
Upala
El jueves 24 de noviembre, día en que el huracán Otto afectó el cantón de Upala, el excruzrojista Martín Cordero, de 53 años, estaba en su casa con el agua a la cintura luego de la inundación provocada por el desbordamiento del río Zapote.
Alrededor de las 6 p. m., escuchó que algo era arrastrado por la corriente en la calle del residencial El Real, en el centro de Upala. Al salir a ver qué sucedía, observó un vehículo en el que iba una mujer con cinco niños.
Se trataba de una maestra que estaba acompañada por cinco menores, con edades entre los 10 y 12 años, según contó Cordero a La Nación.
El automotor quedó inclinado y apoyado a un poste, mientras sus ocupantes se subieron al techo para pedir ayuda.
“En ese momento llegó un amigo de la familia que se llama Juan, como un ángel de Dios llegó ahí; entonces, buscamos una cuerda, la amarramos del portón y él se fue caminando, también amarrado. Se sostuvo de una palmera y así iba sacando a los chiquitos, abrazados.
”Cuando sacamos a la maestra se reventó la cuerda y arrastró al amigo mío. A como pude, con la misma cuerda me fui caminando y caminando, lo agarré de la mano y ahí fue donde logramos salvarlo”, narró el upaleño.
Sin embargo, el drama se mantenía, ya que el nivel del agua seguía subiendo dentro de la casa, donde estaban no solo los menores que ayudó, sino también sus dos hijos de 15 y 10 años de edad.
No fue hasta cerca de la 1 a. m., cuando empezó a bajar el agua, que llegó la calma para este padre de seis hijos, quien además de sufrir pérdidas en su casa, también las vivió en su zapatería, afectada por la gran cantidad de barro.