
Ganó el amor. Miles de parejas del mismo sexo se abrazaban el pasado viernes 26 de junio, cuando un fallo histórico de la Corte Suprema de Estados Unidos reconoció el derecho igualitario al matrimonio para las parejas del mismo sexo. Miles se abrazaban.
LGTBI: lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexuales. Unas siglas que cada vez se hacen largas porque la diversidad es tanta como los colores de un arcoíris.
En la población LGTBI hay mucha diversidad: hay gente joven, adultos mayores, gente blanca, gente indígena, gente negra, personas conservadoras y liberales, gente alegre, gente tímida, gente que puede ser su amigo y gente que no... Personas, al fin y al cabo: como todos.

La tolerancia se ve reflejada en múltiples espacios, en Costa Rica, uno de los más evidentes ha sido la publicidad. Para el pasado día del padre, las marcas Gollo y Pozuelo dibujaron en sus anuncios múltiples formas de familia. Aquello de “mamá amasa la masa y papá lee el periódico” ya no es la única forma de familia. Ahora mamá amasa la masa, abuelita lee el periódico, tía cambia los pañales y papá ayuda a hacer las tareas... por poner un ejemplo. También están las familias conformadas por señor-señor-gato-gato, mamá-niño-perrito, mujer-novio-perrito o mamá-mamá-niña-niño.
En Costa Rica, el grupo LGTBI es parte de nuestra sociedad, de nuestras familias. Pensar que la homosexualidad es un tema ajeno a nosotras es un error, tiene que ver con nuestros primos, primas, hermanos y hermanas; con nuestros hijos y nietos; con los que ya nacieron y los que están por nacer.
Un mes antes de que la Corte Suprema de Estados Unidos diera su resolución, que es de acato obligatorio en toda la Nación, en Costa Rica se aprobó la primera unión de hecho: Christian Zamora y Gerald Castro, por primera vez después de doce años de relación, tienen las mismas garantías que cualquier otra pareja legal.

A diferencia del país del norte, en nuestro territorio, la resolución de la unión de hecho que se dictó en los Tribunales de Familia de Goicoechea no genera jurisprudencia (es decir, no necesariamente otros casos de parejas gais correrá la misma suerte porque depende del criterio de cada juez), pero sí es un antecedente. Un antecedente importantísimo.
Christian Zamora compara estos logros con la abolición de la esclavitud de las personas negras y el derecho al voto de las mujeres. “Cuando hay avance de derechos humanos, nadie pierde, simplemente se equiparan los derechos de las diferentes personas que conforman una sociedad”, asegura Zamora. “Y no es que ahora haya más gais y lesbianas que antes, simplemente la sociedad se ha vuelto más tolerante y, cada vez más, las personas de la comunidad LGTBI se atreven a expresar sus verdaderos sentimientos. La diferencia es que dentro de una sociedad muy represiva, la gente se esconde”, dicen entre ambos.
La pareja está sentada en el sofá de la casa que comparten desde hace diez años. Una casa que les sacó algunas canas porque hace diez años para ellos era imposible pedir un financiamiento juntos. “Tuve que sacar el préstamo con mi mamá, a pesar de que nosotros dos éramos los que pagábamos las cuotas”. Así, a punta de favores y de rogar por tener las mismas posibilidades que otras personas, se han ido haciendo de lo suyo y formando un hogar, el cual comparten con dos gatos.
Ciertamente, el tema de la homosexualidad es difícil de entender para muchas personas. Sin embargo, en ocasiones, entender está de más. “A mí no me gusta la papaya, odio la papaya y no entiendo cómo la gente puede comerla en ensaladas de frutas, batidos o helados. No los entiendo, pero los respeto y no los voy a discriminar por tener un gusto diferente”, explica Zamora en un intento por hacernos más sencillo el tema.
A pesar de la analogía, la orientación sexual toca fibras muy sensibles porque cuando un familiar sale del closet, se caen muchas de las expectativas que se habían creado y relucen muchos juicios religiosos o sociales. Aquella señora que soñaba con rodearse de nietos, tendrá que replantearse dónde pone sus ilusiones. El proceso de aceptación no es inmediato ni sencillo.

Un gay en casa
Cuando alguien va a anunciar que su orientación sexual o identidad es diferente de la esperada, generalmente esa persona se toma todo el tiempo que necesita para poder asumirse y enfrentar a personas que quiere mucho con una noticia que tal vez no les agrade... siempre existe la posibilidad de que le digan “yo no quiero saber más de usted”. Cuando alguien sale del closet, está preparado para eso. Pero también hay otra salida del closet: la de los papás. Ellos también tiene que hacer su proceso y replantearse muchas cosas.
A las mamás, por ser mujeres e históricamente cargar con el peso de la crianza, se les asigna mucha responsabilidad sobre lo que son los hijos. Si tiene problemas en el colegio, si son desordenados, si son gay o si una adolescente queda embarazada, le echan la culpa a la madre.
Ser gay es algo que la sociedad aún juzga como negativo. Entonces la madre, lo primero que piensa es “¿qué hice mal?” y queda muy sola, reprochándose. Una vez que entienda que ella no tiene la culpa, debe asumir que una persona gay no es algo que esté mal, simplemente es así. No hay nada que ella pudiera haber echo para que las cosas fueran diferentes. Ahí le quedan dos caminos: acepta a su hija o hijo, o no lo acepta. Pero hay un proceso, esto no se define en dos días.
La familia es el reflejo de la sociedad. Si la familia acepta a sus miembros tal y como son, es más fácil que la sociedad acepte la diversidad de las personas.