
Hay personas que organizan sus salidas según la ubicación de los baños. Otras evitan viajes largos, reducen su vida social o dejan de hacer ejercicio por miedo a una pérdida involuntaria de orina. Aunque pocas veces se habla del tema, la incontinencia urinaria forma parte de la vida cotidiana de millones de personas.
Las cifras ayudan a dimensionarlo. Se estima que más de 425 millones de personas viven con esta condición en el mundo y, en Costa Rica, seis de cada diez personas mayores de 65 años presentan algún grado de incontinencia urinaria.
Sin embargo, para muchos sigue siendo un asunto rodeado de vergüenza.

“La incontinencia urinaria no debe normalizarse ni asumirse como una condición con la que se debe vivir en silencio. Existen tratamientos, terapias y soluciones que pueden mejorar significativamente la calidad de vida”, afirma Esteban Pérez, coordinador de la marca TENA para Costa Rica.
La condición se caracteriza por la pérdida involuntaria de orina debido a una disminución en el control de la vejiga. Puede manifestarse al toser, reír, estornudar o hacer ejercicio; también mediante una necesidad repentina e incontrolable de orinar, o por la combinación de ambas situaciones.
No es una consecuencia de la edad
Uno de los principales obstáculos para abordar la incontinencia urinaria es la creencia de que se trata de una consecuencia natural del envejecimiento.
Los especialistas advierten que puede presentarse en distintas etapas de la vida. Las mujeres durante el embarazo y el posparto, las personas con obesidad, quienes viven con enfermedades neurológicas y los hombres con afecciones prostáticas figuran entre los grupos con mayor riesgo.
Para la doctora Adriana Rodón, especialista en suelo pélvico y directora de la Clínica Ara, esa percepción hace que muchas personas retrasen la búsqueda de ayuda profesional durante años.

Rodón explica que la incontinencia urinaria es una condición que puede tener distintas causas y manifestaciones, por lo que el diagnóstico oportuno es fundamental para identificar el tratamiento más adecuado. Lo importante, insiste, es no asumir que las pérdidas de orina forman parte normal de la vida.
Más que una molestia física
El impacto de la incontinencia va mucho más allá del aspecto médico.
El temor a sufrir un accidente en público, la preocupación constante por encontrar un baño cercano o la necesidad de modificar rutinas diarias pueden afectar la autoestima, las relaciones sociales y la independencia de quienes la experimentan.
Por eso los especialistas coinciden en que la conversación debe ir más allá de los síntomas y enfocarse también en eliminar el estigma que rodea la condición.
El papel del suelo pélvico
Entre las principales herramientas para prevenir y controlar distintos tipos de incontinencia urinaria se encuentra el fortalecimiento del piso pélvico, una estructura muscular que sostiene órganos como la vejiga y participa directamente en el control urinario.
Mantener un peso saludable, evitar el estreñimiento crónico, moderar el consumo de irritantes vesicales como la cafeína y realizar ejercicios de fortalecimiento, como los conocidos ejercicios de Kegel, son algunas de las medidas recomendadas para disminuir el riesgo de desarrollar esta condición o ayudar a controlar sus síntomas.
Rodón también recomienda evitar esfuerzos excesivos y cargas pesadas que aumenten la presión sobre el suelo pélvico, especialmente durante etapas como el embarazo, el posparto y la menopausia.
Cuando el cuidado también necesita apoyo
La incontinencia urinaria no afecta únicamente a quien la vive. En muchos hogares son familiares o personas cuidadoras quienes asumen tareas relacionadas con la higiene, la movilidad, el seguimiento de tratamientos y el acompañamiento emocional.
“El temor a sufrir un accidente en público, la preocupación constante por encontrar un baño cercano o la vergüenza asociada a las pérdidas involuntarias pueden llevar a muchas personas a modificar sus rutinas, limitar actividades sociales, e incluso aislarse”, explica Pérez.
Contar con información adecuada y orientación profesional puede facilitar ese proceso y mejorar la calidad de vida tanto de la persona que experimenta la condición como de quienes participan en su cuidado diario.
Al final, el mensaje de los especialistas es sencillo: la incontinencia urinaria es mucho más común de lo que la mayoría imagina y no debería vivirse en silencio. Hablar del tema, buscar orientación y actuar a tiempo puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida.
“La incontinencia urinaria no debe normalizarse ni asumirse como una condición con la que se debe vivir en silencio.”
— Esteban Pérez, coordinador de TENA Costa Rica.
Cinco ideas que vale la pena desterrar
- La incontinencia urinaria no es exclusiva de las personas adultas mayores.
- No afecta únicamente a las mujeres.
- No siempre es consecuencia inevitable del parto o la menopausia.
- Existen ejercicios y terapias que pueden ayudar a controlarla.
- Buscar atención profesional puede mejorar significativamente la calidad de vida.
