
A inicios de siglo, en el 2000, dos italianos unieron su sazón en un restaurante esquinero, en medio de una zona tan residencial que casi se podía olvidar que se estaba en pleno centro de San José: Barrio Escalante. Ese lugar, el Ristorante L'Ancora, sigue ahí pero ahora es acompañado por alrededor de 30 locales más que ofrecen los sabores de su cuchara con los que se pueden visitar cientos de países a través del paladar y regresar a una Costa Rica que busca su identidad en la gastronomía.
La columna vertebral de ese desarrollo urbano es el Paseo la Luz, que tomó su nombre de la pulpería —algunos dicen que era, en realidad, una cantina— que se ubicó desde los años 40 en la calle 33. No obstante en las calles aledañas de todo barrio Escalante cada vez aparecen más cafés, restaurantes, gastropubs, pizerrías o creperías. Algunos buscan conquistar a los comensales nocturnos y se especializan en cerveza artesanal, vinos, tapas o comida gourmet. Otros buscan atraen a la hora del brunch o del almuerzo. No importa si se es vegano, celiaco, o carnívoro empedernido. Barrio Escalante tiene una silla y una mesa para todos.

En equipo
Seis de los establecimientos se han unido para fortalecer y divulgar estos espacios como "Paseo Gastronómico la Luz": Sofía Mediterráneo (otro de los pioneros en el barrio), Luz de Luna, Olio, Keidas Lounge, The Beer Factory y L'Ancora. Dos restaurantes nuevos conversan con el grupo para unirse a la iniciativa.
"Nosotros estamos apostando, además de unir el arte, con la cultura y con la gastronomía, a reinterpretar una identidad tica, que hace tanta falta", explica Silvia Rodríguez, propietaria del hotel y restaurante Luz de Luna.
El trabajo conjunto inició en el 2009 e incluyó a la Municipalidad de San José, al Ministerio de Cultura, al Ministerio de Gobernación y a la asociación de vecinos. La relación con los últimos es esencial ya que, tras las luces y el gentío de cada noche, Barrio Escalante sigue siendo el hogar de muchos y el temor de un conflicto entre los hogares y los comercio es latente, según explica el propietario de Sofía Mediterráneo, Mehmet Onuralp.
"No es solo hacer una buena gastronomía porque los vecinos son 64% del barrio, es residencial. La realidad es comerciar en una zona mixta. Tenemos que dar cada paso integrado para los dos lado: no puedes venir aquí a hacer una bulla y quitarle la libertad de silencio a la gente", dice Onuralp.
Un año en Escalante
Otra que ha buscado una relación armónica con los residentes aledaños es Camille Ratton, del Restaurante Kalú, quien hace poco más de un año dejó Barrio Amón para ubicar su proyecto a una cuadra del Paseo la Luz. Tras siete años en una zona con una mayor presencia de turistas, la mudanza a Barrio Escalante implicó cerrar a una hora adecuada para no molestar a los habitantes de al lado. El resultado, no obstante, ha sido positivo.
"Cuando uno llega como proyecto gastronómico y cultural, siento que Escalante es un barrio que está muy anuente a recibir propuestas nuevas", declara la chef, quien además asegura que el nuevo local le dio la oportunidad de duplicar la operación.
Rodríguez, Ratton y Mehmet Onuralp comparten una opinión: no creen que sean competencia. Para ellos, lo primordial es el desarrollo del barrio como un punto de encuentro para crear ciudad y un norte gastronómico. "¿Por qué no tener una ciudad decente donde el turista se puede quedar al menos dos noches?", se pregunta Rodríguez.
Por ahora, el Paseo Gastronómico la Luz parece ir en una buena dirección. Lejos de ser un centro para los excesos, es un espacio de encuentro y oportunidades culinarias alternativas en medio de la capital, donde antiguas casas se convierten en nuevas propuestas. Aún tiene espacio para crecer: al recorrerla nos percatamos de un edificio esquinero en media remodelación. De ese día a la publicación de este artículo ese rincón se ha convertido en el nuevo hijo del barrio. Se llama Wilk y, además de servir comida, se especializa en acercar a los comensales al mundo de la cerveza artesanal.

Un festival, buen precedente
El pasado 19 de abril de 2015 se realizó el primer Festival Gastronómico La Luz en la calle 33. Los seis restaurantes afiliados se unieron para llevar, por ese domingo, sus cocinas a la calle, invitar a productores locales y contar actividades culturales. Los organizadores desean que este no sea el último encuentro.
Según cuentan, ese día esperaban 5 mil personas, pero llegaron más de 10 mil. "Eso significa que aquí hay una cultura, que hay una educación. Lo que se necesita es encontrar espacios", recalca Silvia Rodríguez. Ahora el objetivo es realizar otro a finales de año centrando en el arte. Después, pretenden realizar tres actividades anuales: una gastronómica, una cultural y otra artística.