
El pickup y la caja fuerte que una banda se llevó del plantel de la Coca Cola, en Ciudad Quesada, aparecieron ayer quemados en una desolada calle, contigua al aeropuerto Juan Santamaría.
La organización demostró tener experiencia delictiva –por la forma en que perpetró el asalto–, pero no tenía mayores conocimientos en la manipulación de cajas de seguridad.
La que robaron y abandonaron en el cajón del carro les presentó muchos problemas.
El grupo utilizó una esmeriladora para cortar el metal y un cincel para remover la capa interna de cemento.
Una vez con los seguros a vista, trataron de removerlos a golpes, pero estos no cedieron.
Por eso tuvieron que cortar las bisagras para accesar al botín, que sería de aproximadamente ¢5 millones.
“Les dio muchos problemas (la caja). Abrirla les tomó varias horas”, comentó una fuente cercana al caso.
Al quemar el carro, los ladrones acabaron con la posibilidad de recolectar huellas.
Los agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Alajuela encontraron restos de un rótulo publicitario con el que al parecer cubrieron la bóveda durante el traslado.
Las copas de unos árboles cercanos resultaron chamuscadas, lo que da una idea de la altura que alcanzaron las llamas.
Para el asalto, los delincuentes tomaron como rehenes a cinco trabajadores. Uno de los sujetos se vistió como guarda para vigilar la entrada al plantel.
Modalidad delictiva
De acuerdo con los informes recopilados por la Oficina de Planes y Operaciones (OPO) de la Policía Judicial, en lo que va del año se han registrado 73 robos de cajas fuertes en todo el país.
El lunes trasanterior, otra banda se llevó una bóveda del supermercado Palí, en Ciudad Quesada, cantón de San Carlos.
Ese grupo actuó diferente al que golpeó a la Coca Cola, pues los ladrones no dejaron huellas –ni siquiera en una celosías que quitaron– y utilizaron equipo de acetileno para cortar el metal en puntos clave.
En el caso del plantel, los sujetos se llevaron la caja para abrirla en un lugar diferente. Eso los hizo correr un gran riesgo.