
Ciudad Quesada. En el barrio San Roque, en esta ciudad sancarleña, la familia Alpízar Campos no logra superar el dolor que le causó el estrangulamiento de su madre, suegra y abuela Olga Campos Carvajal.
A 55 kilómetros, en Castelmar de Pital, la anciana Bartola Rojas sufre una situación similar.
Su esposo, José Andrés Arce Ortiz, también fue víctima de otro estrangulador.
Al dolor que experimentan se agregan otros sentimientos: miedo, intranquilidad e inseguridad provocados por el hecho de que, en ambos casos, los asesinos ni siquiera han sido identificados.
"No saber cómo se llama el homicida acrecienta nuestra angustia. Lo peor es que de él solamente tenemos una descripción física muy vaga.
"Si nos lo topáramos en la calle tendríamos problemas para reconocerlo", admitió el profesor universitario Fernando Barquero, yerno de la señora Campos.
A la anciana -quien tenía 83 años- la mataron en su casa de habitación, el 20 de agosto.
La asesinó el sujeto al que arrendaba una habitación desde hacía dos semanas.
La señora olvidó pedirle documentos de identidad al inquilino.
Sin pistas
Cuatro meses después del hecho, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) desconoce el nombre y apellidos del homicida. También hay dudas sobre su nacionalidad
"Investigamos a un hombre invisible", reconoció uno de los agentes a cargo del caso.
El yerno de la víctima parte de esa dura realidad para enfatizar en que cada vez que su familia sale a la calle es presa del temor.
"Es un miedo alimentado por las traumáticas imágenes que vimos en el sitio del crimen. Había mucha sangre, evidencia de que el criminal actuó con gran violencia", rememoró Barquero, cuya residencia está ubicada detrás de la que ocupaba su suegra y en la cual ahora ninguno de sus hijos quiere vivir.
Otra triste historia
Eran las 7 de la mañana del sábado 3 de julio cuando Bartola Rojas, de 68 años, vio por última vez con vida a su marido, José Andrés Arce.
"Antes de salir hacia El Saíno de Pital, como lo hacía todos los días, me dijo que regresaría a la una de la tarde.
"Volvió como días después... pero muerto", manifestó -con tristeza- la viuda.
Seis meses han pasado desde entonces y Bartola Rojas sigue sufriendo la ausencia de su esposo. Le carcome la duda sobre la identidad del homicida.
"Al día de hoy no sé cómo marcha la investigación, pero tengo fe en que Dios ayudará a la Policía a identificar y detener al malhechor", agregó.
El OIJ sospecha que en ambos casos los homicidas, de quienes tiene retratos hablados, huyeron a Nicaragua.