Eillyn Jiménez B.. 24 junio
Arturo Mancia sufrió un accidente el 26 de octubre del 2016, cuando se disponía a cruzar la calle con su amiga Saray Ríos. Actualmente, el muchacho cursa la carrera de Medicina en la UCR y espera que el juicio por el percance siente un precedente en el país. Foto: Alejandro Gamboa Madrigal
Arturo Mancia sufrió un accidente el 26 de octubre del 2016, cuando se disponía a cruzar la calle con su amiga Saray Ríos. Actualmente, el muchacho cursa la carrera de Medicina en la UCR y espera que el juicio por el percance siente un precedente en el país. Foto: Alejandro Gamboa Madrigal

“Hay un deseo en mí de que la muerte de mi amiga no quede impune, sé que el muchacho no iba con la intención de hacer ningún daño, pero por irresponsable nos afectó, si hubiese manejado bien no pasa nada”.

De esa forma resumió Arturo Mancia Elizondo su sentir de cara al juicio por las lesiones que sufrió el 26 de octubre del 2016, cuando se encontraba con su amiga Saray Ríos Ortega en la acera ubicada afuera de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Ambos se disponían a cruzar por el semáforo peatonal cuando fueron arrollados por un automóvil que invadió la acera, luego de ser impactado por otro vehículo que era conducido por un hombre de apellidos Cortés Tamallo.

Mancia sobrevivió, pero tuvo un proceso de recuperación extenso y, en la actualidad, aún arrastra algunas lesiones. En tanto, Ríos falleció en el sitio, por lo que Cortés, único sospechoso de los hechos, será juzgado a partir del 10 de junio del 2020 por los delitos de homicidio culposo y lesiones culposas.

Dos años y medio después del accidente y con una fecha fijada para el debate, Mancia conversó con La Nación sobre lo ocurrido y su expectativa de cara al proceso judicial.

Su principal deseo, aseguró, es que a partir de este caso se siente un precedente y los conductores sean más responsables al ver la luz del semáforo en rojo.

“Mi mayor expectativa es que la ley se cumpla y se siente un gran precedente porque en Costa Rica existe la mala costumbre de irrespetar el semáforo en rojo, eso es pan de todos los días porque las personas piensan que no va a pasar nada.

"Pero es importante que se tome conciencia de que no solo se pone una vida en riesgo, sino también la de otras personas”, manifestó Mancia sentado en una de las sillas de la Facultad de Medicina de la UCR, donde pasa la mayor parte del tiempo por cuestiones de estudio.

Razón de vivir

Este joven, nacido en Limón, afirma que el entusiasmo por su carrera le ayudó a agarrar fuerza para sobreponerse al accidente y a la muerte de su amiga, quien para el momento del percance tenía 25 años.

“La carrera me motivó a salir de la cama a pesar de que no podía caminar bien, en ese tiempo me sentía deprimido, casi no comía, pero al final me vine para San José y con andadera y bordón venía a clases.

“Superar la muerte de Saray fue muy difícil, porque aunque a mí me quedaron secuelas físicas, en cierta forma uno se va a acostumbrando, pero perder una persona cercana es muy difícil.

"En mi caso fue más complejo porque yo no recordaba nada luego del accidente y a los 15 días de estar en el hospital pregunté por ella y me dijeron que había fallecido, que ya estaba enterrada y eso hizo que afrontar la etapa de duelo fuese más difícil”, explicó este muchacho de 27 años.

Sus primeros recorridos entre el apartamento y la universidad fueron un reto, ya que pasó de durar cinco minutos a 45, pero con las terapias poco a poco fue recuperándose y ahora camina con mayor facilidad.

Asimismo, reconoce que en algunas ocasiones siente dolor por la fractura bilateral de pelvis que sufrió, pero recalca que lo más complejo de todo fue superar el hemotórax, un traumatismo que provoca que la sangre ocupe la cavidad pleural.

Del día del accidente recuerda muy poco, ya que su mente bloqueó los detalles, pero ahora dice estar tranquilo, viviendo una etapa de vida que soñó mucho y que le costó alcanzar.

Añade que el cumpleaños de Saray y la fecha del accidente son días duros para él; sin embargo, recalca que estar agarrado de Dios es fundamental para seguir adelante.

(Video) Joven fallece atropellada en acera

Futuro médico conoce en carne propia el dolor

Arturo, quien es oriundo de Batán de Matina, Limón, recalca que luego del atropello su perspectiva de vida cambió totalmente, tanto en plano personal como en el profesional.

Ahora valora más el tiempo con su familia y amigos, mientras que profesionalmente considera que haber estado en cama, utilizar un pañal y requerir ayuda para bañarse lo hizo humanizarse más.

“Tener el accidente siendo estudiante de Medicina me hizo estar más consciente de lo que estaba pasando con mi cuerpo y entender más a las personas que están en una cama. Aunque uno los ayude nunca entiende la magnitud de lo que se puede sentir, pero este proceso me hizo más profesional”, manifestó Mancia.

Arturo tiene una cicatriz en su pierna derecha, producto de una quemadura que sufrió en el accidente. Foto: Alejandro Gamboa Madrigal
Arturo tiene una cicatriz en su pierna derecha, producto de una quemadura que sufrió en el accidente. Foto: Alejandro Gamboa Madrigal

Asimismo, cuenta que llenarse de valentía para cruzar por el lugar en el que fue el accidente significó un paso importante, ya que en muchas ocasiones prefirió caminar más para evitar llegar a ese punto.

“Pasaron como dos años después del accidente para volver a pasar por ahí, prefería dar todas las vueltas necesarias y, aunque el recuerdo permanece, ya no me genera la ansiedad de antes, cuando me sudaban las manos”, contó el futuro médico.

Arturo y Saray se conocieron en el Colegio Técnico Profesional de Batán. Ambos sacaron un título en Contabilidad y al ganar el examen para ingresar a estudiar a la UCR decidieron compartir apartamento.

“Teníamos una amistad muy fuerte y en su último año de carrera, cuando ella no tenía donde quedarse, acudía a mí. Acá compartimos por un tiempo apartamento, luego cada uno se fue por su lado, pero íbamos a la misma iglesia y servíamos juntos aquí en San José”, describió.

Ahora la comunicación de Mancia es más que todo con la hermana de su amiga, aunque en ocasiones también conversa con don Roberto Ríos Borbón, padre de Saray.

Saray Ríos, la amiga de Mancia, cursaba la carrera de Administración de Empresas. Foto: Archivo
Saray Ríos, la amiga de Mancia, cursaba la carrera de Administración de Empresas. Foto: Archivo
Al banquillo de los acusados

En el accidente del que fueron víctimas Mancia y Ríos participaron dos vehículos, pero la investigación judicial determinó que fue el conductor de un BMW, de apellidos Cortés Tamallo, el que causó el hecho.

Por eso, pese a no conducir el carro que atropelló a los muchachos, ese sujeto es el único imputado.

La Fiscalía del Segundo Circuito Judicial de San José informó de que se solicitó la apertura a juicio contra Cortés, quien es investigado bajo el expediente 16-002513-175- por los delitos de homicidio culposo y lesiones culposas.

El juicio está programado para los días 10 y 11 de junio del 2020, detalló el departamento de Prensa del Poder Judicial.

De acuerdo con Alfonso Ruiz, abogado de Mancia y de la familia de Saray Ríos, ellos plantearon una acción civil resarcitoria y una querella.

Mencionó que, aunque hubo interés en una negociación durante las audiencias previas, no se concretó ningún acuerdo, ya que el imputado no tiene ningún bien para responder.

Económicamente, entre las dos partes que figuran como víctimas se hizo una petición de ¢475 millones por las lesiones, la muerte y el daño moral; sin embargo, Ruiz reconoce que difícilmente se cancele el monto.

El conductor del carro que atropelló a los universitarios perdió el control e invadió la acera luego de ser golpeado por un BMW conducido por un hombre de apellido Cortés, quien figura como sospechoso de los hechos y será juzgado a partir de junio del 2020. Foto: Archivo
El conductor del carro que atropelló a los universitarios perdió el control e invadió la acera luego de ser golpeado por un BMW conducido por un hombre de apellido Cortés, quien figura como sospechoso de los hechos y será juzgado a partir de junio del 2020. Foto: Archivo