Por: Natasha Cambronero.   8 octubre, 2017
Edificaciones destruidas en Ciudad Cortés amanecen el sábado 7 de octubre, luego de que la tormenta Nate azotó el pueblo el 5 de octubre.
Edificaciones destruidas en Ciudad Cortés amanecen el sábado 7 de octubre, luego de que la tormenta Nate azotó el pueblo el 5 de octubre.

Ciudad Cortés y Palmar, Osa. Las calles se convirtieron en ríos. Los vehículos se sustituyeron por botes. Las casas quedaron casi sumergidas, muchas de estas no sobrevivieron la embestida de la tormenta Nate, pues en algunas zonas el agua alcanzó los tres metros de altura.

"Fue la llena más grande, normalmente (el agua) no pasa de la rodilla. Fue mas brava y más mala", comenta Virginia Ibarra, de 57 años y vecina del barrio El Embarcadero, en Cortés, zona que colinda con el río Grande de Térraba, el más grande del país.

En la misma casa que hoy habita, ella ha vivido el paso de cuatro huracanes: Juana en 1988, César en 1996, Mitch en 1998 y Tomas en el 2010, e insiste en que nada se compara a lo que vivió en las primeras horas del jueves de esta semana, con la llegada de Nate.

Con ella coincide José Ángel Lezcano, de 75 años: "Nunca he visto un desastre como este. Nosotros con costos salimos de la casa, tuvo que venir un nieto mío en bote a sacarme".

Ambos perdieron casi todo lo que tenían en sus viviendas y lo que quedó está cubierto en barro.

Virginia Ibarra salvó una refrigeradora, que sacó antes de que se inundara su casa. No tuvo la misma suerte con su cama, pese a que la amarró a las vigas del techo. El agua llegó hasta el colchón, a más de dos metros de altura.

Como otros habitantes, Virgia Ibarra, vecina del barrio El Emcarcadero en Ciudad Cortés, colindante con el río Térrraba, puso sus enseres en alto, como suelen hacerlo en cada llena, pero la fuerza de la tormenta Nate sobrepasó los límites conocidos y alcanzó sus bienes.
Como otros habitantes, Virgia Ibarra, vecina del barrio El Emcarcadero en Ciudad Cortés, colindante con el río Térrraba, puso sus enseres en alto, como suelen hacerlo en cada llena, pero la fuerza de la tormenta Nate sobrepasó los límites conocidos y alcanzó sus bienes.

La tormenta Nate azotó con la misma fuerza Palmar Norte y Sur.

Vera Guido Rosales se quedó solo con la mitad de su casa en Palmar Norte, la otra mitad se la llevó el Térraba. Su vecina no corrió con la misma suerte. De su vivienda solo quedó el inodoro en pie, la pila quedó enterrada en el fango.

Ebáis de Ciudad Cortés (antiguo hospital), tras el paso de la tormenta Nate.
Ebáis de Ciudad Cortés (antiguo hospital), tras el paso de la tormenta Nate.

"He vivido tres huracanes y nunca había vivido algo así. El río nos traicionó. Vivimos momento de temor, de miedo, pero también se fortaleció la relación con los vecinos, nos ayudábamos los unos a los otros", relató.

Ella se negó a ir a uno de los siete albergues que la Comisión Nacional de Emergencia (CNE) instaló en la zona, no quería dejar a sus cinco perros solos.

Damnificados por el paso de la tormenta Nate se alimentan en Ciudad Cortés, zona sur.
Damnificados por el paso de la tormenta Nate se alimentan en Ciudad Cortés, zona sur.

El oceanógrafo Omar Lizano advierte de que el calentamiento global provocará que esos cambios abruptos en el clima sean no solo más constantes, sino también mucho más intensos y fuertes.

Lizano, del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar) de la Universidad de Costa Rica (UCR), afirmó que el poco tiempo transcurrido entre el huracán Otto (noviembre del 2016) y Nate envía una señal de alarma para el país y para Centroamérica en cuanto a las variaciones climáticas que está provocando el calentamiento global.

Antes daba 'chance' de más. A Nery Lazaro, de Finca 1 en Palmar Sur, tuvieron que ir a rescatarlo cuando ya tenía el agua casi hasta el cuello. "No fue igual a los anteriores, antes nos daba chance de sacar algunas cosas, esta vez no. Si no nos vienen a sacar, nos ahogamos", narró Lazaro.

Él salió en la panga de un vecino, así como cientos de coterráneos suyos. Fueron los mismos habitantes quienes se ayudaron unos a los otros.

La ayuda de la CNE, de la Cruz Rojas, municipalidad y otras instituciones el Estado ha sido mínima.

Los vecinos se rescataron unos a los otros. Quienes no sufrieron consecuencias le ofrecen hospedaje y comida a los otros.

El propio alcalde de Osa, Alberto Cole, se queja de los pocos insumos que están en el albergue de la Comisión en la zona. En el ayuntamiento dice que solo disponen de ¢10 millones.

Según dijo, en la CNE solo habían 300 colchonetas y unos 30 diarios guardados.

En los albergues hay unas 1.500 personas, pero él calcula qué hay 6.500 personas damnificadas entre Ciudad Cortés y Palmar.

"Una barbaridad, es algo sin precedentes", declaró Cole.

"Se vino una cabena de agua, nos agarró a todos desprevenidos. En otras ocasiones, las inundaciones uno veía como comenzaban a crecer, uno venía cómo iba subiendo, en esta ocasión no, fue de golpe, en cuestión de 10 minutos estábamos inundados", agregó Cole.

Los habitantes de Ciudad Cortés sacan los electrodomésticos y los muebles al sol, tras el paso de la tormenta Nate. Algunos podrán servir, otros no.
Los habitantes de Ciudad Cortés sacan los electrodomésticos y los muebles al sol, tras el paso de la tormenta Nate. Algunos podrán servir, otros no.

A Cole también se le inundó la casa. Él perdió su vehículo, un Chevrolet Captiva, la lavadora, la cocina, la refrigeradora y demás bienes de su casa. "Aquí todos perdimos algo", insiste.

En Ciudad Cortés, las autoridades municipales estiman que se inundaron unas 60 cuadras, 20 más que en las peores inundaciones, unos 500 metros más.

Los estragos. Este sábado, 36 horas después de la última lluvia la escena se repetía. Frente de las casas, recibiendo sol, se observan sillones, colchones, camas, lavadoras y todo tipo de mueble. Todo lleno de barro.

Algunos de esos artículos están amontonados y van directo a la basura, en otros casos, sus dueños se rehusar a botarlos, les limpian el barro y los ponen al sol con la esperanza de que vuelvan a funcionar cuando se sequen.

Unas 40 casas fueron arrasadas por el desbordamiento del Grande de Térraba.

El primer piso de los Tribunal de Justicia quedó destruido, lo mismo ocurrió con el Ebais que se ubica en el viejo hospital, la Escuela Nieborowski y las oficinas del Patronato Nacional de la Infancia (Pani).

Varias decenas de casas quedaron llenas de barro, luego de casi quedar sumergidas por las inundaciones.

El único supermercado, un Megasuper se incendió, en las pulperías de la zona los productos escasean, el agua volvió hasta ayer, dos días después. En las zonas las lejanas en AyA llega con el agua en tanques.