Vida

Lo que sí podemos planear en 2021

Este año me enseñó que no podíamos haber planeado lo que aprendimos ni prever lo que no podíamos controlar

Nunca hago resoluciones de año nuevo, al menos no en voz alta. Cualquiera que, como todos los años, haya hecho su lista de planes y resoluciones en diciembre 2019 para 2020 lo pensará dos veces este año. Sin embargo, este diciembre sí hice lista.

Este año me enseñó que no podíamos haber planeado lo que aprendimos ni prever lo que no podíamos controlar; me mostró cómo todos nuestros hábitos se replantearon en cuestión de semanas. La mayor influencia que podemos tener son los hábitos. Son los únicos capaces de generar cambios reales. Todos los resultados que buscamos en soluciones inmediatas que no existen, son aquellos generados con hábitos que podamos adoptar y mantener. Y algo aprendimos, algunos hábitos cambiamos y lo mejor para el 2021 sería no olvidarlos, capitalizarlos, no desaprender lo que descubrimos (a la fuerza) que estaba bueno.

¿Con qué nos quedamos? La cocina fue el lugar central de la casa, junto con el “no lugar virtual” de Zoom. Le dimos mucha más importancia a la comida, devolviéndole finalmente el lugar que en realidad siempre tuvo, pero teníamos tantas distracciones que algunos no se habían dado cuenta. Lo que comemos importa, es casi lo más importante que hacemos. Acá va una breve lista de lo que me gustaría lograr, ¡y que alguno más me siga!

No todo en el mismo lugar. Esto termina homogeneizando la oferta. lo que es malo para todos. Lo fresco, vegetal, se compra en la verdulería, o quizás algunos se engancharon con la bolsa semanal. Yo prefiero bolsa estacional cada 15 días y en medio comprar lo que me van dando ganas. Para cada uno es diferente, pero quizá son fan de los vinos y ya no conseguís en el supermenrcado las etiquetas que buscás. O preferís un yogur más artesanal, que comprás en una tienda cerca de casa. O descubriste la diferencia entre un queso común y uno espectacular que te hicieron probar, que encima no es más caro, pero lo tenías que buscar o encargar.

Elegí lo que te gusta mucho y ponele esfuerzo en conseguirlo, porque lo disfrutás y porque ya no te da lo mismo. Lavar todos los vegetales y frutas apenas llegan Este cambio obligado que tuvimos es el que creo que más impacta, pero que quizás sus ventajas (aparte de las sanitarias) no se ven a simple vista.

Si cada vez que vamos a pensar qué comer en casa tenemos que antes lavar todas las hojas, la fruta, esto nos acerca más al teléfono o la app para delivery que al horno y la hornalla. Abrir la heladera y directamente comer el durazno, o cortar los tomates, rallar la zanahoria. Lavarlos al llegar elimina obstáculos invisibles. Descartar dos pasos de un proceso es mucho, y lo logramos. Ahora es cuestión de mantenerlo.

No era tan difícil. Quizá algunos se embarcaron en misiones más heroicas, como la masa madre, algún fermento o recetas largas. Pero muchos simplemente empezaron a hacer lo que les gustaba comer. Las cosas simples, por primera vez, o como siempre pero un poco mejor. Milanesas más ricas, alguna tarta, salsas..., en 2020 seguro que el repertorio de su cocina cambió, se amplió y te gustó. Te da un poco de orgullo, de satisfacción personal haberlo logrado.

Cocinar consigue eso, hasta en aquellos que están convencidos de que no les gusta. Cocinar hace que lo hagas cada vez mejor, cocinar hace que comas mejor.

En algún momento de pasar tiempo en casa y de usar más la cocina nos dimos cuenta de la cantidad de cosas mal ubicadas o innecesarias que teníamos. Cajones sobrecargados que no cerraban y a veces ni abrían, estanterías con bolsas mal cerradas y otras completamente olvidadas. Mesadas con solo un 15% de su espacio libre para trabajar. Sartenes con el teflón salido y más de una poco confiable en la que se pega todo. Y la verdad es que usamos siempre la misma. Para estar cómodo trabajando en la cocina, menos es más. Poco, que funcione, que sea de fácil acceso, que esté a mano, ordenado para ver lo que hay y lo que falta, y lugar para poder preparar nuestra comida.

No necesitamos cocinar todos los días. Algunos días cocinamos más de una cosa, ya que prendimos el horno para un tarta, metimos también un zapallo, o cebollas y morrones, para aprovechar el calor y el tiempo en la cocina. Tener una tortilla hecha, cortar un tomate, guardar bien el pollo que quedó para hacer una ensalada o un sandwich. Si hacemos salsa, preparar el doble y guardar la otra mitad. Algunos días se resuelve con lo que hay y otros cocinás. Otros, de vez en cuando, pedís algo.

Pasar tiempo en las plazas al aire libre. Usar el espacio público para compartir con amigos, la familia, hacer ejercicio, caminar, jugar o descansar. Mirábamos los espacio verdes de la ciudad desde el auto o colectivo. Hoy hacemos picnics. No volvamos a ver el verde por la ventana; sigamos saliendo, que los parques son nuestros. En cuanto a todo el resto de las resoluciones anuales, no me animo a hacer ninguna. Estas sé que las puedo manejar, por que ya las pusimos en práctica, que no sean solo parte de un momento extraordinario. Transformarlas en hábitos es el desafío. El impulso que todos necesitamos para cambiar algo vino de golpe y ni nos avisó (ni lo vimos venir). Lo bueno que puede salir de esto está en nosotros.

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