
Cuando se habla de Gabriela Traña, inevitablemente aparecen palabras como maratón, Juegos Olímpicos, disciplina y alto rendimiento. Su nombre está ligado a una de las carreras deportivas más importantes del atletismo costarricense y a una vida marcada por la constancia. Sin embargo, detrás de la atleta olímpica también existe una mujer cálida, profundamente familiar y apasionada por enseñar.
Lejos de la imagen fría o estricta que muchas veces se asocia con el alto rendimiento, Gabriela transmite cercanía. Habla con entusiasmo de su familia, de sus sobrinos, de las reuniones en casa, de los coros de iglesia y de las tradiciones familiares. Creció en una familia numerosa, rodeada de cinco hermanas y un hermano, en un ambiente donde el trabajo, la disciplina y la unión familiar siempre fueron prioridad.
“Somos muy de celebrar juntos”, cuenta entre risas al recordar cumpleaños, matrimonios y actividades familiares que siguen reuniéndolos constantemente. Esa cercanía también se refleja en la forma en que habla de sus sobrinos, a quienes prácticamente vio crecer mientras ella entrenaba para competir al más alto nivel.
Una vida marcada por el movimiento
Aunque muchos podrían pensar que el atletismo llegó a su vida por casualidad, la realidad es que Gabriela siempre fue una persona activa y dinámica. Desde niña participaba en todo lo que podía: actos cívicos, coros, actividades escolares y deportivas. Le gustaba estudiar, aprender y mantenerse constantemente ocupada.

El deporte competitivo comenzó formalmente cuando ingresó al colegio y descubrió el atletismo. Lo que empezó como una actividad más rápidamente se convirtió en una carrera de alto rendimiento. En poco tiempo ya representaba al comité cantonal y posteriormente participaba en campeonatos centroamericanos, entrando desde muy joven a un sistema deportivo exigente, lleno de marcas mínimas, clasificaciones y competencias de alto nivel.
Con los años, esa disciplina terminó convirtiéndose en una herramienta que moldeó gran parte de su personalidad. Gabriela reconoce que el deporte le enseñó a manejar la presión, a desarrollar constancia y a construir una mentalidad que luego trasladó tanto a su vida profesional como personal.
“Uno aprende que el deporte no es solamente competir o ganar medallas. También forma el carácter, la disciplina y la manera en que enfrentás la vida”, explica.
Los Juegos Olímpicos que cambiaron su perspectiva
Gabriela llegó a los Juegos Olímpicos gracias a la maratón, una prueba que inicialmente ni siquiera pensaba correr de forma profesional. Mientras terminaba su tesis universitaria sobre estado nutricional y rendimiento deportivo, su idea era retirarse del atletismo competitivo y dedicarse únicamente a trabajar como nutricionista. Sin embargo, su entrenador insistió en que no podía retirarse sin correr al menos una maratón.
Ese “último intento” terminó cambiándolo todo.
Corrió la maratón de Disney, ganó la competencia y además hizo un tiempo mucho mejor de lo esperado. A partir de ahí comenzaron a abrirse puertas importantes: patrocinadores, competencias internacionales y finalmente la clasificación a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Más adelante también llegaría Londres 2012, donde además tuvo el honor de ser abanderada de Costa Rica.
Aunque los resultados deportivos marcaron su carrera, Gabriela asegura que lo más valioso de la experiencia olímpica fue entender el verdadero significado del olimpismo. Más allá de competir, descubrió una filosofía enfocada en los valores, la representación del país y la formación integral del atleta.
“Ahí entendí que ser atleta no es solamente correr rápido o ganar. También hay una responsabilidad como persona y como representante de tu país”.
Esa visión integral terminó influenciando profundamente la forma en que hoy ejerce su profesión.
El día que descubrió que la nutrición era su camino
Aunque siempre supo que quería trabajar en algo relacionado con la salud, Gabriela inicialmente pensó en estudiar medicina. De hecho, nutrición era apenas su segunda opción universitaria. Sin embargo, todo cambió durante un viaje a Guatemala, cuando conoció a una nutricionista del Comité Olímpico de ese país que terminaría marcando su vida profesional.
La conversación fue sencilla, pero determinante. La especialista le hizo una pregunta que jamás olvidaría: “¿Qué cree que es más importante: darle un medicamento a alguien cuando ya tiene dolor o evitar que llegue a ese dolor?”.
La respuesta de Gabriela fue inmediata: prevenir.
En ese momento comprendió que la nutrición tenía justamente ese poder. No solamente ayudar cuando la enfermedad aparece, sino prevenir, acompañar y mejorar la calidad de vida de las personas desde mucho antes.
Aquella experiencia también le permitió entender que su historia como deportista le daba una perspectiva distinta dentro de la nutrición deportiva. Mientras otros aprendían el deporte desde los libros, ella lo había vivido desde adentro: las competencias, el cansancio, la presión, la recuperación y las exigencias físicas y emocionales del alto rendimiento.
Nutrición deportiva para vivir mejor
Aunque la nutrición deportiva suele relacionarse únicamente con atletas profesionales o personas que buscan aumentar masa muscular, Gabriela insiste en que el verdadero objetivo va mucho más allá de eso. Para ella, cualquier persona que practique actividad física debería aprender a alimentarse correctamente para cuidar su salud y potenciar su bienestar.
Explica que el ejercicio aumenta las necesidades nutricionales del cuerpo y que una mala alimentación termina pasando factura, aunque muchas veces las consecuencias aparezcan años después. Por eso insiste tanto en la importancia de educar y no solamente entregar dietas.
Su enfoque busca que las personas aprendan a entender su cuerpo, reconocer sus necesidades y construir hábitos sostenibles según su estilo de vida, edad y nivel de actividad física.

“No existe un único plan perfecto. La nutrición siempre debe adaptarse a la persona”.
Esa filosofía también nace de su experiencia trabajando tanto con atletas de alto rendimiento como con pacientes que simplemente quieren sentirse mejor, prevenir enfermedades o recuperar salud. Para Gabriela, el movimiento y la alimentación son dos herramientas inseparables cuando se habla de bienestar integral.
La salud como un trabajo de todos los días
Después de años dedicados al deporte y a la nutrición, Gabriela sigue creyendo firmemente en algo sencillo: la salud se construye en los pequeños hábitos diarios. Por eso insiste tanto en la importancia de la variedad alimentaria, el ejercicio constante y el equilibrio.
Lejos de los extremos o las tendencias rápidas, su visión apuesta por la prevención y por enseñarle a las personas que el cuerpo necesita movimiento, descanso y buena alimentación para funcionar correctamente a largo plazo.
Quizás por eso, cuando habla de nutrición deportiva, lo hace desde un lugar mucho más humano que competitivo. Porque aunque las medallas y los Juegos Olímpicos marcaron su historia, hoy su mayor interés parece estar en ayudar a otros a descubrir que cuidar el cuerpo no debería ser una obligación estética, sino una forma de vivir mejor.
