La cantidad de datos de investigación acumulada en los últimos 20 años sobre el estrés tóxico y sus efectos en los niños es “apabullante”, así lo aseguró el psiquiatra chileno Andrés Sciolla.
El investigador y académico de la Universidad de California, en Davis (EE.UU.), asegura que este tipo de problema se genera cuando un niño experimenta estrés por una adversidad que es fuerte y prolongada sin el apoyo adecuado de un adulto, como puede ser la negligencia, el abuso físico o emocional, o la exposición a hechos de violencia.
“La situación activa una serie de procesos a nivel cerebral y empieza un problema de hipersensibilidad al estrés que tiene consecuencias muy serias”, explica Sciolla.
Consecuencias a largo plazo
“Hoy se sabe que el estrés tóxico se desarrolla cuando no se apaga la respuesta al estrés del niño porque no tiene apego de un adulto, ni amortiguación; entonces allí empieza esa serie de procesos que pueden afectar su salud”, asegura el psiquiatra.
No se trata de cualquier tipo de estrés, aclara, si no de adversidades fuertes y prolongadas: “Algunas descritas son el divorcio de los padres o la muerte de alguno de ellos, la pobreza, el abandono emocional, presenciar violencia constantemente y vivir con familiares con enfermedades mentales”.
Según cuenta Sciolla, el término nació en los años 90, cuando varias investigaciones descubrieron que vivir estrés en la niñez de manera constante y sin apoyo guardaba una estrecha relación con problemas de salud más adelante en la vida. A partir de allí, cuenta el psiquiatra, son muchas las investigaciones que han mostrado que el estrés tóxico puede interrumpir el desarrollo cerebral de los niños. Esto, además del sufrimiento que les causa.
“Además, no se desarrolla bien el sistema del cerebro que se encarga del control, porque es como si este pusiera todas sus energías en sistemas de huida, y ese es un tema muy importante”, añade.
La razón, dice, es que numerosos estudios muestran que los niños con estas características son más propensos a presentar problemas de ánimo y tienen tendencia a la depresión, el suicidio y el abuso de sustancias. Por otro lado, el exceso de cortisol en el organismo desencadena fenómenos biológicos que tienen repercusiones sobre el sistema inmune. “Se ha visto que, a futuro, aparecen enfermedades, como fibromialgia, asma o alergias”, afirma Sciolla. “Esto te puede afectar para toda la vida, absolutamente”.
¿Se sabe si los efectos dañinos del estrés tóxico se pueden revertir? “La respuesta es muy difícil, pero, en general, los cambios son reversibles, aunque el tema está en los detalles. Por lo que sabemos, mientras más temprano ocurra la intervención, la protección y la contención, mejor. Los estudios también muestran que adultos involucrados en el bienestar del niño a edades tempranas previenen el problema”, afirma. Pero una vez instalado, la forma tradicional de tratarlo es con terapia, dice el médico, la cual suele funcionar bien y se indica según la condición del paciente.
Sin embargo, Sciolla advierte que es importante insistir en algo: más allá de las soluciones terapéuticas, se recomienda que las familias trabajen en el desarrollo de habilidades parentales. “Una palabra clave es calidad de tiempo, porque la contención, el escuchar y atender es necesario para los niños, y eso se ha visto en muchísimos experimentos, tanto en humanos como en animales, los cuales muestran su vulnerabilidad y lo importante que es hacerse cargo de ellos”, puntualiza el médico.
Señales de alerta
Según Andrés Sciolla, estas son algunas conductas que pueden alertar sobre el desarrollo del estrés tóxico en los niños:
- Comerse las uñas
- Cólicos constantes
- Bajo rendimiento escolar
- Preocupación al separarse de los padres
- Bajo control de esfínter
- Alergias repetidas
- Pesadillas