
Cómo seducir a una mujer... Y no perder en el intento... (la dignidad).
Un famoso sicoanalista decía acerca de las parejas amorosas: “No entiendo cómo los hombres y mujeres aún insisten en relacionarse unos con otros en una unión permanente, si no hay acto más difícil que aceptar las faltas del otro, sin resolver las propias”.
Duele un poco, pero es cierto. Y si además le agregamos la inexperiencia que el hombre tiene en cuestiones de conquista y seducción, apoyadas por una sociedad machista que invita a hacer la guerra y no el amor, todavía se pone más difícil la cosa.
Bueno, si quisiera agregar un panorama aún más sombrío, debo agregar, el terror que el hombre le tiene a una mujer independiente, segura de sí misma y con pocas intenciones que el hombre le “maneje” la vida a su antojo. ¿Sumisa? ¡Mi abuela!
¿Entonces? ¿Cómo salir de ese atolladero? ¿Cómo hacer para que ese macho latino no se quede mirando el tele un fin de semana comiendo palomitas y engordando sus caderas con comida chatarra?

- Los hombres no ven como ven las mujeres
Los unos utilizan más el sentido de la vista y del tacto. Pompis y bubis es todo lo que ven y todo lo que quieren tocar. Por eso se llevan casi siempre una gran decepción en sus expectativas futuras. Y las otras no dejan sentido sin usar, es más, le agregan su más preciado secreto: el famoso “sexto sentido”.
Entonces, donde uno busca alocadamente, sin diferenciar ni discriminar (depende de la hora), con el pedido de dos minutos de atención como única exigencia, la otra espera, paciente, inteligente, con ánimos de escudriñar centímetro por centímetro del audaz pero ingenuo pretendiente.
Uno de los sentidos más importantes para ellas, es el olfato. Las mujeres elijen desde un perfume, pasando por un carro hasta un marido, solo utilizando su fino olfato. Recuerden amigos hombres las mujeres le “huelen” su falta de sexo. Y todo matizado con un gran ojo crítico: que la ropa que lleva, que el peinado que tiene, que si combinan los zapatos con la faja, que el aliento a trigal, que el pedacito de perejil entre los dientes. ¡Todo!
Un bastión, muy difícil de conquistar para el hombre si improvisa su estrategia.
Consejo 1:
No hay nada más excitante para una mujer que un hombre seguro de sí mismo, aplomado, de discurso seguro y firme, sin que se le note su “necesidad”. Y que mire a los ojos.
- El amor no es como el de las películas
¿Honestamente creen ustedes, queridos hombres, que ese sexo existe? O mejor dicho, ¿realmente creen que esa forma de lucha greco-romana es lo que las mujeres esperan? ¡Pecadito!... como dicen en este precioso país.
Consejo 2:
El amor es como una partitura perfecta y el sexo es la danza que esa partitura escribió. Bailen al son de la música honesta del corazón.
El deseo se construye de a dos
El hombre, desprovisto de su sentido de la vista puede sentir sensual todo lo que sea curvo y sedoso, ya sea una nalga de un maniquí tanto como un balón de fútbol recubierto de una tanga. La información que su tacto le manda al cerebro es una sola, “si, definitivamente eso es una nalga de una modelo sensual“. Y entonces, “ellos” (si, él y su otro y pequeño él), se preparan para una guerra en la que aún no existe bando contrario que esté dispuesto a contraatacar.
Dicho más técnicamente, el hombre no necesita específicamente del cuerpo de su mujer para erotizarse (al fin y al cabo, un trasero es un trasero, concluye). Entonces, su parte egoísta, prepara y deja listos sus órganos sexuales. Mientras tanto, la mujer ni siquiera se ha dado por enterada, ni se siente invitada a la cita erótica. Entonces es cuando el deseo del hombre pasa por sobre el deseo de la mujer, no le da espacio para poder crearse. Mejor dicho, no deja espacio para la cocreación. Y es entonces cuando aparece el famoso “dolor de cabeza” ( excusa por demás condescendiente de la mujer hacia el hombre. Si fuera más directa, le diría que se compre un manual para aprender a dar placer).