Jose Alberto Gatgens. 9 julio

La comida nos alegra, nos insufla vida y satisfacción. Nunca mejor dicho esto que el placer que nos produce el pecado de la carne.

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Fuego, brazas ardientes, aceros filosos que rebanan la carne de un tajo, deleite, gozo, satisfacción, saciedad danzan en espadas que giran y giran en un ritual al que asistimos por nuestra voluntad. Y uno de los sitios donde los pecadores de la picanha, el fuego y el carbón nos gusta ir a consumar nuestro acto es a Fogo.

Este rodizio ocupa ahora el espacio que fue del hotel Grand Tara, que antes fue el Casa Blanca, en San Antonio de Escazú, a pocos minutos del centro de la ciudad. La nueva ubicación es una magnífica casona al estilo sureño estadounidense, con altas columnas blancas y salones llenos de enormes ventanales.

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Piscina, jardines, habitaciones y, en especial, la vista de todo San José, Heredia y parte de Alajuela son complementos de la actividad central de Fogo: la carne.

¿En qué se diferencia el nuevo Fogo del que estuvo en la Sabana? Por la pandemia, hay algunos cambios en el bufete, pero el rodizio todo sigue igual, según Sthepanie Barth, encargada de Mercadeo del restaurante.

Ella nos explicó que ahora, por disposiciones del Ministerio de Salud, no pueden haber bufetes, por lo que ofrecen las entradas frías, calientes, al igual que las guarniciones, a la carta.

Las bebidas, si bien en todo rodizio se cobran aparte de la tarifa plana, aquí enfatizan su carta de vinos y cocteles, para que la experiencia esté a la altura de cualquier gusto. No obstante, en el paquete actual de $45 ii incluye una bebida y postre de la casa. También se aprovecha la infraestructura del inmueble como hotel y tienen paquetes con el rodizio, la habitación y el desayuno incluido.

De aquí en adelante es igual al Fogo que ya conocíamos: unos 11 cortes de carne irán desfilando por la mesa de los comensales trozo a trozo, corte a corte: el baby beef, el delicioso chorizo picante con chile panameño, su majestad la picanha, pollo con tocineta y hasta chicharrones.

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Las carnes maduras irán llegando a su mesa para que no se esfuerce y se concentre en los sabores, en el deleite sincero y egoísta que supone mimarse con lo que a uno le gusta: la carne jugosa que, al igual que el carbón, calienta el corazón y lo acerca a uno al cielo.

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Alberto Gatgens es periodista gastronómico. Ha escrito los blogs Santa Cuchara en www.revistaperfil.com, Coma y Punto en www.nacion.com y ahora se escribe su propio blog www.elgastronomista.com, sus redes sociales son https://www.facebook.com/gastronomistacr/ e https://www.instagram.com/elgastronomistacr/.