
Bajo un local comercial en Heredia, que alguna vez funcionó como el bar Dude’s, se ocultaba un oscuro pasadizo. Hace un año, por ese estrecho corredor caminaron agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) hasta hallar un cuarto diminuto, con un cúmulo de tierra en el piso, una pala, concreto removido, un pico, un mazo y una escoba, acompañados por colillas de cigarro.
Las autoridades llevaban ya cuatro días buscando a dos primos que desaparecieron luego de una noche que inició como una salida entre amigos.
Por una ventana entraba una extensión eléctrica que alimentaba dos lámparas en la pared de este pequeño aposento. Al fondo del cuarto ubicaron una fosa cubierta por tierra, que a 87 centímetros de profundidad escondía un pie y, a un metro, envuelto en plástico negro, un primer cadáver, vestía camisa café de botones, una jacket negra, jeans y tenis blancos.
La cédula de identidad y la licencia de conducir, justo en la bolsa delantera de la jacket, revelaron que se trataba de Carlos Alberto Barboza Chacón, de 32 años. Junto a él apareció su primo, Jorge Humberto Barboza Abarca, de 33. Con camiseta, jogger negro, y un maletín en medio de las piernas, fueron sepultados en ese establecimiento, ubicado a tan solo metros de la Universidad Nacional.
Esa madrugada del 11 de febrero del 2025, arriba, en el salón principal, desastroso, colmado de sillas de madera desperdigadas y el suelo completamente cubierto por el polvo de extintores, la Unidad Canina detectó sangre en paredes y puertas cercanas al baño de hombres y al cuarto de limpieza del comercio.
El hallazgo confirmó el desenlace de un crimen atroz que por semanas estremeció al país. Los detalles de ese violento homicidio se fueron conociendo día a día y evidenciaron el ensañamiento con el que fueron asesinados estos dos hombres.

Jorge, quien también se conocía como Bam Bam, recibió múltiples golpes y una puñalada mortal en la región cervical posterior que atravesó su carótida izquierda.
Su primo Carlos, vencido por el licor y dormido en la barra de este establecimiento, recibió una puñalada mortal en el cuello y severas agresiones en el resto de su cuerpo.
Son ocho los presuntos implicados en la muerte de estos oriundos de Heredia, que la noche del 6 de febrero cruzaron las puertas de ese bar y no alcanzaron a salir. Durante varios días, imágenes que anunciaban la desaparición de los hombres se colocaron en varias partes de la ciudad, incluso una a solo metros de donde estaban los cuerpos.
En investigación
La semana pasada se cumplió un año desde que trascendió el caso. El Ministerio Público explicó a La Nación que al día de hoy no existe una pieza acusatoria, pues la causa, que se tramita en el 25-000983-0059-PE, se encuentra en la etapa final de investigación. Es por este motivo que tampoco se vislumbra pronto una audiencia preliminar para elevar la causa a juicio.
Por ahora, los sospechosos permanecen con medidas cautelares.
Jean Franco Segura Gómez, administrador del bar y uno de los sujetos que habría acabado con la vida de los primos, continúa en prisión preventiva desde su detención el 25 de febrero del 2025, cuando fue localizado en Nicaragua tras una alerta internacional de Interpol. La medida vencerá el 25 de este mes, al cumplirse un año desde su aprehensión.

Una valoración psicológica efectuada en 2021 por médicos de la Caja reveló que este sujeto tendía personalidad limítrofe, baja tolerancia a la frustración, alta impulsividad, ideas crónicas de muerte, fenómenos pseudo alucinatorios, cogniciones negativas y gestos suicidas.
También se señalaba que el hombre experimentaba episodios de “despersonalización y desrealización”, con una progresiva disfunción en sus relaciones interpersonales.
Otro sujeto de apellidos Rodríguez Pastrán, conocido como Cali, también se encuentra actualmente en prisión preventiva. En la misma situación están Bravo Díaz, Rodríguez Rivera y Díaz Álvarez.
Estos sospechosos fueron detenidos en marzo del 2025, durante allanamientos en casas ubicadas en San Francisco, Mercedes Norte y San Isidro de Heredia, así como en Alajuela y Hatillo. En setiembre se les amplió la medida por seis meses más, por lo que se mantiene vigente hasta el 3 de marzo del 2026.
Además de ellos, un hombre identificado como Palacios García permanece con monitoreo electrónico.
Por su parte, dos sujetos identificados como Serna Villamil y Herrera Sandí acudieron a una audiencia de medidas cautelares el viernes 6 de febrero de este año. El Ministerio Público solicitó que se impusiera prisión preventiva en su contra; sin embargo, el Juzgado Penal de Heredia ordenó las medidas cautelares de firmar cada 15 días, prohibición de ingreso a Heredia, prohibición de perturbar a los testigos e impedimento de salida del país durante todo el proceso.

Al inicio del proceso, Serna y Herrera descontaron prisión preventiva, pero luego, en la revisión periódica de la medida, quedaron libres. Pese a dos apelaciones de la Fiscalía, los jueces a cargo determinaron que los sujetos permanecerán en libertad.
Una presunta lucha de egos
Luego de que los primos fueron asesinados a puerta cerrada dentro de ese bar, sus cuerpos fueron refrigerados durante al menos tres días en un congelador blanco. El sitio continuó operando mientras un hombre, presuntamente contratado por Segura, cavaba una fosa para instalar un tanque séptico. En ella se encontraron los cadáveres.
Durante los primeros días se especuló sobre los hechos que habrían llevado a varios hombres a emboscar a las víctimas dentro del local. Inicialmente se pensó que un conflicto por un romance habría mediado en los hechos.
Cuando los primos ingresaron al bar, junto a un amigo de apellido Madrigal, este último halló a su expareja y madre de su hija junto a su nuevo compañero sentimental, un guarda de seguridad del sitio que ese día no laboraba. Hubo reclamos que escalaron en minutos y llevaron a Madrigal a salir del local y a los primos a quedarse para terminar las cervezas que consumían.
A puerta cerrada, relató entonces un testigo a las autoridades, se encontraban los ahora imputados con los primos. Se presume que Jorge comenzó a provocar a las personas que estaban dentro del local.
Jean Franco, en apariencia, se abalanzó contra Jorge, lo tomó del cuello y comenzó a golpearlo una y otra vez, hasta dejarlo inconsciente. “Le puso un pie encima como en la espalda, mientras estaba en el suelo, en ese momento el individuo de barba (Carlos Alberto) continuaba dormido en la barra, no se dio cuenta de lo que pasaba”, dijo un testigo a las autoridades.
El testigo sostuvo que habría sido Bravo Díaz quien atacó a Carlos Alberto. En apariencia, lo despertó, sacó una cuchilla que traía escondida y lo apuñaló en el cuello varias veces. Después del ataque, los cuerpos todavía respiraban y fue entonces cuando se sumaron más agresores: golpes, patadas y más puñaladas, se lee en el expediente judicial.
“El móvil real de la riña habría sido un enfrentamiento de egos y una lucha de poder y hombría entre Jean Franco y las víctimas”, relató un informe del OIJ tiempo después.
