
Han pasado dos años y casi tres meses desde la última vez que la familia de Juliana Diermissen Noel, de 39 años, habló con ella. La joven, madre de tres, fue asesinada y enterrada en el patio de la casa que alquilaba en barrio Palermo, en Cariari de Pococí, donde vivía con su pareja, Fernando Ramírez Mejía, de 47 años, el principal sospechoso de cometer el crimen.
Otros restos óseos de la mujer fueron hallados a unos 90 centímetros de profundidad en la finca Mata de Limón 3, también en Cariari, una bananera en la que trabajó Ramírez y cuya ubicación reveló mediante pistas a la policía, luego de su detención en marzo del 2024, tras permanecer cuatro meses prófugo.
El caso irá a juicio el próximo 19 de enero en el Tribunal Penal de Pococí por el delito de femicidio. El Poder Judicial informó que el debate está previsto para extenderse hasta el 3 de febrero del año en curso.
Según los datos del Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres y Acceso a la Justicia, en el 2023 hubo 34 femicidios. De ese total, 24 de las víctimas eran madres, y su muerte dejó a 54 menores huérfanos, entre ellos uno de los hijos de Juliana.
En el 2024 hubo 29 femicidios y en el 2025, la cifra preliminar es de 33.

Una relación que empezó por redes sociales
Luz Dania Noel Carazo, madre de Juliana, relató en noviembre del 2023 que su hija conoció a Ramírez por medio de redes sociales, e inició una relación pocos meses antes del homicidio.
Se presume que, inicialmente, la relación marchaba bien; sin embargo, poco tiempo después comenzaron las agresiones y las amenazas con un machete por parte del hombre. En apariencia, el sospechoso era obsesivo y violento con la mujer.
Juliana era ama de casa y había cursado solo la educación primaria en una escuela de Heredia. Luego se unió a su primer pareja y tuvo tres hijos que quedaron con el papá de ellos, de quien se había separado hace varios años y vivía sola. Hoy esos muchachos tienen 21, 20 y 17 años.
Su madre la recuerda como una mujer humilde, sin vicios y muy dedicada al hogar. Quería rehacer su vida y tener un compañero, pero debido a su humildad y forma de ser, la señora cree que Ramírez se aprovechó de ella.
Pese a los consejos que le dieron para que dejara esa relación, ella le contó a sus familiares que el hombre la convenció nuevamente para que se quedara, y ella tenía fe en que la convivencia mejoraría.
Cuando trascendió el caso, se dio a conocer que varios compañeros del sospechoso alertaron de manera anónima al sistema de emergencias 9-1-1 sobre sospechas de que Ramírez podría ser el homicida, porque les llamó la atención su repentina desaparición.
La hipótesis de las autoridades es que el hombre habría asesinado a Juliana con un arma blanca y luego la habría enterrado. Ramírez permanece en prisión preventiva desde que fue detenido en Orotina.
En Costa Rica, la mayoría de los femicidios ocurren a manos de las parejas sentimentales de las víctimas. No obstante, la Ley de Penalización de la Violencia Contra las Mujeres establece también los femicidios en otros contextos.
Por ejemplo, cuando el agresor se aprovecha de una relación de confianza, amistad, parentesco, autoridad o poder, incluso sin convivencia. También comprende situaciones en las que el homicida tiene antecedentes de violencia contra la víctima en el ámbito familiar, laboral, estudiantil, comunitario o religioso, así como cuando es cliente explotador sexual, tratante o proxeneta.
Además, considera femicidios los casos en que la víctima se niega a iniciar o retomar una relación, a tener contacto sexual, o cuando el crimen se comete para preparar, facilitar u ocultar un delito sexual.
La ley también incluye los asesinatos cometidos como acto de venganza, represalia o cobro de deudas en contextos de crimen organizado, así como los homicidios motivados por la participación, cargo o actividad política de la mujer.
