A punto de cumplirse el primer año de que el huracán Otto impactó territorio costarricense, los vecinos de Upala y Bagaces, dos de los cantones más afectados por el paso del ciclón, valoran la solidaridad de muchos ticos y ven con agrado el aporte de las instituciones gubernamentales, sobre todo en materia de infraestructura.
Empero, reconocen que levantarse no ha sido fácil y que el desarrollo de la zona avanza a paso lento.
La inversión en los proyectos de primer impacto y de recuperación aprobados por la Comisión Nacional de Emergencias alcanza ya los ¢9.471 millones, principalmente en Upala y Bagaces, pero también en La Cruz de Guanacaste, Pococí de Limón y Corredores de Puntarenas, es decir, cinco de los 13 cantones afectados por el fenómeno meteorológico.
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Juan Bosco Acevedo, alcalde de Upala, admitió que, aunque nunca imaginaron sufrir un impacto así, la recuperación ha sido asombrosa. Empero, añadió, falta mucho todavía.
Contó que los upaleños estaban acostumbrados a que el río Zapote se desbordara varias veces al año y sabían convivir con eso, pero lo del huracán fue algo que nunca se había visto.
Todavía el comercio en el centro de ese cantón, así como la agricultura y la ganadería siguen sin alcanzar los niveles que tenían antes del huracán Otto.
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Algunas milpas, así como plantaciones de caña y varios frijolares se ven crecer desde la calle principal entre Bijagua y Upala, lo mismo que zacatales donde se alimenta el ganado en varias fincas.
Comunidad más organizada
Sobre el plan regulador, Acevedo dijo que antes del huracán hubo oposición de muchos pobladores, pero después de lo ocurrido hay una mayor conciencia de que ese plan es necesario.

Después del huracán, se trasladó la Escuela Teodoro Picado a otro local más alto, que estaba en construcción cuando se dio el embate de Otto y donde el agua apenas llegó a unos 50 centímetros del piso durante el ciclón. Entre tanto, la vieja escuela, que está frente al municipio y pronto va a ser demolida, quedó devastada.
De igual manera, las oficinas del Ministerio de Salud fueron demolidas y ahora se está en busca de un nuevo local; lo mismo pasará con la sede regional del Instituto de Desarrollo Rural (Inder) y con la sede de la Cruz Roja, que están cerca del parque.

Con el Inder, se coordina el impulso de una idea para construir en las partes altas la denominada ciudad institucional, donde habrá varias instituciones del Gobierno y del Poder Judicial.
Se han conformado comités comunales de emergencia en varios puntos de Upala. De hecho, si hubiera una emergencia similar, ya se cuenta con herramientas para actuar de mejor manera, afirmó Acevedo.
El mejor ejemplo se vivió con el paso de la tormenta tropical Nate, los pasados 4 y 5 de octubre: los ríos y quebradas de Upala, que estaban recién canalizados, soportaron muy bien las corrientes de agua y no hubo emergencias.

Con Nate, los upaleños más bien se organizaron y ayudaron en cantones guanacastecos afectados como La Cruz, Cañas y Carrillo. Salieron en buses para colaborar en labores de evacuación, limpieza y construcción de vivienda durante casi un mes.
Acevedo se mostró confiado en que los trabajos realizados en ríos, puentes, carreteras y caminos permitirán un repunte en el corto plazo.
“No hay mal que por bien no venga. En aquel momento, Otto provocó miedo, zozobra, muerte y destrucción, pero hoy en Upala hay un espíritu de lucha, superación y solidaridad”, dijo el funcionario.
El alcalde explicó que ya comenzó a construirse una ruta que va a pasar al pie de tres volcanes. Comienza en el Tenorio, en Katira de Guatuso, pasa por Bijagua de Upala, a las faldas del volcán Miravalles, por la ruta Maleku, y termina al pie del Rincón de la Vieja.
Contempla trayectos por Armenias y Aguas Claras para luego pasar al distrito de Dos Ríos, con atractivos como río Celeste y los hoteles cinco estrellas con aguas termales.
“Apareció gente con cemento, con plata, con pan y café...”
Aunque el Ministerio de Economía Industria y Comercio (MEIC), en coordinación con el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD), el Banco Nacional, el Banco Popular y el Banco de Costa Rica, ofrecen soluciones financieras dirigidas a las pequeñas y medianas empresas impactadas por el huracán, muchos comerciantes opinan que eso solo los deja más endeudados.

Así piensa Otilio Pichardo, dueño de Tilapias Ángel, en Bijagua de Upala, quien ha salido adelante con el aporte de amigos, empresas privadas y hasta de desconocidos que han llegado a ayudarle en su restaurante, el cual estuvo cerrado cuatro meses.
Él perdió ocho estanques de tilapias, así como las tuberías, los senderos y buena parte de los enseres y herramientas, pero con el apoyo de su esposa e hijos está de nuevo en pie.
“Nosotros solos no hubiéramos podido, apareció gente con cemento, cielorrasos, herramientas. Gente que llegaba con ¢10.000, y otros con pan y café... Toda es ayuda fue tan valiosa“.
“Tenemos amigos y eso es invaluable, porque cuando más se necesita, los de las cúpulas se desaparecen”, afirmó.
Ya logró cultivar sus propios peces, los cuales engorda y luego vende a los clientes en platillos que prepara y sirve con el trabajo de toda su familia.
Su hija Priscila Pichardo Acuña, cuenta que el susto que le causó el huracán Otto hizo que su pequeña Lucía –de quien tenía seis meses de embarazo cuando sobrevino el ciclón– dejara de moverse en su vientre durante una semana.

A ella la llegaron a sacar de la casa cuando el agua corría como un río, luego de devastar el proyecto que les daba el sustento. Salió con su hijo Ihan Gerardo Esquivel, de tres años. Debido a que luego colapsaron los servicios telefónicos, no supo nada más de ellos hasta el otro día.
“ 'Mamá, ¿qué pasa?', me decía mi hijo. Yo le contesté que nada, que solo íbamos a dormir en el colegio. Él respondió: 'Mamá, pero ¿por qué vamos a salir, si está lloviendo y es de noche?'”, recordó Priscila.
Recuerda que al albergue llegaban los evacuados de Bijagua y le decían que todo se lo había llevado la corriente; que había carros en los potreros.
“Fue muy difícil venir al día siguiente y ver cómo había quedado todo, así como la actitud de mi papá, que no asimilaba lo ocurrido”, acotó
Este 13 de noviembre, hace una semana, Priscila tenía a su hija Lucía en brazos. La niña, hoy de ocho meses, llegó al mundo cuando todavía la casa de la familia estaba embarrialada. Su arribo fue un aliciente para todos en el hogar, un motor que los anima a seguir luchando.
Un segundo e inevitable préstamo
El matrimonio formado por Yeimi Campos, de 40 años, y Jainer Sancho, de 45, salió de San Carlos con rumbo a Upala hace 20 años.

Estaban recién casados y decidieron montar la joyería Joyca, al costado este del parque de Upala, cantón donde procrearon seis hijos que hoy tienen edades de 3 a 20 años.
El negocio que era sustento de la familia quedó en ruinas; sufrió pérdida total.
“Nosotros lo que hicimos fue recoger y poner todo encima, porque habíamos pasado varias llenas, pero nunca habíamos tenido la experiencia de un huracán”, dijo Campos.
Al día siguiente, cuando llegaron, las cortinas metálicas habían sido arrasadas junto con las puertas. Todo se lo había llevado el río.
De no haber sido por la familia, no hubieran podido salir adelante.
Lo anterior, porque ya tenían un crédito para pagar la casa y ahora debieron asumir otro por ¢5 millones, para los gastos de alquiler del local y para equipar la joyería.
El dinero se lo prestó un particular que quiso ayudarles, ya que con los bancos les resultaba sumamente costoso.
“El banco dice que ayuda, pero empiezan a pedir una serie de requisitos que uno no tiene”, acotó.
Ella conserva las fotos de las urnas, las puertas y el local lleno de barro, así como de la cuadrilla de voluntarios que les ayudaron a limpiar durante varios días.
Yeimi ayuda a su esposo en la joyería y también atiende a la familia.
También ella admite que no ha sido fácil recomenzar, porque en la zona no hay muchas fuentes de trabajo. Muchos trabajan en piñeras, pero los salarios no son buenos.
Espera que el comercio se reactive para surgir, mas por ahora solo les permite salir con lo básico.
“A los comerciantes, como no teníamos una cámara de comercio organizada, no se nos ayudó”, puntualizó.
Dos meses para reabrir panadería
El panadero Misael Solís Córdoba, de 65 años, dice que perdió el mobiliario, los hornos, papelería y las urnas.

Como el agua entró por detrás, se empozó y rompió las cortinas metálicas. Las pérdidas, afirma él, ascendieron a unos ¢15 millones.
Cuando le avisaron que la panadería estaba abierta, se fue hacia allá a las 5 a. m., solo para encontrar que todo estaba destruido. A unos 300 metros de distancia, entre unos árboles, divisó unas urnas destrozadas.
“Yo duré dos meses y medio para abrir el negocio. Hasta el momento, no he recibido pero ni siquiera una galleta de parte de la Comisión (CNE), ni de la Municipalidad, ni del IMAS, sino que abrí a puro esfuerzo mío y de mi familia”, sostuvo.
Solís llevaba 24 años de trabajar ahí. Los colaboradores quedaron cesantes hasta que él reabrió y todavía está arrastrando deudas porque su situación económica se ha desmejorado mucho.
La única ayuda que les ofrecen es acudir a los bancos, pero él dice no poder endeudarse más ya que apenas saca lo necesario para sostenerse.
Este turrialbeño con 15 años de haber llegado a Upala junto a su familia, se instaló en El Higuerón, y cuenta que su casa solo tuvo afectación por lodo.
“Había que estar aquí dos días después, el parque no se miraba, todo era lodo”, dijo.
Bagaces repunta
Los trabajos de dragado de ríos y quebradas, así como reparación de puentes, caminos y acueductos, entre otros, tienen satisfechos a los vecinos de Bagaces, Guanacaste, el segundo cantón más afectado por el huracán Otto.
El alcalde William Guido dijo que, salvo por algunos defectos leves y ya corregidos que los ingenieros encontraron en alcantarillas reparadas por el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), la infraestructura se recuperó en los distritos de Fortuna y Guayabo, que fueron los más afectados.
Marabely Moncada Contreras, dueña de la soda Las Palmas, en Bagaces, dijo que los primeros dos meses posteriores al huracán, siguió lloviendo y entraba poca gente, pero poco a poco, se han ido recuperando las ventas.
Lo anterior, porque la entrada de trabajadores para los proyectos de reconstrucción reactivó la economía local.

Posteriormente, el turismo recobró la confianza para volver a esa zona guanacasteca.
Thermomanía instruye sobre energías limpias
Uno de los mejores ejemplos de un pronto resurgir es el centro turístico Thermomanía, que sufrió pérdidas por unos ¢200 millones debido al impacto de Otto, pero fue de los primeros en reabrir, el 16 de diciembre.
A un año de la tragedia, Didier Yiyi Arrieta, sostiene que ya rehabilitó el lugar y lo único que falta es la granja. Sin embargo, ahora, en un nuevo proyecto, les muestran a los visitantes un interesante atractivo de Bagaces: en menos de 12 kilómetros, tiene cuatro fuentes distintas de generación de energías limpias. Los turistas pueden ver, en pequeña escala, cómo funcionan las plantas de energía eólica, geotérmica, solar e hidroeléctrica.
El local instaló paneles solares, y la factura de ¢500.000 mensuales, que pagaba por electricidad, bajó a la mitad.

“A mí, el Gobierno no me ayudó en nada. Gracias a Dios, yo tenía una economía y conforme la gente ha ido entrando, hemos invertido nuevamente, todo con fondos propios y con la venta de un ganado que tenía”, dijo Arrieta.
Añadió que los trabajos que hicieron la CNE y el ICE en las quebradas Hornillas y Herrumbre, encauzaron las aguas en unos 20 metros de ancho por cuatro de fondo, por lo que no volvieron a afrontar dificultades en la estación lluviosa.
Unos 400 voluntarios ayudaron a levantar el complejo, junto con los 22 empleados fijos que siguen trabajando en el centro turístico.
Una serie de banners muestran fotos con detalles de los daños ocasionados por el huracán y, al lado aparecen, como contraste, las fotos actuales. Atrás quedaron las piscinas llenas de barro, el museo destruido y dos suites destrozadas.
- 111 kilómetros de caminos se han reparado en Upala, Bagaces y La Cruz en este primer año.
- De los 66 proyectos aprobados, ya hay 15 finalizados, 45 en proceso y seis por iniciarse, para una inversión de ¢9.471 millones.
- Ya se repararon cuatro puentes en Upala, cuatro en Bagaces y 1 en La Cruz de Guanacaste.
- Reporte de daños: ₡106.258.933.553.
