Vida

Hacienda AltaGracia: suntuosidad entre montañas

Todos nos merecemos una visita a este destino. Aquí se va a relajar, va a disfrutar de cada segundo y se va a llenar de buena energía. El mejor resort de lujo de Centro América está en Pérez Zeledón.

Debo iniciar esta nota confesando que solo tenía claro que no quería dejar aquél trozo de cielo que bajó para mezclarse con la vegetación y mostrarse en forma de hacienda; pero no cualquiera. Si no una que deja huella con su lujo en cada rincón, con su aprecio por el arte evidenciado en cada esquina y su pasión por lo ecuestre.

La percepción de una más que placentera experiencia no es solo mía. En el 2017 este hotel boutique recibió el galardón de mejor hotel en Centroamérica por Condé Nast Traveler Reader´s Choice Awards, uno de los reconocimientos más prestigiosos en la hotelería.

Alta Gracia está ubicado en las montañas de Pérez Zeledón, a unos 30 minutos del centro de la ciudad y del aeropuerto. Para arribar a este sitio tiene varias alternativas: por carretera, en vuelo al valle del General o a través de un charter directamente a la propiedad. Esta última fue la ruta que utilizamos, son 30 minutos desde el aeropuerto Tobías Bolaños.

La propiedad suma 350 hectáreas entre fincas y bosque en proceso de reforestación. Unas 45 son utilizadas por las instalaciones del hotel.

Un camino de lastre y adoquín los lleva hasta la recepción principal. El punto de bienvenida y donde inicia la magia de este lugar. Sus habitaciones son en realidad pequeñas casitas con presuntuosos detalles en maderas, metales y mármoles.

La pasión por el arte de sus propietarios es evidente en especial en Casa Grande, una casona con aire antiguo que reúne el bar, la biblioteca, una amplia sala de estar, un estudio, entre otros espacios.

Las obras son principalmente de artistas costarricenses inspiradas en la femineidad, la fauna, lo ecuestre y costumbres populares.

Estar en este sitio es como entrar a un Alhambra. Su diseño es aspiracional, de lujo, de grandeza. Disponen de tres tipos de casas todas ellas con las comodidades más que necesarias.

Nosotros nos hospedamos en una delux suit, espacio dividido en dos grandes alas. A la derecha la habitación con una de las mejores camas rodeada de ventanales que deja entrar el sol por la mañana y admirar el amanecer; a la izquierda el baño con paredes de porcelanato blanco que le da un aire de pulcritud al espacio. Los aromas de menta, jengibre y las hierbas que afloran tras cada ducha convierten el espacio en un pequeño spa de aromaterapia.

Si realmente desea vivir la experiencia de relajación puede ir al Auberge Spa, uno de los más grandes de Centroamérica. Además de las habitaciones para tratamientos dispone de una piscina que a primera vista evidencia la opulencia que merece quien lo visita.

Para movilizarse tiene dos alternativas: aventurarse por los estrechos senderos entre jardines o solicitar transporte interno.

En uno de los puntos más bajos se ubican los restaurantes. Para el desayuno puede visitar El Ámbar, que dispone de una terraza única con vista al valle del General. Dentro ofrece un bar con amplia colección de licores para disfrutar de un aperitivo durante el día. Por la noche se convierte en el sitio preferido para una cena elegante.

Si prefiere una alternativa mucho más casual deberá visitar El Bistró, abierto para almuerzos y bocadillos, bajo una línea gastronómica muy práctica que fusiona el estilo costarricense con pequeños aires de la cultura mexicana, propios de la experiencia del chef. Cuenta con una amplia cava.

Para eventos y cenas especiales puede reservar El Grill, ubicado en el centro ecuestre.

Desde que AltaGracia vio la luz como proyecto hotelero, la zona tomó otra forma. Algunas de las 350 hectáreas de la finca, son alquiladas para cría de ganado, otra parte está destinada a reforestación y otro tanto para la tenencia de ecuestre.

Fueron poco más de las 22.000 árboles los que ahora tupen los alrededores donde se puede practicar el senderismo. Este trabajo de repoblación de especies ha permitido también que poco a poco la fauna se vaya acercando. Pumas, ocelotes y jaguarundís se han visto en las cámaras trampa de distintos proyectos ambientalistas.

Ultraligeros, almuerzo en la catarata, aventuras en tirolesas, rápidos, talleres de queso, y clases de cocina costarricense son algunas de las opciones que bien podría desarrollar.

En todo esto no se puede olvidar la experiencia ecuestre. Es tal la pasión por estos animales que disponen de más que una cuadra para albergar a sus más de 50 caballos. Salas de chequeo, salas de parto, veterinarios, jinetes…

La salida al tour a caballo estaba programado para las 8 a. m. Me tocó montar a Melchor, un caballo costarricense de 13 años. Luego de las instrucciones y una vez con el casco puesto inició el viaje a paso lento, sin contratiempo, pero con ritmo.

Miguel Díaz, el jinete que nos acompañó, asegura que “montar a caballo es como bailar”, se debe ir a su ritmo, en el mismo movimiento y con la misma sinergia.

No por nada este lugar se coronó como el mejor resort en Centroamérica en 2017. Lo mejor de todo es que está aquí en Costa Rica, a solo 30 minutos de San José.

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