Varios delincuentes saquearon por sexta vez, en menos de un año, el templo católico de la comunidad de La Capri, en San Miguel de Desamparados, San José.
El robo se registró en horas de la madrugada de ayer, de acuerdo con vecinos y autoridades.
Esta vez violentaron la puerta principal de la iglesia para apoderarse de un equipo de sonido, micrófonos y otros equipos. Lo robado fue valorado en ¢1,5 millones.
El edificio no cuenta con vigilante durante las noches, lo cual facilitó el ingreso de los ladrones.
Según vecinos que ayudan en labores de limpieza del santuario es la sexta ocasión que roban durante los últimos 11 meses.
Aunque los pobladores sospechan de varios pandilleros de La Capri, adictos al crack , ninguno ha sido detenido.
En esta ocasión, los delincuentes forzaron también el sagrario, lugar donde se guarda el Cristo sacramentado.
Incluso, se comieron gran cantidad de hostias, lo cual generó malestar y dolor entre creyentes que llegaron al templo para informarse sobre lo sucedido.
“Ya no respetan nada. Esto es lo más doloroso que nos ha ocurrido”, exclamó Soledad Alvarado.
Según dijo, “lo que hicieron es un pecado capital”.
Debido a los continuos robos, los vecinos consiguieron fondos para colocar verjas alrededor del templo, pero eso tampoco detiene a los hampones. “Qué va, mire como dejaron la verja, la doblaron toda y siguen robando”, se quejó José Ángel Díaz, quien tiene a su cargo el cuido de los jardines.
Pandilleros. Otros vecinos, quienes pidieron no ser identificados porque temen represalias, aseguraron que no viven en paz por culpa de los pandilleros que asaltan a cada rato.
Señalaron a un grupo de jóvenes que se reúne de noche, a 50 metros del templo, frente a una alameda, “para consumir drogas y atacar a quienes pasan de cerca”.
La Policía ha detenido a varios de los sospechosos, pero son liberados tras comparecer ante la Fiscalía, por falta de pruebas.
De acuerdo con informes policiales, el templo católico del centro de San Miguel también ha sido atacado por el hampa.
En todos los casos han robado desde esculturas e imágines hasta lámparas y equipos de sonido. También han saqueado las alcancías y asaltado a los feligreses.
Los robos en templos católicos son cada vez más frecuentes en todo el país. De hecho, algunos sacerdotes optaron por instalar alarmas sonoras, cámaras y contratar vigilantes privados.
Con esas medidas pretenden proteger sus bienes, especialmente copones de oro y diversas imágenes, algunas con más de 400 años de antigüedad.