
Una prueba de laboratorio podría revelar, en cuestión de días, la identidad del hombre que, martillo en mano, asesinó en 1998 a dos indefensas mujeres en Desamparados, San José.
Aunque la línea de investigación apunta hacia un sospechoso, las pesquisas aún no alcanzan para determinar los motivos por los que atacó a María Rosa Barrientos Poveda (78 años) y a su hija Lillian Guzmán Barrientos (40).
Las víctimas eran mujeres bonachonas y queridas en su comunidad. Aquel 2 de julio de 1998 el homicida atacó a traición: se acercó por la espalda y las golpeó en la cabeza. De la casa no se llevó nada.
Para sus parientes han sido seis años de un dolor indescriptible, tan grande como la incertidumbre de saber que el homicida sigue en la calle.
"En familia muy pocas veces se comenta el asunto. Se habla de los recuerdos buenos, como las fiestas, pero del momento trágico nunca mencionamos nada.
"Es durísimo. No creo poder perdonar a la persona que nos hizo esto", relató un nieto de Barrientos, cuya identidad -por trabajar para el Ministerio Público- prefirió que no se publicara.
Prueba clave
En la casa donde ocurrió el doble homicidio las autoridades recolectaron algunas pruebas para desenmascarar al homicida mediante pruebas de ADN.
El país comienza a experimentar con análisis de ADN mitocondrial -presente en ciertas células del cuerpo humano-, cuyo resultado sería contundente.
"No es que los casos se cierren. Tenemos cantidad de expedientes en los que policialmente conocemos la identidad del homicida, pero las pruebas en su contra no alcanzan", explicó el jefe de la sección de Homicidios del OIJ, Manuel Cabezas.
En el caso de Desamparados, la dificultad ha sido científica. El año en que se produjo el doble homicidio otros 55 casos quedaron sin resolver en el país.
"Al principio fue traumático. Uno es otra persona desde el momento en que vive algo así. Eso le pasa a toda mi familia. Para seguir adelante, uno se bloquea", agregó el fiscal, cuya voz por momentos parecía flaquear.
Crimen silencioso
¿Qué llevó a un desconocido a ensañarse de esa forma contra dos mujeres indefensas?
Seis años de investigación no han alcanzado para dar respuesta al enigma. El homicida no forzó las puertas. La Policía sospecha que las mujeres le abrieron por confianza o el sujeto ingresó por el patio.
La casa estaba en perfecto orden, incluso en la habitación principal, donde les dieron muerte. Murieron, conforme con la autopsia, por contusión cerebral.
De ellas, solo Lillian Guzmán intentó defenderse. El asesino tuvo ventaja pues la señora tenía un leve impedimento físico como consecuencia de un derrame cerebral. El homicida le fracturó dos dedos.
"De haber contado con la tecnología actual, el caso estaría resuelto", indicó el jefe policial Cabezas. El último informe del caso, escrito en el 2002, advierte: "No existe un móvil (del crimen) ni lógico ni claro".
Al parecer, el asesino sacó el martillo de la gaveta de un mueble, en el cuarto de pilas.
El fiscal lamentó la forma en que se condujo la investigación durante los primeros años.
Un indigente, conocido como Vampiro, dormía cerca de la casa de las señoras. El hombre pudo haber aportado información valiosa, pero las autoridades dejaron pasar algún tiempo antes de salir en su búsqueda.
"Dormía en una zona verde, en una peluquería junto a la casa (donde ocurrió el doble homicidio). Se ganaba la vida como cuidador de carros. Cuando lo fueron a buscar, ya había fallecido", contó el familiar.