Murmullos, murmullos que crecían hasta formar un clamor de enojo y frustración, dolor e impotencia.
Familiares, amigos y vecinos de Marjorie Quirós Tenorio, Alberto Vargas Hernández y Carlos José Vargas Quirós no ocultaron ayer su pesar por el triple asesinato que los dejó, de repente, sin la pareja de amigos tan admirada del barrio y sin el chiquitín que muchas veces vieron dar sus primeros pasos por las calles del lugar.
No se podía más. No había campo suficiente en la parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón --en Llorente de Tibás-- para el dolor y la rabia.
La noche tampoco dio abasto para darles el último adiós, una noche clara y fresca, único testigo de la romería incesante de amigos y vecinos que se hicieron presentes para apoyar a Pablo y Esteban, los niños que sobrevivieron a la pesadilla.
Rostros de pregunta
La llegada de los cuerpos al templo católico de Llorente fue esperada por muchos. Dos ataúdes grises llevaban los cuerpos de Marjorie y Alberto. Uno blanco y pequeño, quizá demasiado, el de Carlos José.
Colocados frente al altar, rodeados de flores, poco a poco los fue cercando, también, una fila interminable, casi eterna, de sus amigos y vecinos.
A los lados, las familias: doña María Tenorio y don Antonio Quirós, padres de Marjorie, y doña María de Jesús Hernández, mamá de Alberto.
Expresiones que encerraban siempre una pregunta sin respuesta no paraban de llenar el ambiente: "¿Cómo fueron a torturar a una criaturita, a este ángel?", "¡Dios mío, tienes que hacer justicia!", "no hay nombre para semejante bestialidad".
Llantos de niños, rabia de adultos... todo se mezcló. Muy cerca del cuerpo de su hija, don Antonio Quirós --el conocido Toño Quirós del barrio Fletcher-- no dejaba de mover sus manos. Con los ojos enrojecidos, pero tranquilo, dijo: ya "el dolor no me da para más". Acompañado de varios vecinos, contó que Marjorie era la mayor de sus tres hijas, la segunda de los seis que procreó con doña María Tenorio.
"Ahora, cuidaremos de Pablo y Esteban. Con nosotros lo van a tener todo. Nuestras fuerzas van para ellos", aclaró sacando ánimos de donde no los tenía.
"Estamos con ellos"
"Queremos apoyar a Pablo y a Esteban. Los queremos mucho", comentaron Stephanie Obando y Ana María Guevara, compañeras de sexto grado de Pablo.
Ellas, al igual que todos y cada uno de quienes estuvieron anoche acompañando a las familias en su dolor, piden justicia. "No es posible que estos animales anden sueltos. No pueden seguir acabando con la felicidad de hogares como este. ¡Ya no más!", dijo airada una vecina que no quiso ser identificada.
La iglesia nunca se vació. Toda la comunidad de Llorente estuvo allí. Maestras, líderes comunales, funcionarios municipales, comerciantes...
Hoy también los acompañarán en el sepelio, que se realizará a las 11 a.m., en esta misma parroquia. A las 12 mediodía, llevarán a Marjorie, Alberto y al pequeño Carlos José a su última morada, en el cementerio de San Juan de Tibás.
Rastro sangriento
(Se incluyen aquí los asesinatos múltiples más sonados de los últimos diez años)
6 de abril de 1986: Alejandra Sandí Zamora, de 12 años; Carla, de 11, y María Eugenia, de 5 (hermanas), María Gabriela Salas Zamora, de 16; María Auxiliadora, de 11, y Carla Virginia (hermanas) y Marta Eugenia Zamora Martínez (madre de las tres últimas niñas) fueron asesinadas con una ametralladora M3 cuando regresaban de un acto religioso en La Cruz de Alajuelita, en el cerro San Miguel.
2 de noviembre de 1995: Eugenio Guerrero Hernández, de 65 años, y su hijo Raúl Guerrero Vargas, de 34 años, fueron ultimados en el barrio El Cocal, Puntarenas, por individuos que aparentemente tenían como objeto apoderarse de un lote de joyas y dinero.
8 de enero de 1987: Amalia Vargas Chaves, de 40 años, y sus hijas Garcela Ortiz Vargas, de 16, y Laura Cristina Gutiérrez Vargas, de 10 años, fueron asesinadas en el barrio La Cruz, de Juan Viñas, Cartago, por Alvaro Jiménez Sandí.
1 de marzo de 1991: Hernán Cordero Bonilla, de 80 años; Berta Angulo Obando, de 70, y Gregory Müllins Cordero, de 23, fallecieron degollados en su residencia en La Granja, San Pedro de Montes de Oca. Un día después fueron detenidos David Sáenz Campos y Mario Caravaca como responsables del crimen
8 de mayo de 1991: Los hermanos Guiselle López, de 6 años; Alfredo, de 4; Cindy, de 2, y Adrián, de 7 meses, murieron a manos del nicaragüense Guillermo Aguilera, en su casa en Pocosol de San Carlos.
18 de junio de 1991: La pareja conformada por Ricardo Jiménez van Patten, de 35 años, y Claudia Solís Arredondo, de 28, y la empleada doméstica Yorleny Rivas Silva, de 25 años, fueron asesinados en su casa de habitación situada en Bello Horizonte de Escazú por el nicaragüense José David Orozo García, detenido meses después en Nicaragua.