‘En algún momento incluso pensé en dejar de existir...’
Investigado por la Masacre en Alajuelita
Edad: 38 años
Hijos: Tres
Oficio: Varios
En el primer debate (en 1989), usted dijo: “... las declaraciones que rindió a oficiales del OIJ las dio por estar muy presionado por ellos pues vendado fue llevado por el oficial (...) a un sitio muy frío en las montañas, donde se le desnudó y golpeó”. ¿Es cierto que lo presionaron?
Me rompieron la voluntad (los agentes del OIJ). No me dejaban dormir y me llevaban a mi madre. En esas condiciones, ¿cómo no iba a aceptar los cargos? Al final yo solo quería que dejaran en paz a mi mamá.
¿Le ofrecieron algo?
Que reconociera la violación. Me dijeron que iba a salir rápido de la prisión. Acepté para después ver cómo me defendía. Pasé 13 días incomunicado; la mayor parte del tiempo esposado con las manos hacia atrás.
Uno de los jefes que tuvo a su cargo la investigación está convencido de su inocencia. ¿Cómo fue estar en la cárcel en esas condiciones?
En algún momento pensé en no existir más. Me golpeaba contra las paredes y tragaba papel higiénico para ahogarme. Me sentía muy mal. Que me involucraran en semejante crimen era desastroso.
¿Tuvo miedo?
No. Yo no era la persona que ellos decían. Estuve involucrado en robos, lo reconozco, pero nunca en algo tan grave como un homicidio o un abuso sexual. Yo ya me reincorporé a la sociedad.
La Policía insistió en vincularlo con la masacre...
El OIJ y el sistema judicial me iban a condenar. La presión que existía sobre el caso era muy grande. Yo jamás hubiera hecho algo así, jamás. No era capaz. Mucha gente no me escuchó.
¿Cómo ha sido su vida después de que lo señalaran por el peor homicidio en la historia del país?
Mi mente estuvo presa; yo siempre tuve el anhelo de alcanzar mi libertad. Desde que me vi involucrado en este problema, Dios me dijo que iba a pasar por un trago amargo del que me iba a levantar con la frente en alto. Oí su voz.
¿Conoció a las otras personas mencionadas como sospechosas de la masacre?
A todos. Galleta (Arnoldo Mora) y Viruta (Álvaro Chinchilla) eran conocidos del barrio; delincuentes que robaban. Yo andaba con ellos.
¿Y José Luis Monge?
Tres Pelos comprendía por lo que yo estaba pasando. Me contó que cuando era menor lo involucraron en un robo de ganado en el que no tuvo nada que ver.
¿Cómo sobrevivió en la cárcel?
Dios me libró de todo. Nunca me apuñalaron ni me hirieron. Yo pasé por las brasas del fuego.
¿Cómo reaccionó la gente al salir usted de prisión?
Mucha gente me cerró las puertas. No conseguía trabajo por ninguna parte. En mi primer trabajo (en la compañía Aseo Urbano) tardé como dos semanas en ir a cobrar mi salario.
¿Por qué?
El jefe salía al patio y llamaba a todos por su nombre. Yo me escondía. Sentía temor de que alguien me reconociera.
¿Cómo hizo para cobrar?
Un compañero me dijo que había hablado con el patrón y que estaba contento con mi trabajo. Me sentí como un ser humano. Para mí hablar de todo esto es muy difícil. Todavía se me vienen las lágrimas...
¿Qué pasaba en la calle?
La gente murmuraba. Los veía hablar a mis espaldas. Me tenían miedo, pero yo tenía más miedo. No quería ofender a nadie. Me propuse no volver a una cárcel... y lo he cumplido. Alguna gente corría al verme. Yo andaba por la calle con la cabeza agachada.
¿Aún lo reconocen?
Sí, todavía. A la gente le digo que no me llame Arnoldillo. Mi nombre es Arnoldo. Muchas veces la gente le dice a otras personas: ‘¿Usted sabe quién es ese carajo?’. Eso pasa todo el tiempo.
El OIJ está convencido de que el arma de la masacre de La Cruz es la misma que utilizó el Psicópata . ¿Qué piensa de eso?
En el caso del Psicópata , la justicia terrenal no lo alcanzó, pero confirmó mi inocencia.
¿Perdona a las personas que lo involucraron con el asesinato de las siete mujeres?
Yo los perdono. Dios hará su propia justicia. Nosotros tendremos que darle cuentas a él; no aquí en la tierra.
¿Qué es lo que más añora?
Tener un trabajo estable. Eso me gustaría. Dios nunca me ha desamparado. Pasar por todo eso me ha costado mucho.