Años atrás, sus nombres figuraron en decenas de noticias hasta alcanzar sus casos dimensión de escándalo nacional.
Uno de ellos –Ricardo Alem León– purgó en Estados Unidos parte de su condena por legitimación de capitales.
El otro –Ricardo Méndez Castro, alias Bambán – , recibió 60 años de cárcel (adecuados a 25) por extorsiones, cobro ilegal de recompensas y robo de vehículos.
Ambos gozan hoy de su libertad. Alem cumplió su pena el 17 de diciembre del 2007. Desde el 2005 gozaba del beneficio de la libertad condicional bajo la condición de firmar una vez al mes y asistir a talleres de Adaptación Social.
Ricardo Méndez terminará su sentencia el 2 de enero del año 2011; sin embargo, desde hace ocho meses fue trasladado a una cárcel semiinstitucional.
Primero fue remitido –el pasado 1.° de octubre– a la cárcel de San Luis, donde podía gozar de libertad en las mañanas. Ahora descuenta su pena en el centro San Agustín (Heredia), adonde solo acude a dormir los miércoles.
Nuevo horizonte. Ricardo Méndez Castro, de 42 años, asegura haber dejado atrás el mote de Bambán, aunque alguna gente insista en llamarlo así.
No falta quien hasta le pida posar para una fotografía. “No sé ni por qué, si uno fue una cosa negativa”, señala.
Méndez, casado y padre de una niña, descontó 14 de los 25 años que le impusieron.
Al personal de Adaptación Social le impresionan sus deseos de superación. Privado de su libertad, obtuvo el bachillerato, cursó la carrera universitaria de Administración de Empresas (de la que le faltan pocas materias) y en la actualidad estudia teología.
“Encontré San José muy cambiado. Cuando entré a prisión, apenas construían el mall San Pedro. Quedé impresionado. Ahora la capital es otro mundo”, afirma.
Este hombre, quien al hablar cita a Miguel de Cervantes, Juan Jacobo Rousseau y Sócrates, divide su tiempo entre el trabajo en una serigrafía y las charlas sobre prevención del delito que imparte en universidades y colegios.
“No sé qué ha pasado con la gente de la banda (nueve de sus colaboradores fueron enviados a prisión). Cuando entré a la cárcel, yo me separé de todo eso.
“Puedo decir que estoy más maduro... o más viejo, pero con un futuro emprendedor. La gente, en especial los jóvenes, debe saber que afuera hay un mundo que puede estar a un metro o a kilómetros: la cárcel. Allí la vida no es de color rosa. Cuando uno entra a la prisión, se lleva a sus padres, hermanos, hijos, esposas, amigos... Para mí, la cárcel no fueron años perdidos, sino encontrados”, añadió.
La Nación visitó ayer a Ricardo Alem en su casa de Los Ángeles de San Rafael, Heredia.
El empresario se disculpó por no poder conversar debido a sus ocupaciones.
Él terminó de cumplir su sentencia en la cárcel de confianza de San Luis, Heredia. Colaboró la periodista Silvia Artavia.