Un menor de 13 años es el reo más joven que descuenta prisión por haber asesinado con un mazo a un anciano, después de escapar de un albergue en Desamparados, San José, en setiembre del 2010.
De acuerdo con la investigación, el muchacho golpeó en la cabeza al agricultor, de 78 años y luego cavó un hueco en el jardín de la casa de su víctima, en Santa Ana, San José, para enterrarla.
Ese hecho, lo llevó a descontar siete años de prisión en el centro de atención institucional Zurquí.
Ese adolescente figura dentro de una lista de 59 jóvenes que están recluidos por haber cometido homicidios siendo menores de edad. Ellos representan el 34% de la población penal juvenil sentenciada (176 casos).
Mayra Campos, fiscala adjunta Penal Juvenil, asegura que esa cifra se eleva a un 40% si se incluyen los menores detenidos provisionalmente, a quienes se les investiga por homicidios.
La mayoría de los adolescentes sentenciados (32) cumplen su castigo en la cárcel del Adulto Joven, en Alajuela; el resto se encuentran recluidos en el centro Zurquí (22), cárcel de mujeres El Buen Pastor (dos) y otros centros (tres).
Según estadísticas del Ministerio de Justicia, en el 2006, hubo ocho menores en prisión por cometer delitos contra la vida.
Cuatro años después, en el 2010, la cifra se elevó a 23 casos.
Sin embargo, el dato más alarmante correspondió al primer trimestre de este año, cuando se contabilizaron 33.
Desde el 2009, la Fiscalía ha acusado a 129 menores por homicidio, de los cuales 45 resultaron condenados; 33, absueltos; y 51 aún esperan juzgamiento.
“En mi experiencia, durante 15 años de la Justicia Penal Juvenil, no es normal que tengamos tantas acusaciones y casos pendientes de homicidio este año”, comentó Campos.
De acuerdo con la funcionaria, los homicidios eran muy esporádicos en el pasado reciente, pues había de uno a seis al año.
Entre los 59 sentenciados, a 20 los hallaron responsables de homicidio simple y los restantes 39 por homicio calificado.
Estos últimos casos ocurren cuando hay agravantes como matar para facilitar otro delito, por ejemplo el robo, o matar por un pago o promesa de pago.
Los hechos traen a colación el grado de violencia con el que los menores cometen los asesinatos.
Las autoridades han determinado que cinco menores formaron parte de grupos organizados cuando se condenaron, y solamente hubo un caso de aparente sicariato por una riña por narcotráfico.
“Al aumentar la violencia, y el delito grave, nos aumenta la población penitenciaria (subió un 100% desde el 2009) porque probablemente se le imponga la prisión y no medidas alternativas”, dijo.