
La captura de los presuntos asesinos significó para las familias dolientes un gran alivio. Sin embargo, el consenso entre todos es que no existe un castigo adecuado que pueda cobrarles la barbarie que cometieron en contra del matrimonio Vargas Quirós y de sus hijos.Eran las 9 de la mañana cuando María Tenorio, madre de Marjorie Quirós Tenorio, supo que Alexánder Vargas Rojas había sido atrapado por la policía.
En medio de las decenas de arreglos florales que inundan la casa y haciendo ingentes esfuerzos por ahogar el llanto, la señora fue enfática: "No quiero que los maten porque así no sufrirían; quiero que los castiguen de por vida, pero eso sí que nunca salgan de la cárcel porque la tortura a la que sometieron a mi chiquita y a los demás no tiene nombre."
Mucho más vehementes se mostraron Jenny Vargas y María Luisa Sánchez, hermana y tía de la mujer asesinada. "Que los maten, pero eso sí poquito a poco; que los humillen y los torturen igual que ellos hicieron con mis parientes porque a la cárcel lo que van a ir es a comer, descansar y, con suerte, van a salir libres por buen comportamiento en unos cuantos años", afirmó Jenny.
Ella, aparte de hermana, era la mejor amiga de Marjorie, quien en más de una ocasión le pidió hacerse cargo de sus hijos en caso de que llegara a faltar.
Sufrimiento de dos familias
Doña María dijo que entendía el sufrimiento del papá de Alexánder, Ilso Vargas Zárate, quien ha expresado sus condolencias a través de varios medios de comunicación.
"El señor no tiene la culpa; está sufriendo y, por desgracia para él, apenas está comenzando a sufrir", agregó la señora.
Aunque intentan controlarse para darse valor unos a otros, el llanto y la desesperación afloran sin previo aviso a lo largo de la conversación.
"A mí lo que más me mortifica es pensar en el sufrimiento tan grande que pasó mi chiquita; frente a ella mataron a Alberto y estoy segura de que en medio de la tragedia lo que más la atormentó fue el pavor de lo que pudieran hacerle a sus hijitos", dijo doña María en medio de un llanto inconsolable.
Temor a la venganza
Sobre Pablo y Esteban Vargas Quirós, los niños sobrevivientes -de 12 y 10 años- afirmó que se encuentran tranquilos y bajo tratamiento sicológico. Al momento de la entrevista, a las 3 p.m., los chiquitos estaban en el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) en la tarea de reconocimiento de los homicidas.
Por el momento residen en casa de un pariente, fuera de San José pues la familia se encuentra temerosa de una posible venganza ya que gracias a sus testimonios se logró establecer la identidad de los asesinos.
"Hay un tercer hombre, el que los transportó, que aún no ha sido localizado; por eso no podemos estar tranquilos", agregó Jenny, quien una y otra vez manifiesta su dolor y su rabia por lo que le hicieron a su hermana, cuñado y sobrino.
"¿Usted sabe qué corazón? ¡Se sentaron a tomarse hasta un vaso de leche en la mesa, junto al cadáver de mi hermanita!", expresó la joven.
"Esto le pasó por bueno"
Tanto Johen como Xinia Vargas Hernández, hermanas de Alberto, aseguraron que a él le sucedió esa tragedia "por ser tan bueno".
"No se me puede olvidar que el 9 de junio, en medio de su fiesta de cumpleaños, nos contó que tenía un compañero que había hecho un desfalco, pero que a él le daba mucha lástima e iba a ver si lo ayudaba a salir porque tenía un chiquito pequeño y él no tenía corazón para dejar a su papá en la cárcel", narró Xinia.
Su hermana Johen, quien recibió la ingrata noticia mientras se encontraba en Los Angeles, Estados Unidos, dijo que esperaba que al menos la tragedia sirva de precedente para endurecer las leyes del país.
Familiares de Alexánder Vargas Rojas
Entre la pena y el amor
Padre aliviado tras captura
Una mezcla de vergüenza y de miedo se confundían en el rostro de Gaudelia Rojas Alvarez, abuela materna de Alexánder Vargas Rojas, mientras relataba aún con incredulidad que su nieto se ocultó en su casa, ubicada en el pequeño poblado de Guatuza de San Rafael de Poás, Alajuela.
"¡Qué vergüenza, qué barbaridad! ¡Cómo fue a pasar esto! Pero bueno el que esté libre que Dios lo libre", reflexionó doña Lela -como le llaman en el barrio-, mientras se acomodaba las canas.
"Aquí nunca había venido ningún policía, y a mí me sorprendieron. Ellos me contaron porque yo no sabía nada. Usted sabe, yo paso ocupada; uno ya mayor solo se dedica al oficio", justificó.
Según la anciana, de 73 años, no era extraño que Alexánder apareciera de pronto, sin más ropa que la que llevaba puesta pues así llegaba unas dos veces al año. La última vez que se había presentado fue unos cuatro meses atrás.
El muchacho apareció a las 9:30 a.m. del jueves último -casi inmediatamente después del robo en la agencia del Banco de Costa Rica- con otro muchacho, de quien no dio referencias.
Ese amigo se marchó el mismo día "después de almuerzo", aunque ellos no comieron nada porque no tenían hambre, narró.
"Dijo que venía a pasar el 25 (de diciembre) aquí; yo no le dije nada. Este muchacho duraba mucho en venir pero cuando llega es a traerme problemas", dijo con angustia.
En cada una de sus respuestas, parecía convencerse a sí misma de no tener responsabilidad en lo hecho por su nieto a quien solo ofreció un techo, como siempre. "Yo no alcahuetié a nadie", enfatizó.
¡Que se arrepienta!
Pero así como doña Lela reconoció que su nieto deberá pagar por los crímenes de los que se le acusa, Ilso Vargas, el padre de Alexánder, también expresó su esperanza de que él entre en razón del daño que hizo.
El hombre conoció la noticia de la detención cuando se encontraba en su casa, ubicada en la ciudad de Heredia. Según expresó, ahora está más tranquilo pues, al menos, tiene la certeza de que lo capturaron vivo.
"Que se arrepienta ante Dios", manifestó mientras en su rostro se reflejaba la tristeza por las circunstancias y la calma porque lo más difícil ya pasó.
De acuerdo con don Ilso, su hijo mayor fue conducido por "las malas juntas y la droga", aunque también aceptó que la destrucción de su matrimonio afectó al muchacho.
"Viera como he sufrido. No hay padre que no sufra en momentos así", señaló Vargas, para quien la participación de su hijo en el triple asesinato, acaecido en el barrio Fletcher de Llorente de Tibás fue "como una pesadilla".
"Le pido a los dolientes que me lo perdonen, que no tomen esto como algo personal, sino que fue Satanás quien lo impulsó a hacerlo", expresó el padre del detenido.
Creditos:
Información elaborada por los redactores Nicolás Aguilar R., Rónald Moya Ch., Irene Vizcaíno, Yuri Jiménez y Carlos Villalobos. Las fotografías son de Mario Rojas, Mariano Matamoros y Eduardo López.