
“Tengo dos años de haberme apartado de fumar piedra y uno de estar alejada del alcohol.
“Ha sido muy duro porque los primeros meses siente uno una gran ansiedad. Era terrible (...); creo que todavía tengo problemas, porque a veces me pongo histérica con los compañeros; imagínese, después de tanto tiempo”.
Kattia María Arias Escobar, de 41 años, es la única mujer que habita en el Hogar Betel en procura de su rehabilitación.
Ella llegó al albergue cuando una enfermera del Hospital de Guápiles la llevó porque en la región del Caribe no encontraba un lugar para atender adictos.
José Joaquín Castillo, administrador del centro, aseguró que Arias es la excepción y vive en el albergue porque sino estaría en las calles.
Cambio radical. “Me acuerdo de que hace como tres años cuando deambulaba por las calles en Toro Amarillo (Puerto Viejo de Sarapiquí), me atropelló un carro. Debido al accidente, pasé seis meses en el hospital; había quedado muy mal de una pierna, casi ni podía caminar. Me pusieron pines y una platina.
”Una vez llegó mi mamá y me compró unas muletas. Le costaron ¢60.000 y ve la mente de uno. Pensé: ‘ahora las vendo y me compro piedra’, y hasta ahí.
”Me fugué del hospital y en el parque (de Guápiles) un taxista pirata me dijo que si le vendía las muletas y le dije que sí. Me dio ¢30.000 con los que compré droga y de nuevo me fui a vivir debajo del puente de Guápiles.
”Estuve un mes ahí. Me sacaron de ahí porque me entró una bacteria en la pierna, Me la iban a cortar, pero le pedí a Dios que me ayudara .... y aquí estoy todavía con mi pierna. Se sanó”, narró.
Esta mujer, quien desde los 15 años deambuló por las calles, dijo que en el 2007 se casó con un extranjero, matrimonio por el cual le dieron ¢80.000. “Ese dinero también lo gasté en drogas y licor”.
Dedicada ahora a fabricar jarrones con pedazos de papel y arena, Arias también se gana la vida con rifas y ayuda en la fabricación de bloques. “Aspiro a tener mi casita y poder ayudar a otras mujeres que están en los vicios”.
