Moín, Limón. El estallido de la industria Químicos Holanda no solo dejó una estela de daños, dolor y muerte –una de las víctimas falleció ayer–, sino que produjo una contaminación de agua, aire y suelos cuyos alcances desconocía ayer las autoridades.
El suceso adquirió categoría de tragedia con la muerte de Giovanni Hernández Montoya, un operario industrial de 32 años (vecino de San Rafael Abajo de Desamparados), a quien el fuego sorprendió en la planta. Otros dos trabajadores, Greivin Cortés Quirós (24 años) y Albert Sánchez Solano (35), luchan por su vida en el hospital San Juan de Dios.
Aunque el fuego se extinguió, la alerta no baja de tono. Por el contrario, aumentó una vez que las autoridades comprobaron la gravedad de la situación, en especial al contaminarse una naciente de agua que abastece de ese líquido a 20.000 habitantes del centro de Limón.
El 30 por ciento de los moradores de este cantón dependen de esos mantos acuíferos, que proveen unos 100 litros de agua por segundo.
La toma de agua quedó fuera de uso y en espera de una limpieza urgente. Por eso miles de habitantes de lugares como Villa del Mar 1 y 2, Pueblo Nuevo y El Empalme de Moín tuvieron que conformarse con el agua de camiones cisterna que recolectaron en botellas, baldes y ollas.
“Es necesario hacer estudios toxicológicos para medir el impacto no solo a corto plazo, sino también a largo plazo. Hablamos de una contaminación muy alta”, advirtió el ingeniero químico Arturo Navarro, funcionario del Ministerio de Salud.
El experto recomendó someter los cultivos –en un radio de 10 kilómetros– a análisis, pues la nube tóxica se extendió con ayuda del viento.
Impacto. El ministro del Ambiente y Energía, Roberto Dobles, indicó además que la emergencia impactó algunos ecosistemas. De hecho, ayer hubo reportes de peces muertos a la salida de las nacientes de Moín.
Durante la emergencia, las autoridades movilizaron a unas 300 personas, quienes pasaron la noche en albergues. Aunque aún existe riesgo tóxico, la mayoría regreso a sus casas.
“Es difícil llenar un albergue, pero más difícil impedir que la gente se vaya. Todos aquellos que tuvieron ropa, alimentos u hortalizas en contacto con la nube tóxica no deberían utilizar nada de eso”, dijo Daniel Gallardo, presidente de la Comisión Nacional de Atención de Emergencias (CNE).
En la planta había toneladas de solventes, entre estos tolueno (118 toneladas), xileno, propanol, metanol, alcohol etílico, alcitol, estileno monomero y alcohol isopropílico, entre otros.
El fuego destruyó unos 20.000 metros cuadrados de construcción. Solo dos tanques soportaron la embestida de las llamas.
Detonante . Ayer, el Cuerpo de Bomberos barajaba tres hipótesis como detonantes de la tragedia. La primera causa probable –de hecho la más fuerte– apunta a un error al efectuar trabajos de mantenimiento “en caliente”.
Las autoridades encontraron tres máquinas de soldar y algunas esmeriladoras, confirmó el jefe de Bomberos, Héctor Chaves.
La segunda sería un error humano durante las labores de trasiego de un solvente desde uno de los tanques hasta un camión cisterna.
El tercero apunta hacia un derrame provocado por la falla de un equipo, como alguna fisura en los tanques o un mal funcionamiento de las válvulas. Colaboró Marvin Carvajal, corresponsal.