Natalia Monge

Es muy auténtica y de verdad que su gusto por la cocina no es de los labios para afuera, ya que en pocos minutos abrió una bolsa de harina de maíz, le agregó agua tibia y comenzó a amasar para convertir la mezcla en unas deliciosas tortillas con buena cantidad de queso mozarela, que se le agrega, dice ella, casi al final del amasado.

Aunque no hace las tortillas palmeadas en el aire como las guanacastecas (esa aclaración la hizo ella), sí las elaboró con gran destreza. Tomó una buena cantidad de masa, formó una generosa bola y comenzó a prepararlas en el sobre de la cocina solo con la ayuda de un trozo de plástico y sus dos manos. No usa de esas tablas que venden en el mercado.

En pocos minutos vimos unas tortillas bien redondas, cosa que nos llamó poderosamente la atención, pues quedaron perfectas y con un grosor parejo. Cuando llegó el momento de dorarlas, también lo hizo como una experta, y cuando las volteó, lo hizo aún mejor, tomó el sartén por el mango, lo levantó y en el aire logró darle la vuelta a la parte ya dorada.

Para ella es un lujo y un placer hacer estas tortillas y lo dice con mucho orgullo, pues en las familias modernas ya esto no se ve y por eso disfruta cuando las prepara, comenta mientras limpia cuidadosamente el área donde estaba cocinando.

Monge tomó una buena cantidad de masa, formó una generosa bola y comenzó a prepararlas en el sobre de la cocina solo con la ayuda de un trozo de plástico y sus dos manos.
Monge tomó una buena cantidad de masa, formó una generosa bola y comenzó a prepararlas en el sobre de la cocina solo con la ayuda de un trozo de plástico y sus dos manos.

Si hay algo que le gusta a Natalia cocinar cuando tiene más tiempo, sobre todo los fines de semana, son estas tortillas que aprendió a preparar desde pequeña al lado de su mamá, Victoria Quirós, en la ciudad de Heredia, de donde llegaron cuando ella tenía dos años de edad procedentes de su recordado y querido San Gabriel de Aserrí. Con sus padres vivió hasta los 26 años, para iniciar una nueva vida al lado de quien es hoy su esposo, el periodista Alonso Mata.

“Las tortillas para que queden bien ricas e infladas hay que prepararlas con agua tibia y esto me lo enseñó mi mamá. Además, los dedos deben quedar bien marcados en la superficie de ellas mientras se palmean”, comenta esta simpática costarricense, quien de lunes a viernes, a partir de las 5:00 de la tarde nos hace reír por radio Monumental mientras imita a la deportista Martha Emilia, a la reconocida periodista Pilar Cisneros, a la expresidenta Laura Chinchilla, así como a la arrogante Cinthya de la O y a la comelona Bartola, quien tiene una voz muy peculiar.

Otro de los secretos que aprendió de su mamá es que cuando las tortillas ya casi están doradas por ambos lados, toma una toalla de papel y con los dedos las presiona, para que se les formen unas capas y se vea mucho mejor el queso.

Por cierto, en su despensa no puede faltar la harina de maíz, pues siempre se le antoja preparar tortillas, las cuales son muy gustadas por su esposo y ni qué decir por su suegra, que pide para llevar. O sea, se ganó con creces a la mamá de Alonso. Algunas veces, dice, las disfruta con natilla, o en lugar del agua tibia, usa este lácteo para que la masa quede con una buena y rica textura.

Otro de los ingredientes que deben estar disponibles en la casa es el ajo, que lo corta finamente en grandes cantidades y lo conserva en aceite, para tenerlo siempre listo a la hora de cocinar, lo que hace de su cocinada algo más práctico. Los huevos y la sandía, que es su fruta preferida, forman parte de lo infaltable en el menú. No lleva lista cuando va al supermercado, pero tiene claro que estos no pueden faltar.

Natalia verdaderamente aprecia la cocina criolla y le gusta la sopa de mondongo que hace su mamá, lo mismo que la olla de carne. Es amante de los dulces como la miel de ayote, que cuesta conseguirla en el menú de nuestros restaurantes. Se le hace la boca agua cuando habla de sus gustados picadillos de arranche y de papa y la flor de itabo.

Pero aparte de las tortillas, otro de los platillos que le gusta preparar es la lasaña de pollo o de carne, que también aprendió al lado de su mamá y que extraña de cuando vivía con sus padres. “Lo que no pude hacer nunca es la salsa blanca que lleva este platillo, pero no me complico, la compro en sobres y listo”.

Natalia verdaderamente aprecia la cocina criolla y le gusta la sopa de mondongo que hace su mamá, lo mismo que la olla de carne.
Natalia verdaderamente aprecia la cocina criolla y le gusta la sopa de mondongo que hace su mamá, lo mismo que la olla de carne.

¿Qué comen o cocinan sus personajes?

Un tema obligado con esta esbelta tica, quien recientemente se escapó a Italia donde rompió la dieta con las pastas, que es una de sus debilidades, es hablar un poco de su trabajo en Pelando el Ojo. Para ella el personaje que más le gusta es el de Martha Emilia, que nació al recordar a una compañera de su querido colegio Castella, donde cultivó su mundo artístico. “Ella me inspiró para imitarla”, dice jocosamente.

Y hablando de su vida colegial, recuerda que los compañeros la motivaron para que se dedicara a a imitar, pues siempre pasaba en eso. Imitaba muy bien a la profesora Gina y se hacía pasar por ella cuando las compañeras estaban en el baño y ella les tocaba la puerta y les decía que debían ir de inmediato al aula.

Al consultarle qué podrían comer sus personajes, dice que Marta Emilia, por ser deportista, necesitará muchas proteínas, no es muy golosa y no comería dulces. Por su parte, doña Pilar es la mujer de los postres, pues una vez que ambas se encontraron ella se lo comentó.Bartola, por tener una soda, es como la más comelona, siempre busca comida y habla de comidas. Mientras que Cinthya de la O, que también la creó a partir de una compañera que tuvo en la universidad Latina, donde estudió Relaciones Públicas, se cuida mucho con su dieta, la cual es mediterránea.

¿Dónde come Natalia?

Cuando sale con su esposo y su hija Amanda, les gusta ir a restaurantes italianos y a los especializados en carnes. Sin embargo, ahora, por la niña, tienen que buscar otros lugares donde ofrecen un menú infantil.

El mejor arroz con leche es el que come en la Chicharronera Acserí, y también recuerda cuando vivía por barrio Tournón, las delicias de Café Mundo. Es una amante del café, y a propósito, uno de sus sueños es estudiar barismo y gastronomía, pues son sus pasiones.

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