
Se me revuelve el estómago cada vez que recuerdo al enfermo que me faltó el respeto en el centro de San José una tarde de octubre. Irónicamente, el hecho ocurrió al costado de la Plaza de las Garantías Sociales.
Un taxista bajó el vidrio de su ventana y procedió a observarme como si fuera un pedazo de carne, como si desfilara para él, como si fuera su propiedad y como si tuviera derecho sobre mí, sobre una mujer desconocida que caminaba tranquilamente por la capital.
Como si la falta de respeto no fuera suficiente, vociferó una seguidilla de improperios, vulgaridades y faltas de respeto – que seguramente le parecieron piropos ingeniosos: me contó lo que me quería hacer, me contó cómo lo haría y me detalló lo que opinaba de mi aspecto físico.
LEA TAMBIÉN: ¿Cómo hacer una denuncia contra el acoso callejero? Día 1
Invadida por la cólera, le dije que lo que me decía me daba asco y le pedí que se callara, que me respetara... El taxista se bajó del auto mientras continuaba con sus cánticos de ofensas, para demostrarme que no lo iba a poder callar, que él no iba a parar... Me llené de miedo, pero sabía que debía documentar lo que me estaba pasando. ¡Yo venía de escribir una nota sobre el acoso callejero para el sitio web de Perfil! ¡Era el colmo! No lo documenté solo por mí, lo documenté por todas las mujeres y por todos los hombres que alguna vez han sido acosados, lo documenté por Gerardo Cruz, lo documenté porque este es el momento de hacer un cambio en nuestra sociedad. Esto nunca fue un tema de mujeres, es violencia.

Decidí tomarle fotos al tipo que me estaba irrespetando. Cuando me vio con celular en mano, hizo gestos desafiantes, hizo suposiciones sobre mis prácticas sexuales y procedió a agarrarse "su hombría" para reafirmar su mensaje de poder, de su supuesto poder sobre mi... Por él ser hombre y yo mujer.
¿Qué pasa por la mente de una persona que se baja del carro y se agarra sus genitales, mientras le falta el respeto a una completa desconocida?

Honestamente no sé qué esperaba ese tipo. Lo que sé es que me sentí violentada, agredida e irrespetada.
El tipo siguió su camino cuando el semáforo verde y los pitos lo obligaron. Nadie reaccionó. Nadie dijo palabra, pero todos lo vieron. Él siguió pero yo no pude, no puedo. Ya es suficiente soportar tanto acoso en nuestras calles.
Tomé la decisión de llamar al 911 para registrar lo sucedido. Solo contaba con las fotos y el número de placa del individuo. En el 911 me preguntaron si el agresor había tenido contacto físico conmigo. ¡Solo eso me faltaba! Durante la llamada, me dejaron muy claro que lo que hacía no es una denuncia formal, sino un registro del hecho.
Para denunciar hay que ir personalmente al OIJ. Va a ser más complicada porque cuento con pocos datos, pero voy a hacer el esfuerzo. La bondad de las redes sociales me ha brindado información que puede ser útil.
Solo si nos unimos como sociedad vamos a lograr parar el acoso en las calles. Según el Inamu, las mujeres latinoamericanas lo sufrimos desde los 9 años. No es posible que esto se vea como algo natural. ¿Por qué tenemos que soportarlo? Es hora de hacer cambios en la legislación de este país. No puede ser posible que una denuncia de acoso se vea como una contravención. Yo quiero caminar por la calle tranquila y estoy segura de que usted también. Siempre pensaré que el victimario es el que se queda callado. ¡Denunciemos!