
Óscar Hernández Rojas pasará los próximos 30 años en prisión tras ser declarado culpable de la muerte de la niña Miurel Camacho Cantillano, de 11 años.
La sentencia fue dada a conocer ayer por el Tribunal de Juicio de Goicoechea, tras analizar mucha prueba, sobre todo testimonial, que señaló a Hernández como el responsable del homicidio.
Miurel murió el 25 de agosto del año pasado víctima de varias heridas en el cuello, las cuales sufrió al ser atacada en su vivienda, en El Carmen de Goicoechea, San José.
Para los jueces Marco Castro, Alejandro López y Doris Arias, la responsabilidad del imputado quedó acreditada a pesar de que no hubo “testigos presenciales” del hecho y faltaron algunas pruebas científicas.
Entre los factores que, según los jueces, incriminaron a Hernández, de 54 años, estuvieron los “celos” que demostró cuando vio a la niña saludar a otro menor amigo suyo. Incluso, su enojo lo llevó a reclamar y a agredir al muchacho.
También lo vinculó el hecho de haber enviado a la pulpería al hermano de Miurel para quedar solo con la pequeña, en la mañana del ataque.
Pese a esos elementos, durante el proceso el encartado trató de desmentir la acusación y atribuir el crimen a una vecina.
Sin embargo, para los jueces la versión resultó “poco creíble”, sobre todo porque de ser así el propio Hernández lo hubiera evitado o al menos dado aviso, ya que él se encontraba en la casa de la niña.
Por el contrario, cuando el hermano de Miurel regresó de comprar pan ya ella había muerto y Hernández había desaparecido del lugar.
Según los testimonios escuchados durante el debate, el acusado era un amigo muy cercano a la familia de Miurel, al que invitaban a comer todos los días.
Incluso, le confiaban la llave de la vivienda para que él mismo llegara a prepararse alimentos.
El acoso
Los vecinos notaron que el hombre tenía especial preferencia por la niña, a la que acosaba y daba regalos.
Finalmente, el lunes 25 de agosto del año anterior llegó a la casa al aprovechar que la madre había acudido a una cita médica, mientras el padre y hermano mayor salieron a trabajar.
Tras asegurar con esmero “la escena” y quedarse solo con la pequeña, procedió a atacarla con el propósito de abusar de ella.
Cuando Miurel trató de evitarlo, Hernández se armó de un cuchillo de cocina y le propinó varias heridas, unas en las manos cuando ella se defendió y otras en el cuello, que le causaron la muerte ahí mismo.
Una pareja vecina escuchó golpes primero y luego gritos, pero cuando se decidió a entrar a la casa ya no había posibilidad de ayudar a la menor.
La Fuerza Pública capturó a Hernández horas después en mal estado de salud, debido a un intento de autoeliminación.