Eillyn Jiménez B.. 6 junio
Los violaciones denunciadas por las víctimas ocurrieron en el Hospital Psiquiátrico Roberto Chacón Paut, en La Unión de Cartago, cuando ellas estaba internadas en ese centro médico. Foto: CCSS
Los violaciones denunciadas por las víctimas ocurrieron en el Hospital Psiquiátrico Roberto Chacón Paut, en La Unión de Cartago, cuando ellas estaba internadas en ese centro médico. Foto: CCSS

“A mi me costaba mucho dormir, entonces me inyectaban y al día siguiente me costaba mucho reaccionar, estaba muy medicada. Recuerdo que en una sesión en la mañana él (un psicólogo de apellidos Garita Arce) me acostó sobre su escritorio y me violó.

“Lo único en lo que yo pensaba en ese momento era en suicidarme en el baño, porque pensaba que solo muriendo podía terminar el infierno que estaba viviendo”.

De esa forma narró María, nombre ficticio utilizado para este reportaje, una de las violaciones que, según su denuncia, sufrió mientras se encontraba internada en el Hospital Psiquiátrico Chacón Paut, en Dulce Nombre de La Unión, Cartago.

Fueron cinco semanas, entre mayo y junio del 2013, las que ella permaneció en ese centro médico, adonde ingresó con una depresión severa luego de la muerte de su mejor amiga.

Al llegar fue valorada por una psiquiatra, quien le recomendó terapia psicológica, la cual era dada en ese momento por Garita, quien en la actualidad es investigado por la Plataforma Integrada de Servicios de Atención a Víctimas (Pisav) del Ministerio Público como sospechoso del delito de violación en perjuicio de tres mujeres.

“En mi primera sesión me dijo que me recomendaba iniciar por mi parte sexual, le dije que no entendía porque íbamos a tratar eso si realmente mi depresión era por otra cosa, pero insistió en que tenía que trabajar eso y me pidió quitarme la ropa.

“Me rehusé y él se levantó, le dije que iba a gritar y entonces me dijo que si gritaba iban a llegar los enfermeros y me iban a llevar a aislamiento, no supe como reaccionar y sentí como que me quitaron la fuerza, cerró la puerta y me dijo que estaba internada en un hospital psiquiátrico, que pensara a quién le iban a creer”, contó María.

La afectada aseguró que ella se sentía en una película de miedo y que optó por dejar de comer durante día y medio para que le pusieran una sonda que le impidiera asistir a las terapias con Garita.

Posterior a eso, fue dada de alta, pero su vida cambió totalmente: Se divorció, perdió contacto con sus hijos, quedó desempleada y no encontraba la forma de contarle a nadie lo ocurrido.

Cuatro años después de lo ocurrido, en el 2017, contó en una terapia que había sido víctima de violación y, apoyada por el Instituto Nacional de la Mujer (Inamu), interpuso la denuncia.

“Era muy duro porque él continuaba las sesiones como si nada después de lo que hacía (las violaciones). Yo me sentía sucia y eso me afectó al salir, perdí mi familia, mi casa, mi estabilidad económica e intenté suicidarme a raíz de todo eso, mi vida se vino abajo”, aseguró María.

Ella espera que ahora, con la denuncia de dos mujeres más en contra de Garita por el mismo delito, este sea condenado a prisión, se le inhabilite de ejercer como psicólogo y que tanto él como la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) le paguen una retribución económica, aunque reconoce que eso nunca va a equiparar todo lo que ha pasado.

En la actualidad considera fundamental el apoyo de su madre y de su actual pareja, así como el de su exesposo, quien alaba la valentía que tuvo de denunciar lo que le había ocurrido.

“Se suponía que en el hospital me iban a cuidar y que ahí iba a mejorar, pero me hicieron un daño terrible que no puedo contabilizar, yo era una paciente vulnerable y me da mucha rabia que él se aprovechara de eso”, María.
Empoderamiento

Kattia (nombre ficticio), otra de las mujeres que denunció a Garita, aseguró que conocer el caso de María la empoderó y le dio fuerzas para acompañarla en el proceso con una denuncia ante el Pisav.

“Al ver el caso me dije que ella no podía estar sola, entonces denuncié (...). Después vino una tercer denuncia y eso demuestra que no fue que a alguna se le ocurrió, sino que somos varias y sé que hay más que aún no han denunciado”, contó.

Para Kattia, su vida cambió totalmente a raíz de lo ocurrido y coincide con María en que el psicólogo le dijo desde la primera cita que necesitaba abordar el tema sexual, pese a que su ingreso al Chacón Paut obedecía a un conflicto con sus hijos.

“Un día empezó a tocarme, yo no tenía las fuerzas para poner resistencia, estaba medicada. Me puso bocabajo, introdujo sus dedos en mi vagina y luego me penetró. Recuerdo que mientras él hacía eso yo veía la foto de la esposa y la hija en el escritorio y solo pensaba en cómo hacía eso, luego se vistió y se sentó a darme terapia como si nada hubiese pasado”, describió Kattia.

Ella estuvo internada en el hospital psiquiátrico en tres ocasiones, durante periodos cortos, y al ser dada de alta no pudo seguir con su vida normal.

Estaba a punto de casarse y la boda se canceló y en la actualidad reconoce que le cuesta abordar el tema.

Actualmente, esta mujer de 41 años trabaja como asistente de pacientes y asegura que quiere levantar la voz y romper el estigma de que los pacientes psiquiátricos están locos.

"Una enfermedad mental es como un diagnóstico de hipertensión o diabetes, en el que se necesita una medicación. No tenemos que estar locos para ir a un hospital psiquiátrico, son diferentes circunstancias las que nos hacen llegar ahí”, Kattia.
Con medidas cautelares

El sospechoso de las violaciones en contra de María y Kattia, ambos nombres ficticios utilizados para esta nota, es un psicólogo de apellidos Garita Arce, de 58 años.

Desde el pasado viernes 31 de mayo, el Juzgado Penal de La Unión le impuso medidas cautelares al hombre, quien no puede salir de Costa Rica, deberá mantener un domicilio fijo y actualizado, firmar cada mes en el Pisav y no tener contacto con las víctimas del proceso.

De acuerdo con el Ministerio Público, el sujeto es investigado por el presunto delito de violación en perjuicio de tres pacientes de un hospital psiquiátrico.

La primera denuncia fue interpuesta en el 2017 y este año, el 3 y 20 de mayo, otras dos mujeres acudieron a la Fiscalía a relatar agresiones similiares.

Los tres casos se agruparon en el expediente 17-000118-1360-PE.

En la actualidad, Garita ocupa una plaza de psicólogo clínico uno y, según la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), labora en un área de normalización técnica de programas, en oficinas centrales, en San José.

De acuerdo con esa institución, el funcionario no atiende directamente a las personas y fue investigado disciplinariamente en octubre del 2013 en relación con una queja por hostigamiento sexual de parte de una usuaria.

“Al finalizar la investigación, el órgano director ‘no logró determinar responsabilidad disciplinaria’, ordenándose el archivo del expediente. Es la única denuncia de la cual se tiene conocimiento ante instancias administrativas de la CCSS”, manifestó el gerente médico de la Caja, Mario Ruiz Cubillo.

Garita también labora como profesor interino de Investigación II en la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica (UCR), donde no se registra ninguna denuncia en su contra.

Comunicado de la Escuela de Psicología En relación con la información que ha circulado en algunos medios de...

Posted by Escuela de Psicología UCR on Thursday, May 23, 2019