Los habitantes de San Bernardino, una comunidad agrícola de Río Frío de Sarapiquí, tuvieron un amanecer muy distinto al acostumbrado trinar de las aves y el canto de los gallos.
En su lugar, una lluvia de balas les aceleró el pulso cardiaco este viernes a las 5 a. m. No tenían detalles de lo que ocurría, aunque sabían que se trataba de un enfrentamiento que salió a la luz con el amanecer; tras casi una década en fuga, había caído Alejandro Arias Monge, alias Diablo, considerado el delincuente más buscado de Costa Rica.
Tres vecinos, quienes solicitaron mantener en reserva su identidad, relataron a La Nación cómo vivieron desde sus casas la operación policial que también permitió la captura de Jonathan Pérez Méndez, alias Tan, y la muerte de uno de sus socios delictivos, identificado como Roney José Ríos Oconitrillo, conocido como Coco Guácimo.
“Fue como una guerra, era terrible porque había armas de grueso calibre, automáticas, eran chorros de balas”, describió uno de los pobladores, quien contó que, minutos antes, una buseta había pasado a alta velocidad frente a su casa. “Como dos minutos después comenzó “la fiesta”, dijo, y agregó que también se escucharon explosiones. “Se oyeron un montón de bombas que cayeron ahí”.
El hombre relató que él y su familia se refugiaron detrás de una pared de concreto mientras duraba el enfrentamiento. “Uno sabe que una bala de esas viaja a mucha distancia, pero gracias a Dios aquí no pasó nada”, afirmó.
Otro vecino relató que el tiroteo comenzó cuando apenas amanecía y que se extendió por cerca de media hora. “Al principio no pensaba que eran balazos, pero ya después se oían ráfagas y se oían tiros de arma”, contó. Explicó que el sonido provenía de una zona boscosa cerca de su propiedad, en un sitio de difícil acceso que, cruzando un río, conecta con un lugar conocido como la Isla de Israel y con la ruta nacional 4. “Pienso que ellos tal vez se refugiaron ahí porque es muy fácil. Si alguien les avisa, salen por ahí y ya rápido están en la ruta 4”, dijo.
Una vecina que vive cerca del punto del enfrentamiento detalló que el tiroteo empezó alrededor de las cinco de la mañana. “Por momentos no sabíamos qué era; ya después oímos que era una balacera”, contó. Según ella, el hecho se extendió por casi una hora. “No es típico de estos lados”, dijo la señora, quien nunca antes había notado movimiento de personas ajenas a la comunidad.

Sin novedades en un poblado tranquilo
Los tres habitantes coincidieron en que, previo al operativo, no habían notado movimientos que llamaran la atención en la zona, aunque uno de ellos mencionó un aumento reciente de personas desconocidas circulando en moto y bicicleta, así como el paso de una patrulla un día antes de la balacera, algo poco habitual en una zona muy despoblada.
“Uno vive con la paja detrás de la oreja”, dijo, luego de recordar que días atrás un vecino había sido víctima de un asalto en su casa.
Consultado sobre el hecho de que sujetos con ese perfil criminal se ocultaran en la comunidad, uno de los vecinos respondió que la organización de Diablo se había movido por distintos puntos de la zona en los últimos días. “Esa gente ha estado aquí por toda la zona. Unos días en Finca 2, otros días en Huetares, otros días por otro lado”, señaló.
Los tres cabecillas criminales se ocultaban en una propiedad que, hacia el oeste, colindaba con un espeso bambuzal atravesado por una quebrada. En la parte trasera, el terreno daba con una zona boscosa, y al frente tenía una calle de lastre en la que, a lo largo de 800 metros, no había vecinos.
