Dos deslizamientos que cayeron desde uno de los flancos del cerro San Miguel –conocido como el de la cruz de Alajuelita– causaron la noche del vienes una avalancha de lodo con características similares al que el 3 de noviembre sepultó calle Lajas, en El Carmen de San Antonio de Escazú.
La masa de sedimentos arrastró árboles y enormes piedras, al tiempo que ensanchó el otrora pequeño cauce del río Limón hasta 30 metros en algunos lugares.
El evento pasó casi inadvertido pues ocurrió en lo alto de la montaña y no afectó ninguna de las 15 casas de El Coyote.
Empero, los expertos temen que la gran cantidad de material que quedó en el cañón forme una represa y se constituya en una amenaza para comunidades como Los Filtros y Concepción de Alajuelita.
De ahí que la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) envió ayer una geóloga para efectuar una valoración.
Luis Solano, dueño de la propiedad donde se produjo el deslizamiento (en Pozo Azul de San Antonio de El Llano de Alajuelita), estimó que se movieron unas seis hectáreas de terreno.
“Hace unos 20 años, durante el huracán
Agregó que la montaña nunca dio señales en los últimos días de que algo no andaba bien.
“Oímos como a las 6:30 (de la tarde del viernes) un estruendo, y a los cinco minutos otro más fuerte. La montaña se vino abajo.
“Se oía el pedregal y la palizada que venía. Saqué a mis ocho hijos de la casa y pasamos la noche en un galerón. Hizo mucho frío”, relató. Parte del material, incluidas piedras de hasta “cuatro metros de alto”, se acumularon en playones del río.
A Amador le asustó ver el sábado al amanecer otros derrumbes en laderas cercanas; uno afectó una chanchera y cayó a escasos 300 metros de la cruz. Julio Madrigal, geólogo de la CNE, detectó durante un sobrevuelo varios deslizamientos a lo largo de la quebrada. En su informe preliminar calificó la cuenca como “altamente vulnerable” .