
En Pérez Zeledón hay una librería donde es posible encontrar una primera edición de la Editorial Costa Rica publicada en los años setenta, un volumen de los clásicos rusos, un ensayo latinoamericano difícil de hallar o asistir a un concierto íntimo de una cantautora como Berenice Jiménez. Pero quienes cruzan la puerta de Trincheras casi nunca llegan solo por un libro. Llegan por conversación, por curiosidad, por una recomendación de lectura o simplemente porque alguien les dijo que ahí siempre pasa algo en un sitio que, algunos años ha, no pasaba tanto.
Trincheras se ha convertido, desde hace 14 años, en un punto de encuentro para lectores, músicos, artistas y personas que buscan un espacio para pensar, conversar y crear. La librería, que hoy reúne más de 7.000 títulos, nació en 2012 como el sueño de siete amigos. Con el paso del tiempo, los caminos se fueron separando hasta que el proyecto quedó en manos de Albán Corrales, gestor empresarial y artista, quien continúa sosteniendo el espacio que un día imaginó junto con Natasha Herrera.
“Un día estábamos sentados en el parque y dijimos: aquí hace falta algo”, recuerda Corrales. Aquella conversación terminó convirtiéndose en una librería independiente que poco a poco fue sumando clubes de lectura, presentaciones de libros, talleres, conciertos y exposiciones, hasta consolidarse como uno de los principales espacios de gestión cultural de la zona sur.
Una trinchera para las ideas

Los estantes de Trincheras reflejan una convicción inspirada en una frase del escritor y político José Martí: “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”.
“Y la manera de concretar estas ideas es a través de los libros, de la palabra”, remata Corrales, por lo que en la librería conviven clásicos de la literatura universal, ensayos latinoamericanos sobre ciencias políticas, antropología, filosofía, así como narrativa contemporánea y una colección especialmente apreciada por sus fundadores: las ediciones publicadas por Editorial Costa Rica durante la década de 1970, muchas de ellas difíciles de conseguir incluso en San José.
Ahora, además, trabajan en un sitio web (trincheras.com) que permitirá consultar el catálogo desde cualquier parte del país y solicitar libros a distancia, con la intención de que esa biblioteca deje de pertenecer únicamente a Pérez Zeledón.

Sin embargo, Corrales insiste en que el verdadero valor del proyecto nunca ha estado en los libros, sino en las personas que decidan la inmersión en su propia trinchera.
“Siempre digo que este es un proyecto no del presente, sino del futuro”, afirma. “Hemos visto muchachos que llegaban muy jóvenes a pedir una recomendación de lectura o a participar en alguna actividad. Hoy son historiadores, sociólogos o profesionales que trabajan con comunidades y que incluso vuelven a Trincheras para desarrollar proyectos. Uno no piensa que va a tener ese impacto, pero con el tiempo lo termina viendo.”
Para él, los frutos de un espacio cultural rara vez son inmediatos, y que lo más importante es no menospreciar que una ciudad sea vista como “rural” y que por tanto no sea importante abrir espacios para la cultura.
“Para la gente que tiene curiosidad y algún interés por el arte, encontrar un espacio así puede cambiar vidas”, dice Corrales. “Aunque sea para unas cuantas personas, es importante que exista un lugar donde puedan crecer con otra visión de lo que es la cultura, de lo que es el arte y de por qué todo eso importa.”

La historia de Corrales con la lectura, de hecho, comenzó de manera casi accidental. En su casa no existía una tradición lectora, pero un día entró por curiosidad a una pequeña librería en San Isidro y compró una obra clásica. La leyó de principio a fin y quiso otra. Después otra más.
Mientras tanto, la música ocupaba el centro de su vida y experimentaba también con la escultura en cartón, una disciplina que descubrió en su adultez temprana tras participar en el Festival Nacional de las Artes. Poco a poco comprendió que todas esas expresiones dialogaban entre sí y que la inspiración solía venir del papel y las palabras.
“Una cosa lleva a la otra. Cuando uno está rodeado de pintura, de música o creando arte, la lectura termina siendo una compañera. Para quienes hacemos música, bueno, en realidad para cualquier persona, los libros también son una inspiración para ver la vida”, reflexiona. “¿Cómo no amar algo que te puede cambiar la vida?”.
