entre el 2019 y el 2025. Tres de ellos se tramitan en la Fiscalía de Heredia y dos, en la Fiscalía de Alajuela.
En tres de ellos, se impusieron medidas cautelares y, con motivo de una de estas causas, la mujer fue enviada a seis meses de prisión preventiva, el pasado 13 de abril, bajo la sospecha de que recibió millones de colones de pacientes y otros allegados, como supuesto adelanto por la compra de una casa que nunca se concretó. Les pedía entre ¢5 millones y ¢8 millones.
El abogado de la mujer, Freddy Jiménez Peña, comentó a La Nación que al menos una persona más estaría anuente a denunciar a su cliente, pero sostuvo que existe el principio de inocencia. “Mi representada es inocente hoy, mañana y pasado mañana, hasta que llegue el juicio”, aseveró.
Este diario conversó con seis personas que presentaron denuncias judiciales contra la funcionaria.
En algunos legajos hay testimonios de más de un afectado. Por ejemplo, en el expediente 23-001201-0369-PE, el único con señalamiento a juicio, la Fiscalía acusó dos delitos de estafa.
Este medio también conversó con dos personas que no denunciaron, pero relataron haber perdido dinero con la trabajadora social.
Esta es la primera ocasión en que la mujer cumple una medida preventiva de libertad por estas causas. Anteriormente, cada vez que era citada a juicio o a audiencias judiciales, presentaba incapacidades de la CCSS y, entonces, no se presentaba.
‘La casa nunca había estado a la venta’
Luciana, nombre ficticio de una de las denunciantes, tiene dos hijos menores de edad, es docente y vivió por varios años en Santo Domingo de Heredia. Coincidió en el 2016 con Bolaños en un centro educativo en donde trabajaba. Allí formaron una relación de cercanía, usual entre padres y profesoras en escuelas con pocos estudiantes.
Ella y su esposo habrían perdido al menos ¢12 millones a manos, presuntamente, de esta mujer.
“Yo no le deseo mal a ella, pero sí le pido a Dios que por medio de la justicia, de su justicia divina, ella tenga que cosechar lo que siembra, porque ella sigue haciendo daño”, afirmó afligida.
Su causa se tramita bajo el expediente 25-000749-0369-PE, por el que Bolaños cumple prisión preventiva.
A mediados del 2024, la trabajadora social reapareció en la vida de la educadora con un mensaje en Facebook. Le dijo que una de sus vecinas, adulta mayor, estaba a pocos días de mudarse al extranjero junto a sus dos hijos y quería donar su casa, por lo que el beneficiario solo tendría que pagar los costos del traslado y los trámites legales.
Luciana no sospechó mayor cosa y, por el contrario, le pareció una buena oportunidad para comprar casa.
‘Me dijo que había tenido un sueño’
“Me dijo que había tenido un sueño, que Dios me había puesto en el pensamiento de ella. Yo le comento por encima a mi esposo y ella me dijo que llegáramos a la casa de ella”, recuerda.
Bolaños les habría mostrado por fuera la casa que la vecina supuestamente estaba donando y fue entonces cuando la mujer saludó en un “tono amistoso” a la señora de la limpieza. Desde ese momento, comenzaron los depósitos de dinero.
Todo habría iniciado con ¢3 millones que la ahora detenida habría solicitado para realizar un trámite con unos abogados. La situación comenzó a escalar cuando pidió montos adicionale para pagar supuestos documentos que tramitaba en la municipalidad y para cubrir los costos de un topógrafo.
“Así se iba uno rodado y uno no imaginaba que algo así pudiera pasar. Como le dije, es una persona bastante cercana”, comentó Luciana.
Las sospechas sobre una estafa comenzaron a surgir cuando los documentos no llegaban y las reuniones con los supuestos propietarios no se concretaban.
Las alertas subieron cuando Bolaños contactó a la pareja para pedir depósitos de montos más bajos, alegando que tenía cáncer y que sus tratamientos eran muy costosos.
Localizaron al verdadero dueño
“Comenzamos a investigar y la casa estaba a nombre de una sociedad anónima. Nos pusimos a buscar quién estaba (en esa sociedad) y apareció una persona. Lo contactamos y el hombre dice que la casa no estaba a la venta y nunca había estado a la venta”, recordó.
La pareja no dudó en enfrentar a la mujer, pues para entonces ya se habían endeudado y, para esta familia, la pérdida económica era significativa. La imputada les enviaba audios llorando y jurando por sus hijos, insistiendo en que “no había hecho nada malo”.
Luciana acudió a interponer la denuncia a la Fiscalía de Heredia el 18 de junio del 2025.
En adelante, la pareja comenzó a recibir correos por parte de la trabajadora social, en los que ella les prometía pagarles en distintas fechas. También, recibieron audios por parte de una mujer que se hacía pasar por “la encargada de los préstamos en la Asociación de la CCSS”.
“Me pide (Bolaños) que le mande el audio. Ya se le aprobó el préstamo en colones, que sería depositado en la cuenta del BAC. Le puedo asegurar que ese trámite ya está, de hecho, para cualquier momento antes de las 72 horas”, se escucha decir a una mujer en uno de estos audios.
“Aquí estoy con doña (Bolaños), ya se le va a girar el dinero del préstamo. Todo está saliendo muy bien, gracias a Dios, para que usted tenga tranquilidad”, se escucha en otro mensaje, pero el dinero nunca llegó.
Una triste Navidad y un giro hacia una zona rural
La pareja afirma que también fueron contactados por presuntos abogados y, ante la ausencia del dinero, tomaron decisiones en su núcleo.
“Tuvimos que irnos a una zona rural para ver si podemos ir más o menos saliendo. La depresión era tanta que mi esposo y mis hijos se iban para el trabajo, para la escuela, y yo regresaba a la cama. Tuve que pedir ayuda, porque no tenía qué darles de comer a mis hijos, mientras ella seguía en fiesta, comprando”, relató Luciana.
“La Navidad del 2024 no tuvimos qué darle a nuestros hijos. La confrontamos y le dijimos que nos viéramos en el parque de Santo Domingo y no llegó. Así fue esa Navidad”, recordó con la voz cortada.
‘Ya lo había perdido todo’
A la lista de presuntas víctimas se suma otra maestra de los hijos de Bolaños en un colegio en Heredia. A ella la llamaremos Paula.
Paula tenía cinco años de conocer a la ahora detenida cuando ocurrieron los hechos, en junio del 2025. Afirma que mantiene contacto con seis padres de familia que atraviesan una situación similar.
A inicios del 2026, en la Fiscalía de Heredia, su denuncia se agregó a uno de los expedientes que allí se tramitan.
“Se acercó a mí para decirme que había una conexión; inició por ahí, una conexión emocional”, recuerda.
La oferta fue similar al caso de Luciana, pero a ella le dijo que una tía suya estaba por dejar una casa y quería donarla. Bolaños le habría dicho que pensó en ella porque era “una persona de confianza”, que incluso la había apoyado en procesos académicos.
Paula inició con un depósito de ¢500.000 para que un abogado comenzara los trámites. “A los cuatro días me llama para decirme que el proceso de las firmas no se está dando y que falta depositar dinero para agilizar el proceso, entonces le vuelvo a depositar ¢500.000”, recuerda.
“Me mandaba opciones de préstamos, me decía: ‘Pídale a sus cercanos, a su novio, a sus amigos, pero necesito ya, que en una hora me pase ¢250.000, sino esto no sale’. Al día siguiente, me llama y me dice: ‘No salió, hay que pagar ¢500.000’”, continúa narrado.
Así fue desembolsando dinero y afirma que hasta pidió un préstamo guiada por la ilusión que sentía de tener casa propia. Afortunadamente, detuvo los depósitos en setiembre del 2025, cuando el monto total ya ascendía a ¢3.865.000.
“Yo me detuve, porque me seguía pidiendo dinero, me llamaba constantemente, me hacía hasta 15 llamadas al día. Lloraba diciéndome que cómo era posible que no iba a continuar depositando, que era una oportunidad que no iba a tener nunca más”, contó.
Relata que nunca hubo evidencia de los trámites y para cada situación recibía una excusa.
“Decía que el celular no servía, que los señores se fueron de la casa y que, como yo no firmé, tenía que pasarle plata por daños y perjuicios (...) que le robaron la tarjeta, que no le servía la cuenta del banco”, recuerda.
También, le habría ofrecido otra casa, una motocicleta y un carro. “Vuelve con lo mismo, a manipular con llantos”, agrega.
Bolaños también le habría dicho a Paula que tenía problemas de salud y que como estaba hospitalizada “con un cáncer avanzado”, no podía cobrarle el dinero, porque ella estaba enferma.
“Utiliza las mismas técnicas, la misma historia. Lastimosamente, nos engañan y caímos en el mismo juego. Hay siempre un sentimiento de culpabilidad (...). Yo decidí denunciar porque dije: ‘Yo no tengo nada que perder, ya lo había perdido todo’”, lamentó.
Le alegó un cáncer terminal
Juan conoció a Bolaños en el colegio en el que estaban sus hijos, en Heredia. Narró que, como es habitual que ocurra en los centros educativos, su esposa comenzó a forjar una amistad con esta mujer, pues sus hijos eran compañeros de clase.
“Ella se hace muy amiga, o promueve relaciones muy cercanas, y cuando ya tiene una relación sólida, es donde presenta el asunto”, adujo.
Cuenta que su esposa visitaba la casa de Bolaños para tomar café mientras sus hijos estudiaban y que, en algún momento, recibió una llamada de una persona que le advirtió sobre ese vínculo. Sin embargo, lo tomó como un chisme y lo ignoró.
Mencionó que, hace aproximadamente un año, Bolaños apareció con una venda en el tobillo y justificó que la habían operado. Más adelante, sostuvo, descubrieron que en realidad portaba una tobillera electrónica como medida cautelar por otro caso de presunta estafa. La información fue confirmada a este diario por el abogado de la mujer, Jeffry Jiménez.
El año pasado, Bolaños le dijo a esta pareja que estaba enferma, que tenía un cáncer terminal que solo podía tratar un especialista en Panamá que vendría al país, por lo que necesitaba ayuda para pagar el tratamiento.
Ellos no dudaron en tenderle la mano. “En esa semana, nos pidió alrededor de $6.000 en cinco pagos distintos. Ella vio que había una llave abierta. Primero nos pidió medio millón, luego nos pidió un millón…”, recordó.
Primero, les dijo que el monto estaba mal calculado y necesitaba más, que debía pagarle a la anestesióloga, al instrumentista. “Llegó un punto donde le dije a mi esposa… hasta aquí”, dijo.
La promesa de Bolaños, recuerda, era saldar la deuda en un mes, pero el pago nunca llegó y el patrón se repitió. Primero habría dicho que estaba a la espera de una herencia.
“Juraba por la sangre de sus hijos, por Dios (...). Es la misma metodología que usó para engañar a los demás”, reconoció Juan.
Incluso, tras un año de cobros constantes, cuenta que la mujer lo llamaba hasta cuatro veces seguidas pidiendo dinero. Luego, le ofreció un carro, después una propiedad, una casa en Santo Domingo y hasta la herencia completa. Mientras tanto, recuerda, la mujer mantenía un estilo de vida alto, acudía a masajes terapéuticos y vestía buena ropa.
“Afortunadamente, yo tengo todo el chat con todos los audios y todos los escritos, todos los depósitos (...). Cuando usted habla con ella, usted le cree, tiene una capacidad de envolver a la gente”, admite.
La denuncia de Juan se añadirá a uno de los expedientes que se tramitan en Heredia por el presunto delito de estafa.

Docente de la Universidad Católica de Chile
María trabajaba con Bolaños en la Dirección de Salud Belén-Flores. Recuerda que esta mujer llegó a ese lugar en el 2023, porque antes había laborado en Alajuela Central y fue trasladada con una plaza en propiedad por conflictos relacionados con presuntas estafas, aunque entonces ni ella ni sus compañeros lo sabían. Allí era jefa de Trabajo Social.
“Yo tenía aspiraciones y se lo comenté en algún momento en una conversación, que quería estudiar una maestría. Ella me entra por ahí, diciéndome que ella es docente de la Universidad Católica de Chile y que teníamos el permiso de la Dirección Médica para asistir ella y yo, en octubre del 2023, a un posgrado de intervención en crisis”, narró.
La funcionaria le dijo a María que la iba a ayudar a tramitar una beca y, para ello, le solicitó una serie de requisitos. El primero, dice, era una carta solicitando o aceptando la beca, la cual ella envió directamente al correo institucional.
Pasaron algunos días y Bolaños le dijo que tenía una amiga que trabajaba en una agencia de viajes y que ella podía gestionar excursiones en Argentina, para que ambas pasaran algunos días de vacaciones allá.
María efectuó todos los pagos y desembolsó, en total, ¢5.705.544 en gastos de viaje, el supuesto posgrado, documentos y tiquetes. En las siguientes semanas recibiría los documentos que acreditaban su ingreso al posgrado y el resto de los trámites.
“Nunca me llegó ninguna documentación y eso me hace sospechar de que algo no está bien”, contó. En las reuniones de trabajo, aparentemente, Bolaños coordinaba actividades laborales para fechas en las que se suponía que ambas estarían fuera del país.
El 16 de junio del 2023, María acudió a interponer una denuncia en la Fiscalía de Heredia.
Cuenta que, después de denunciar, en la Caja reubicaron temporalmente a Bolaños al área de Salud de Heredia-Cubujuquí y le prohibieron acercarse a Belén-Flores.
Cuando María comenzó a comentar lo que le había sucedido, se percató de que había un antecedente de estafa en Alajuela y que, entre voces, se conocía esta aparente conducta de la trabajadora social, pero nadie lo había reportado públicamente entonces.
Para ese momento, ya se tramitaba el expediente 20-001492-0369-PE en la Fiscalía de Heredia y el 19-005485-0305-PE en la de Alajuela, ambos por estafa.
La Nación conversó con la víctima de ese primer antecedente en Heredia, una funcionaria de la Caja, quien conocía a Bolaños desde hace al menos 13 años. A ella la llamaremos Jimena.
Contó que la ahora detenida era de su confianza y le ofreció venderle un lote en un condominio en Santo Domingo, cuando ella atravesaba un momento difícil.
Jimena le pagó a esta mujer más de ¢25 millones en tractos, para lo cual se endeudó, pero nunca recibió nada a cambio. De los casos revisados por este diario, este es el perjuicio económico más elevado.
“En esos momentos, me dijo: ‘Yo le quiero ayudar, porque usted siempre ha sido muy buena conmigo, usted es una persona que se merece todo lo mejor y la voy a contactar, conversemos’. Entonces, comenzamos a hablar”, recordó.
“Mi vida se arruinó por completo, mi ingreso se redujo en un 50% para pagar los préstamos”, dijo esta víctima.
Jimena contó que luego de la presunta estafa, se percató de que, en su sitio de trabajo, al menos una colega más fue víctima de Bolaños. En Cubujuquí, según sostuvo, Bolaños se habría aprovechado de sus propios pacientes.
‘Se ha burlado de la justicia’
“Se ha burlado de la justicia de una forma monumental”, dice Jimena frustrada. Su caso se judicializó hace seis años y la sospechosa se habría ausentado de múltiples audiencias alegando enfermedad.
Así habría ocurrido también en el caso de María. Cuenta que Bolaños no acudió a tres audiencias preliminares y justificó su ausencia con incapacidades, aunque en una última cita sí compareció.
“No quiero conciliar con ella, quiero irme directo a un juicio, pero no es posible que el proceso se siga prorrogando”, aseveró.
El inicio del debate estaba previsto para el 16 de febrero del 2026 y, esta vez, tampoco se presentó la imputada, porque nuevamente alegó estar incapacitada.
Este medio acreditó con la CCSS que Bolaños ha tramitado seis incapacidades en lo que va del 2026 y, en total, suma 37 días con esta licencia.
Para esa primera audiencia de juicio, en febrero, había gestionado una licencia del 13 al 15 de ese mes. Aparece otra del 16 al 17 y luego una más del 18 al 24. Así continuó gestionando permisos de este tipo; incluso figura uno de 14 días a finales de febrero.
El juicio se reprogramó para el 17 de junio del 2027.
En la tienda de regalos
En noviembre del 2025, cinco meses antes de su detención, Bolaños habría comenzado a frecuentar una tienda de regalos en Santo Domingo. Allí la recibía la propietaria.
“Empezó a conversar con nosotros. Le hicimos varios trabajos, porque hacemos cosas personalizadas”, dice esta mujer, a quien identificaremos como Rebeca.
Parecía una buena clienta, pues compraba algunas cosas y siempre regresaba. Así fue hasta febrero del 2026, cuando, según relata, la mujer comenzó a presentarse “vulnerable”.
“Un día vino llorando, dijo que la iban a sacar de la casa porque el esposo no le daba la pensión. En realidad ahora uno contándolo hasta le da vergüenza, pero le prestamos una plata. Era de un día para otro, fue lo que nos dijo. Ahí comenzó la trama”, afirmó.
La pareja de Rebeca le habría depositado a esta mujer un millón de colones, que ella nunca pagó, bajo la excusa de que “Dios le había puesto en el corazón algo muy importante”. Fue entonces cuando ofreció donarles su propia casa.
“Yo le había contado a ella que yo perdí mi casa por una situación económica y que mi sueño era ese, tener mi casa”, dijo.
La mujer los llevó a recorrer los pasillos de su vivienda y les pidió un monto inicial de ¢17 millones por el traspaso del bien. Sin embargo, Rebeca afirma no le pagaron más de ¢1.600.000, porque rápidamente se percataron de que se trataba de una estafa.
“Una de mis amigas la investigó y salió que tenía varias denuncias y la confrontamos. Escribí en los chats de Santo Domingo y me dicen que era súper conocida. Más bien, doloroso para uno, porque no sabíamos y me escribieron como unas siete personas que habían sido estafadas por ella”, dijo.
Rebeca afirma que no acudió a interponer la denuncia ante las autoridades porque los padres de Bolaños, “dolidos”, habrían accedido a saldar el monto.
“Ella no tenía arrepentimiento de nada, era muy fría. Lo que uno está sanando en este momento es que las personas utilicen esa confianza para hacer un daño”, lamentó.
