"Cuando el sexo se acaba, las parejas deciden casarse para hacer otras cosas", me decía, en son de broma, mi novio con quien comentaba -y practicaba- la entrada anterior de este blog. Guapo, de ser así, ojalá nunca nos casemos.
La broma tiene algo de cierto. Muchos matrimonios se dedican a hacer otras cosas y se olvidan de tener relaciones sexuales como Dios manda. A mí no me vengan con el cuento de que Dios solo quiere que cojamos para reproducirnos, porque sino las mujeres no tendríamos clítoris -órgano cuya única función es el placer-.

Es una pena saber de hombres y mujeres que se dedican a ser padres, madres, profesionales exitosos, hacendosos en sus hogares y cualquier otra labor que no tenga que ver consigo mismos. Se olvidan de ellos, de sus ilusiones, de sus parejas y de su intimidad. Años después, cuando los hijos se van del hogar: "ups, mirá, yo tenía pareja". Entonces caen en cuenta de que están durmiendo con un extraño cuyo cuerpo, cuyas ilusiones y cuya sonrisa apenas reconocen.
Por eso, admiro esas parejas que se mantienen unidas a través del tiempo. Claro que hablo de sexo y también de lo demás, porque la intimidad física genera intimidad emocional. Creo que también existe este modelo de pareja, el modelo a seguir.
Mis padres cumplirán 37 años de casados este 20 de enero. Hasta hace poco yo no pensaba en ellos como seres humanos comunes, con sus deseos, alegrías, tristezas y sus relaciones sexuales. La sociedad nos ha educado para considerar aberrante la idea de que mamá y papá cogen; pues, me guste o no, mamá y papá irán a celebrar su aniversario a la playa, mamá también tiene clítoris.
El sexo relaja, intensifica los sentimientos hacia la otra persona, mejora el sistema cardiovascular... hasta hace que el pelo luzca más brillante y sedoso. ¡A ver, a seguir cogiendo después de la boda!
Quienes ponen como excusa que la vida matrimonial, la crianza de los hijos y el trabajo en la oficina es agotador y no quedan energías para coger: lo siento, la excusa no es válida. Realizar ejercicio físico (como el sexo, por ejemplo) acelera el metabolismo, segrega hormonas estimulantes y nos sentimos con las baterías recargadas. ¡A coger, carajo!
Si la excusa es el tiempo y la falta de espacio íntimo, entonces búsquenlo. Si esto es algo que los adolescentes saben hacer muy bien, cómo no lo van a hacer ustedes que ya cargan con más experiencia... sean serios.
Guapo, si algún día nos llegamos a casar, prometo que mis votos matrimoniales dirán que tendré relaciones sexuales con vos en las buenas y en las malas.
