
Apagar el televisor o la computadora al momento de comer es solo uno de los cambios que puede hacer para tener conciencia de la cantidad de alimento que está ingiriendo. "Lo peor es colocarse frente a la tele a comer solo. Lo recomendable es hacerlo en grupo y conversar, para comer más lento y digerir mejor", aconseja María José Escaffi, nutrióloga de Clínica Las Condes.
Relajarse antes de sentarse a la mesa es otro buen consejo. "El estrés nos lleva a comer más; hay gente que come porque tuvo un mal día. Hacerlo rápido y estresado es lo peor, porque no pone atención a lo que ingiere y se van perdiendo las señales de saciedad en el cerebro", dice Samuel Durán, presidente del Colegio de Nutricionistas Universitarios de Chile.

Elegir alimentos que obliguen a masticar más y no estar todo el rato con el tenedor en la mano ayudan a comer más lentamente.
"Tomar un vaso de agua antes de cada comida permite sentir mayor saciedad y además hidratarse mejor. Aunque esa sensación dura un rato. Las proteínas son las que nos hacen sentir satisfechos por más tiempo", advierte Andrea Valenzuela, nutricionista de Clínica Alemana.
Cocinar la propia comida es otro de los trucos para reducir el apetito. "Cuando va a un restaurante, se sienta y está todo listo, se lo come todo. Si usted lo cocina y va probando, come menos después", dice Escaffi.Sentir.
Según un estudio publicado en la revista Flavour, las personas que se tomaban el tiempo de percibir el aroma de los alimentos antes de ingerirlos, comieron entre 5% y 10% menos. Llevar los platos ya servidos a la mesa es otra de las estrategias. Esa es la forma, dicen los especialistas, de planificar cuánto se va a comer y no existe la tentación de servirse más.
Tampoco hay que descuidar la elección de la vajilla. "Hay que comer en los platos adecuados, ya que los que se usan hoy en día son tan grandes que ni caben en el microondas", dice Durán.
"También hay que elegir vasos más pequeños y no comprar esas bebidas de tres litros, porque cuesta medirse", concluyó.