Los Chiles. Una rústica cerca de alambre de púas es lo que divide a Costa Rica de Nicaragua.
Por sus condiciones geográficas, en la que el bosque se mezcla con sembradíos, la zona se ha convertido en un lugar de paso de inmigrantes indocumentados.
Ese fue el punto escogido por Marvin Amador Escorcia, de 24 años, para entrar al país. La Policía lo sorprendió el 7 de enero en un camino vecinal.
“Yo venía con varias personas pero se quedaron atrás, ocultos en los naranjales”, contó.
A este vecino de Muelle de Los Bueyes, en el departamento nicaragüense de Zelaya Central, un primo lo convenció de cruzar a territorio costarricense con una cédula de residencia prestada.
La Fuerza Pública descubrió el ardid: ni la firma ni la huella digital del documento coinciden con las de Amador.
Reina Obando Urbina vino a principios de enero con la ilusión de reunirse con su marido. Llevaba en brazos a su bebé de 7 meses y con él caminó por la montaña guiada por un coyote.
Bebé en brazos. “Me asusté muchísimo cuando me detuvieron. Nunca había pasado algo como esto. Allá (en Nicaragua) la situación está muy mal. Mi esposo está en este país desde hace cuatro años. Es albañil.
“Él ingresó ilegal pero ya tiene papeles. Yo no volveré a intentarlo”, manifestó la señora.