
Upala. Hijo de un matrimonio campesino, José Marcos Zamora supo –en cuanto puso sus pies en la escuela de La Cruz, Upala– que algún día estaría al frente de un aula como educador.
Aunque con múltiples necesidades, estudió con ahínco y se graduó en el colegio de Upala y más tarde como maestro en la sede de la Universidad de Costa Rica en Liberia.
Allí cumplió con el sueño de su vida, según contó durante un repaso de su trayectoria.
Zamora se abrió campo primero como maestro sustituto en las escuelas de Las Pavas y La Victoria –ambas comunidades de Upala donde hizo incapacidades durante meses– y luego como educador en propiedad en la escuela de San Ramón, siempre en el cantón de Upala.
Su vida dio un brusco giro el 18 de abril del 2007, cuando se ordenó su traslado a la escuela de La Perla, en Upala.
Poco antes, la matrícula de la escuela de Las Delicias bajó, por lo que solo eran necesarios dos de los tres educadores nombrados. Zamora aceptó el cambio.
Estaba seguro de que asumir la docencia de la escuela de La Perla era un buen reto profesional. Le anunciaron que sustituiría a una maestra interina.
Al centro educativo se presentó en abril, sin sospechar que se avecinaba la experiencia más desagradable de su vida.