El domingo, a eso de las 8 a. m., el agua comenzó a colarse por las puertas de las viviendas en la comunidad El Estero de Sarapiquí de Heredia. Los vecinos están ya habituados a las crecidas durante la época lluviosa, pero esta vez la inundación, considerada la más grande del año, los tomó por sorpresa.
En cuestión de media hora, el agua alcanzó casi el nivel de los hombros y la corriente se llevó lo que encontró a su paso. Los residentes tuvieron solo algunos minutos para subir a los niños, los electrodomésticos, los colchones y otras pertenencias a las segundas plantas. Quienes no tienen un segundo piso, corrieron a tocar la puerta de sus vecinos.
En pocos minutos el agua lo inundó todo y este lunes, con una merma en las lluvias, el barro y los enseres dañados empezaron a salir a la luz.
El Estero es una de las comunidades que se ubica al margen del río Sarapiquí y otra pequeña quebrada también la atraviesa. Debido a que están rodeados de agua, cuando las lluvias se intensifican, el caudal se entromete en el vecindario.
La entrada de la onda tropical No.°32 provocó justo este escenario. Las lluvias se prolongaron durante todo el sábado en esta zona y continuaron el domingo, incluso cuando la corriente ya invadía las casas. La mañana de este lunes, bajo un candente sol y a la espera del ingreso de la onda No.° 33, el agua todavía cubría hasta la cintura y solo quien conoce la comunidad podría intuir por dónde iba la calle.
La emergencia obligó a la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) a elevar el nivel de alertas en todo Costa Rica. Naranja en la zona norte, todo el Caribe (norte y sur) y Turrialba (en Cartago), y alerta amarilla para el Valle Central, el Pacífico central y sur.
495 personas durmieron el domingo en albergues y, de ellas, 331 estaban ubicadas en Sarapiquí. Pese a ello, muchos prefirieron no abandonar sus casas por temor a que les roben sus pertenencias, porque consideran que tienen las condiciones óptimas para esperar la llena o porque no les gustan los albergues. Así lo confirmó una fuente de Bomberos a este medio.
Siete meses de embarazo y cinco hijos
Marta González Murillo tiene 31 años, siete meses de embarazo y decidió no abandonar su casa. Este lunes esperaba la llegada del camión con agua potable desde la puerta de su vivienda de madera y de dos plantas.
Desde las gradas que llevaban a la segunda planta, se asomaban las miradas curiosas de sus cinco hijos, el mayor de ellos, un joven de 13 años, y sus hermanitas, de entre cuatro y 11 años.
Estos pequeños fueron quienes dieron aviso a su madre de que el agua comenzaba a entrar a la casa. “No puedo hacer mucha fuerza, pero ellas comenzaron a subir la ropita y los colchoncitos, no tenía ni media hora cuando ya se llenó”, afirmó.
“Esta (llena) estuvo altísima, fue más alta que las anteriores”, agregó esta vecina, quien tiene un año y medio de vivir allí.
Esta mañana flotaban en la primera planta algunos zapatos de sus niñas. Los catres de madera colgaban del techo, atados con mecates de colores para evitar que la corriente se los llevara.
Fuera de su casa, los adultos reclamaban la ausencia de agua potable desde el domingo y los niños aprovechaban el agua del río para jugar y hasta aprender a remar en pequeñas balsas. Las mascotas se mantenían a salvo en las casas con un poco más de altura.
Como Marta, al menos 22 familias resultaron afectadas por esta crecida en El Estero. Otra de ellas es la de Emilia Mora Herrera, de 43 años, vecina de esta comunidad desde hace casi 10 años. Su casa es prueba de que no es la primera vez que la corriente del río llena sus pasillos y sus cuartos.
El sistema eléctrico, la caja de breakers, así como la conexión a Internet, están instalados a cierta altura.
En su casa viven cinco personas y afirma que fue su hermano quien la alertó sobre la llena de este fin de semana. “Me levanté, abrí la puerta, a nosotros se nos llena aquí atrás porque es una quebradita la que pasa. Ya la teníamos ahí atrás. Comenzamos a subir todo, pero en menos de media hora el agua ya estaba aquí adentro”, contó.
Esta vecina denuncia que las inundaciones en la zona son muy comunes, pero la ayuda no llega casi nunca. Entre los vecinos toman fotos, llaman a las autoridades y se ayudan para salir adelante.
Esta vez, cuenta que fue una señora que vive a unos kilómetros quien los abasteció con un poco de agua de un pozo y un vecino ayudó con su balsa artesanal.
“Dicen que hay un comité de emergencias. No sabemos ni quiénes son, ni dónde están”, lamentó.
Familiares de Emilia ayudaban a sacar capas de barro con escobas y baldes de agua de la misma crecida, de la Iglesia de Dios Evangelio Completo, la congregación religiosa situada en este barrio.
Ariel Vargas, el predicador de esta iglesia, recuerda que el sábado por la tarde, cuando celebraba el culto, la lluvia era fuerte y persistente. “Nos sorprendió el agua donde nosotros (...) En menos de un mes hemos tenido tres llenas, para mí eso es demasiado, es en menos de un mes, esta ha sido la más fuerte”, confirmó.
Incomunicados
La crecida no solo afectó las viviendas y edificios de esta comunidad, sino que también dejó incomunicados a varios vecinos de vecindarios aledaños.
Evert Alegría trabaja para la Cruz Roja en Puerto Viejo de Sarapiquí y vive en la comunidad de Rojo Maca, situada a 12,7 kilómetros del centro de Puerto Viejo. Poco antes del mediodía de este lunes, con la ayuda de una brigada de la Unidad de Rescate Acuático de Bomberos, logró cruzar en bote la convergencia entre el río Sucio y el río Sarapiquí, ambos tan crecidos por las lluvias que sus aguas turbias impedían el paso.
Él y su esposa, Angie Batista, llevaban desde el sábado en la noche sin ver a su hijo de seis años, con un diagnóstico de autismo, y aprovecharon para llevarle sus medicamentos.
“La preocupación de uno como padre es bastante (...) Gracias a Bomberos logramos llegar hasta donde él, para que su madre se pueda quedar con él y yo pueda regresar a mi trabajo”, afirmó este hombre antes de abordar la lancha de regreso a Puerto Viejo, con envases plásticos vacíos que llenaría para llevar agua potable a su casa una vez que secara la llena.
En su vecindario, el agua afectó sobre todo predios vacíos. Su casa, por suerte, solo se inundó aproximadamente medio metro.
El panorama en esta zona de Sarapiquí es favorable. A eso de la 1 p. m., ya comenzaba a bajar el nivel del agua y la CNE repartía agua en algunos vecindarios. El reporte es similar no solo en barrios de Puerto Viejo, sino también en Horquetas y Río Frío de Sarapiquí.
Pese a ello, la incertidumbre inunda todavía a los vecinos, pues los suelos están tan saturados que una intensa lluvia durante la noche puede volver a causar estragos.
Según el Instituto Meteorológico Nacional (IMN), la siguiente onda tropical podría entrar al país el jueves, con suelos ya saturados y mayores riesgos de deslizamientos y afectaciones en viviendas e infraestructura pública.
