
Hay historias que suelen contarse desde un solo ángulo. En el caso de los deportistas, por ejemplo, la narrativa casi siempre gira alrededor de lo que ocurre dentro de la cancha: los goles, los títulos, las lesiones y la carrera profesional.
Sin embargo, detrás de muchas de esas trayectorias hay historias paralelas que sostienen la estructura familiar, emocional y muchas veces también económica que permite que todo lo demás funcione.
En el caso de Dyana Guillén, esposa de Pablo Gabas, esa historia ha estado marcada por la capacidad de reinventarse, aprender sobre la marcha y liderar un proyecto empresarial que comenzó como un simple pasatiempo y que, casi dos décadas después, se convirtió en una empresa que hoy se sostiene gracias a un gran equipo de trabajo.

En entrevista con revista Perfil, Dyana Guillén abre su corazón y cuenta la historia de cómo se fue transformando como mujer y la forma en la que ha crecido en sus distintos roles y etapas.
“Decía que jamás podría estar con un futbolista”
Paradójicamente, la historia de Dyana con el fútbol comenzó con una convicción que hoy recuerda con humor.
Durante su adolescencia solía repetir, casi como una promesa personal, que nunca se casaría con un futbolista. Creció en Santa Bárbara de Heredia, y asistió al Liceo de Santa Bárbara que se ubica justo frente al estadio, por lo que desde muy joven fue testigo de la fascinación que generaban los jugadores en algunas de sus compañeras.

“Recuerdo cuando el club ascendió a primera división y comenzaron a llegar extranjeros al equipo. Mientras muchas de mis compañeras del colegio hablaban con entusiasmo de los futbolistas que llegaban al equipo, yo veía ese mundo con distancia y escepticismo. En mi mente predominaban los estereotipos que solían rodear a ese ambiente de fútbol: fiestas, fama y una vida demasiado agitada como para imaginarla como proyecto personal”, cuenta como recuerdo divertido.
La llegada del argentino
Lo que no imaginaba entonces era que, años más tarde, conocería a un futbolista argentino que rompería completamente esa idea preconcebida y que terminaría convirtiéndose en su compañero de vida.

El encuentro ocurrió en un contexto muy distinto al que ella imaginaba cuando pensaba en el mundo del fútbol. Pablo Gabas, el hombre que más tarde sería su esposo, llegó al país para jugar profesionalmente y en ese proceso conoció primero a los padres de Dyana en la iglesia.
Fue un año después, cuando él regresó de una temporada fuera del país, que finalmente coincidieron y comenzaron a compartir espacios y, ahí confirmó que se trataba de un muchacho con principios y valores similares a los de ella.
El inicio de la historia de amor
La relación nació desde la amistad, sin prisa y sin expectativas inmediatas, pero con el tiempo fueron descubriendo que compartían intereses y una forma similar de entender la vida. Aquella relación que comenzó de manera sencilla terminó convirtiéndose en un matrimonio que hoy suma más de veinte años, dos hijos adolescentes y un camino construido entre Costa Rica, Argentina y varios destinos a los que la carrera deportiva los llevó con el paso del tiempo.
“En aquel momento todo era muy distinto, mi vida profesional tenía un rumbo completamente diferente. Me había graduado como Socióloga, sin embargo, combinar la profesión para el poder ejercer, y al mismo tiempo acompañar a Pablo, se hacía difícil, lo intenté trabajando en un proyecto de investigación y desarrollo comunitario en Guácimo, realizado en alianza Universidad EARTH, University of Michigan y la W. K. Kellogg Foundation, enfocado en evaluar el impacto social y agrícola de los programas de desarrollo rural en las comunidades vecinas, sin embargo, esas giras de semanas complicaban mi recién iniciada vida de casada”, contó Dyana.

Más adelante incursionó en la docencia universitaria en la Universidad Latina de Costa Rica, donde impartió cursos dentro del programa de Gestión Deportiva desarrollado en conjunto con la Fundación Real Madrid, una experiencia que le permitió unir su formación como Socióloga con la cercanía con el fútbol.
En medio de esa dinámica de viajes, cambios de ciudad y temporadas deportivas, apareció también la idea de emprender. El negocio que hoy lidera Dyana nació originalmente como un hobby, una forma de mantenerse activa mientras su esposo continuaba desarrollando su carrera futbolística.

Un pasatiempo que se convirtió en negocio
Dyana recuerda como en aquel momento, la gente cercana, los amigos, siempre piropeaban en las reuniones sociales el chimichurri argentino que ellos hacían, los cortes de carne que compartían y la forma particular de hacer asados.

“Siempre nos decían que por qué no vendíamos algo de lo que hacíamos, una idea que en ese momento se unió a mí inquietud de mantenerme activa, de desarrollar algo propio y de no estancarme profesionalmente. Decidimos intentarlo sin grandes expectativas, simplemente como un proyecto para canalizar esa energía, y así fue como empezó todo”, recuerda Dyana.
Sin embargo, cuando comenzaron a ofrecer servicios de parrilladas y catering para eventos, el crecimiento del negocio fue mucho más rápido de lo que habían anticipado. En cuestión de semanas comenzaron a recibir cada vez más solicitudes, cotizaciones y oportunidades que exigían mayor organización y dedicación.
El negocio creció y la demanda de tiempo también
El punto de quiebre llegó cuando Dyana se dio cuenta de que sostener al mismo tiempo la docencia y el emprendimiento era prácticamente imposible. Preparar clases, atender a los estudiantes y cumplir con las responsabilidades académicas demandaba tanto tiempo como el que comenzaba a exigir el negocio, por lo que finalmente tomó una decisión que marcaría el rumbo de su vida profesional.

Dejó la docencia para dedicarse por completo al proyecto que recién comenzaba a tomar forma, aun cuando no tenía formación en administración de empresas ni experiencia previa en la gestión de negocios. Todo lo que vino después fue, en gran medida, un proceso de aprendizaje constante impulsado por la necesidad de responder a las demandas que el propio crecimiento del negocio iba planteando.
El nacimiento de una gran empresaria
Con el paso del tiempo, Dyana fue construyendo una estructura que le permitiera sostener la empresa de manera organizada. Aprendió a rodearse de asesores legales, contables y profesionales que complementaran las áreas en las que ella no tenía experiencia, pero también desarrolló habilidades que nunca imaginó que tendría que utilizar.

La negociación con proveedores, la administración del equipo, la planificación de eventos y la gestión de clientes se convirtieron en parte de su rutina diaria, mientras el negocio seguía creciendo y ampliando su alcance. Incluso en aspectos aparentemente más pequeños, como la comunicación en redes sociales, decidió involucrarse directamente porque consideraba importante que la identidad del negocio reflejara fielmente la esencia familiar que había detrás del proyecto.
A lo largo de los años trabajó con varias agencias que se encargaban de esa área, pero siempre terminaba revisando cada publicación, cada fotografía y cada mensaje que salía al público, convencida de que la autenticidad es uno de los elementos que más valoran los clientes.
Como ocurre en cualquier proceso empresarial, el camino no estuvo exento de decisiones difíciles. Uno de los momentos más complejos llegó cuando decidieron abrir su primer restaurante. El proyecto avanzaba bien y el lugar comenzaba a posicionarse entre los clientes, pero la carrera deportiva de su esposo volvió a cambiar el rumbo de la familia.

Pablo regresó a México, su otra casa, ya que incluso él tiene nacionalidad de este país, al que llegó por primera vez a los 18 años para ser parte del equipo de Necaxa, en Aguascalientes.
El tiempo de la maternidad
Durante más de un año y medio, Dyana alternó su vida entre México y Costa Rica, tratando de mantener el negocio en marcha mientras atravesaba un momento personal clave: la llegada a la maternidad. Primero con su hijo Daniel y, poco después, con su segundo embarazo, del que nacería Mateo. Sus hijos no son gemelos, como muchos creen, pero sí nacieron con muy poca diferencia de tiempo.

Cerraron el restaurante aun cuando el negocio funcionaba bien. Hoy, con la perspectiva que dan los años, Dyana recuerda ese momento como una de las lecciones más importantes de su vida empresarial, porque le permitió entender que no todas las decisiones se toman únicamente desde la lógica financiera y que, a veces, proteger la estabilidad familiar es la prioridad más importante.
La resiliencia volvería a ponerse a prueba muchos años después, cuando la pandemia golpeó con fuerza a la industria gastronómica y de eventos. En cuestión de días todos los compromisos contratados fueron cancelados y el modelo de negocio que habían construido durante años quedó prácticamente paralizado. En lugar de detenerse, Dyana decidió buscar una alternativa que permitiera mantener activo al equipo de trabajo y sostener la operación.

Así nació una nueva línea de negocio basada en el servicio de delivery desde su cocina industrial. Lo que comenzó como una solución temporal terminó convirtiéndose en un soporte fundamental durante los meses más difíciles, permitiendo que el equipo siguiera trabajando y que la empresa continuara generando ingresos en medio de un contexto completamente incierto.
Un negocio fuerte y próspero
Actualmente el proyecto empresarial que lidera combina distintas líneas de negocio dentro del sector gastronómico. Aunque la figura pública de su esposo forma parte de la identidad de la marca, dentro de la estructura operativa el liderazgo ha estado siempre claramente definido. Dyana es quien toma las decisiones estratégicas, dirige al equipo y coordina el funcionamiento diario del negocio.
Ese rol ha sido respaldado constantemente por su esposo, quien incluso dentro de la empresa suele dejar claro que las decisiones relacionadas con el funcionamiento del negocio pasan por ella. Ese apoyo, dice, ha sido fundamental para consolidar su autoridad y también para transmitir un mensaje importante dentro de su propio hogar, donde sus dos hijos han crecido viendo que su madre lidera un proyecto empresarial con autonomía y responsabilidad.

“El querer aprender y atreverse a tomar decisiones, incluso cuando uno no tiene todas las respuestas, es parte del camino.”
— Dyana Guillén.
A pesar de las exigencias que implica dirigir una empresa, Dyana siempre ha procurado que el trabajo no eclipse su rol como madre. Sus hijos, que hoy atraviesan la adolescencia, han sido siempre una prioridad en su vida, por lo que uno de sus objetivos más claros como empresaria ha sido construir un negocio que no dependa exclusivamente de su presencia para funcionar.
Después de casi diecisiete años de trabajo constante, siente que ha logrado avanzar hacia ese modelo. Hoy la empresa cuenta con un equipo que puede sostener la operación incluso cuando ella no está presente, algo que considera uno de los mayores logros dentro de la industria gastronómica, donde muchos negocios dependen completamente de la presencia permanente de sus dueños.

Con el paso de los años también cambió su manera de entender el éxito. En los primeros tiempos del negocio, el crecimiento se medía principalmente en términos de ventas, eventos y expansión. Hoy su mirada es distinta. Para ella, el verdadero éxito tiene más que ver con la tranquilidad de saber que el proyecto que construyó puede seguir funcionando sin sacrificar su calidad de vida ni el tiempo que dedica a su familia. Poder viajar, acompañar a sus hijos en sus actividades o simplemente tener la certeza de que el negocio sigue marchando incluso cuando ella no está presente se ha convertido en una forma distinta de medir el logro empresarial.
Un futuro en un lugar que no sabe
Cuando piensa en el futuro, Dyana no tiene una imagen rígida de lo que vendrá. Sus hijos estudian en un colegio con bachillerato internacional y tienen aspiraciones de continuar sus estudios en el extranjero, por lo que tanto ella como su esposo han aprendido a vivir con una mentalidad abierta respecto a dónde estarán dentro de algunos años. Más que aferrarse a un lugar específico, prefieren imaginar una vida en la que puedan acompañar a sus hijos en los caminos que ellos decidan tomar, manteniendo al mismo tiempo el proyecto empresarial que construyeron durante casi dos décadas.

Su historia, aunque marcada por la cercanía con el mundo del fútbol, es también la historia de muchas mujeres que lideran empresas familiares, toman decisiones estratégicas y sostienen proyectos de vida complejos sin buscar necesariamente el protagonismo público.
Historias que, como la de Dyana Guillén, se construyen con perseverancia, aprendizaje constante y la convicción de que detrás de cada gran proyecto hay una suma de esfuerzos que muchas veces permanecen fuera del foco, pero que resultan esenciales para que todo lo demás funcione.
Créditos:
- Texto: Heilyn Gómez
- Fotos: John Durán
- Producción: Shirley Ugalde M.
- Asistencia de producción: Emma Hernández
- Maquillaje y peinado: Zulay de la Torre del equipo de IECSA
- BTS: (videos) Katherine Cantillo
