Carlos Arguedas C.. 19 mayo, 2009
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El Tribunal de Juicio de San José condenó ayer a la abogada y exauxiliar judicial Engie Marín Pandolfi a cuatro años de prisión por presentar una denuncia falsa de violación y acoso sexual contra el juez David Hernández.

La presidenta del Tribunal, Ligia Arias Céspedes, justificó el fallo porque “la sentenciada denunció a una persona inocente, a la cual se le causó un gran daño. Fue asediado por la prensa y fue motivo de mofa y hasta se llegó a hablar de un juez violador”.

Los jueces rechazaron concederle a Marín una pena de tres años, lo cual le permitiría cumplir la sentencia sin ir a prisión.

“Es que la denuncia es totalmente falsa, por eso los cuatro años. Usted debe ir a la cárcel cuando esta sentencia quede firme. No le vamos a ordenar la prisión preventiva porque no existe peligro de fuga”, dijo Arias.

Los jueces estimaron que en el juicio se demostró que la denuncia tenía relación con la investigación que en ese momento tramitaba el juez Hernández por el homicidio del comunicador Parmenio Medina Pérez.

“Hay una conexión, lo que no sabemos es qué era lo que se pretendía, (si) separar al juez del caso o que no se realizara la audiencia preliminar. Usted sabía lo del caso Parmenio Medina. Usted era en ese momento estudiante de Derecho y asistente judicial, sabía lo que era una audiencia preliminar”, precisó la jueza.

Hecho. El caso surgió en diciembre del 2004, cuando la hoy abogada Marín denunció ante la Fiscalía a Hernández por hechos presuntamente sucedidos en el 2002 en el Juzgado Penal de San José.

Esa denuncia la desestimó la Fiscalía de Delitos Sexuales que, a la vez, ordenó iniciar una investigación contra Engie Marín por el delito de denuncia calumniosa, que sanciona con prisión de uno a seis años a quien acuse a una persona que se sabe inocente y se simule la existencia de pruebas.

David Hernández, por su parte, presentó una querella contra Marín pues consideró que actuó en forma dolosa para afectar su imagen.

El Tribunal dijo ayer que los testigos nunca verificaron la versión de la sentenciada. “El juzgado penal ocupaba un espacio muy reducido. Todos estaban muy juntos. El juez no tenía oficina aparte, estaba rodeado de auxiliares y nadie vio ni escuchó nada”, explicó Arias.