
Gracias a un crecimiento en la calidad de la educación sexual y de la conversación acerca del sexo y el placer, la narrativa se ha ido alejando de la noción de que el sexo gira exclusivamente entorno al placer masculino. Sin embargo, muchas mujeres heterosexuales continúan pensando que el sexo inicia con la penetración y finaliza con la eyaculación.
Esta manera de pensar refuerza los estereotipos de género aplicados a la sexualidad. El estereotipo masculino en el sexo es el de la figura activa, casi agresiva, que siempre quiere tener relaciones. Por otro lado, esto pone a la mujer en una posición pasiva, de ser quien accede o deniega el encuentro sexual.
Perpetuar estos roles anticuados asociados a la sexualidad le enseña a las mujeres que no está bien querer, pedir y disfrutar del sexo. Esto limita a las mujeres y estigmatiza su deseo sexual.
La sexóloga de Durex Marianela Arias Lamiq dice que “las mujeres tenemos que ser agentes activas del placer sano que yace en nosotras, lo vivimos en nosotras y si queremos lo compartimos, pero no es algo que yace en la otra persona y esperamos que alguien más nos dé”. También, Arias agregó que “reclamar nuestro derecho al placer pasa a ser secundario cuando priorizamos el placer del otro”.
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La posición pasiva nos impide alcanzar nuestra plenitud sexual. Por eso, Arias explicó que el placer no es nada de lo que haya que avergonzarse. Es necesario desinfectar al placer femenino de la carga social de culpabilidad. Así, la mujer puede sentirse en libertad de iniciar un proceso de introspección, para reconocer y apropiarse de sus gustos, intereses e impulsos sexuales.
La falta de educación sexual influye gravemente en que la mujer ceda a su pareja el poder de su placer y también que se cierre a la oportunidad de experimentar sensaciones nuevas. Consecuentemente, esto lleva a la normalización errónea de que la mujer no sienta placer durante los encuentros sexuales.
Los beneficios de la vivencia sexual sin ataduras sobrepasan la experimentación del placer. Marianela Arias cuenta que la salud sexual implica también el que una mujer se sienta dueña de sí misma y que su placer no dependa de otra persona.
Romper con la cultura de “hacerse de rogar”
La libertad de la mujer para expresar sus deseos sexuales, decir que sí cuando quiere y tener iniciativa para tomar una posición activa en la sexualidad, puede influir positivamente en el modelo del consentimiento que muchas personas entienden.
De esta manera lo explica la autora estadounidense Jill Filipovic:
“Si las mujeres tuvieran la libertad de decir que sí completamente y con libertad, y si establecieramos un modelo de consentimiento entusiasta, en vez de solamente “no significa no”, sería más difícil que hombres pudieran salirse con la suya en casos de violaciones. Sería más difícil argumentar que existe un área gris”.
El área gris a la cual se refiere la autora es el área gris del consentimiento en encuentros sexuales en los que no hay una negación del acto por una de las partes, pero tampoco hay una afirmación explícita, verbal o no verbal.
La sexóloga Marianela Arias concuerda con que es necesario desechar la dinámica del “sí, pero no” en la que se cae muchas veces por miedo a externar el deseo. Ese temor se debe a las cargas sociales y el tabú detrás de que las mujeres se muestren como seres sexuales.
La costumbre de “hacerse de rogar” es irresponsable, y hacerlo parte del juego de conquista entre parejas no es apropiado. No decir que sí cuando sí se quiere y dar un no estratégico puede enviar señales mixtas que desvirtúen el peso que tiene un no sincero. El peligro de esta actividad está en que, además de deslegitimar la seriedad del no en la cama, contribuye a perpetuar la cultura de violación.
Esta es una responsabilidad que no debe caer exclusivamente sobre uno de los géneros. Todas las personas deben ser suficientemente respetuosas para que cuando las señales apunten hacia un no, esta respuesta se tome como tal y no insistir para convertirlo en un sí.
De lo contrario, la dinámica en la habitación se convierte en una relación de poder donde hay un perseguido y un perseguidor, no dos personas dispuestas y entusiastas de compartir la intimidad.
“Yo confío en que vos, como mi pareja, sos lo suficientemente clara para saber si querés o no querés. Ya si vos sí querés y estás diciendo que no, es tu responsabilidad”, añadió la sexóloga.
Hacia la libertad sexual
Hay muchos recursos que pueden servir de ayuda en el proceso de autoconocimiento sexual. Para indagar en los propios deseos e intereses sexuales, un método recomendable es completar una lista de sí, no o tal vez.
Esto consiste en una lista con la mayor cantidad de actos sexuales que se puedan imaginar, sin restricción alguna, e ir evaluando la posibilidad de realizar cada uno de ellos. Después de considerarlo, se marca un sí, si es algo que le gustaría probar, no, si es algo que definitivamente no le agradaría, o tal vez, si es algo que podría probar bajo ciertas circunstancias.
Esta es una lista que se puede realizar manualmente, o también, en línea hay opciones de listas preparadas. Un consejo es utilizar la lista creada por la terapeuta sexual Diana Sadat, ya que esta ofrece una amplia gama de actos sexuales para analizar.
Estando sola o en pareja, la lista de sí, no o tal vez es una maravillosa herramienta para explorar opciones, darle rienda suelta a su vida sexual y disfrutar.