
Cartago. La Iglesia Católica se comprometió verbalmente con los dueños de una compraventa, quienes devolvieron la custodia robada el sábado de la basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, a no divulgar su identidad.
El obispo de Cartago, José Francisco Ulloa, dijo que no faltarán a la palabra y, por tanto, no reveló el nombre del negocio a los agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) ni tampoco a los medios de comunicación.
El prelado agregó que la pareja (una mujer y su hijo) que el lunes llevó la custodia al templo en Cartago lo primero que pidió al vicario de la basílica, Juan Carlos Vargas, fue discreción y confidencialidad.
“Ellos son creyentes católicos y no pidieron ninguna recompensa, pero alegaron temer represalias de parte de los fieles tanto contra ellos en lo personal como contra la empresa”, indicó el obispo.
En tanto, fuentes judiciales dijeron que ese silencio entorpece las investigaciones para tratar de identificar al responsable del robo. Investigadores a cargo de las pesquisas manifestaron que se tienen varias huellas dactilares, pero advirtieron que la custodia pasó por muchas manos.
Sin embargo, se está en una etapa de descarte, pero eso no significa que se tengan las huellas del responsable del atraco.
Incluso, Francisco Segura, director a .í. del OIJ, mencionó que las descripciones de los testigos sobre el tipo que vieron corriendo dentro de la iglesia son imprecisas.
Sacrilegio. La pieza que se robaron de la basílica de la Virgen de los Ángeles, en Cartago, se usaba para exponer el Santísimo (hostia consagrada) en la llamada Capilla del Santísimo, ubicada al costado sur del templo.
La custodia la empeñaron el mismo sábado en una compraventa en San José y fue al día siguiente cuando el hijo de la dueña se percató que estaba en el negocio.
El obispo José Francisco Ulloa dijo que los empresarios contaron que cuando empeñaron la custodia no llevaba la hostia consagrada y, por eso, el paradero del Santísimo es un misterio.
Ulloa explicó que por disposiciones eclesiásticas desde el mismo momento en que el ladrón robó la hostia consagrada está fuera de la Iglesia Católica.
Explicó que el sujeto cometió un sacrilegio al profanar una cosa sagrada.
“Si es un creyente y llega a confesar el robo, el sacerdote no puede darle la absolución. El único que puede perdonarlo es el obispo, a quien tendría que exponerle todo el caso”, concluyó.
