6 diciembre, 2020
Ilustración por Francela Zamora
Ilustración por Francela Zamora

Alguna vez recuerdo de pequeña haber hecho cálculos para saber qué edad tendría en el famoso año 2000: nada más y nada menos que 30 años. Se me hacían muchísimos. Y súbitamente me encuentro con que en el 2020, año que gracias a la pandemia ya está de todas formas destinado a pasar a la historia, es también cuando cumplo 50.

¡¿En qué momento pasaron cinco décadas?! Medio siglo, eso sí suena un montón, pensaría esa chiquilla de menos de 20 hace tantos años. Y de pronto, a lo largo de este año (y el próximo no será la excepción), me ha tocado ver a toda mi generación cumplir el medio siglo sin fiestas ni reuniones, con mascarillas y viajes postergados, pero aún con sueños por alcanzar.

Y eso, sin duda, resulta ser en realidad de lo más positivo en este tiempo tan retador. Somos definitivamente una generación muy particular porque nos ha tocado ser transición. Antes, cumplir 50 significaba algo así como ya haber jugado: lo que se hizo o no se hizo, ya está. Eso fue.

Pero, y especialmente con nosotros, ese esquema se fue rompiendo.

Es interesante mirar atrás y ver tanto logrado, tanto sufrido, tanto aprendido y aportado también. Hay huella. Pero lo más importante es que falta y mucho.

En buena hora se puede decir que no todo se ha alcanzado. Ojalá tengamos siempre algo pendiente, una meta que nos haga soñar, trabajar con ilusión y ponerle ganas. De eso se trata la vida y a cualquier edad.

Es como llegar a la cima de una montaña muy alta desde donde se puede mirar con satisfacción todo lo andado, pero también las cumbres más elevadas que todavía falta por conquistar.

¿Que hay desafíos grandes? por supuesto: para muestra, la misma pandemia. Pero todo depende del cristal con el que se mire. ¿Que hay cosas que se pudieron haber hecho diferente y mejor?

Claro que sí. Pero al cumplir 50 se ve que ninguna experiencia o decisión tomada es un desperdicio, que se crece mucho más en la adversidad y, si hay algo de que arrepentirse, que sea solo de no haberlo hecho, de no haberlo dicho, de no haberse atrevido. Pero, incluso, hay tiempo de virar el timón.

Nos tocó estar en un mundo muy cambiante a nivel político y tecnológico y hemos vivido cosas que ahora parecen tan lejanas como la caída del muro de Berlín, cuando ni siquiera teníamos 20, empezamos a darnos cuenta también de que el cambio climático existe y es realmente una amenaza y que tampoco hemos tratado y hecho por el planeta y por la humanidad en justicia social y equidad lo que debiéramos (ya nos lo achacan las nuevas generaciones).

Pasamos del teléfono fijo con marcado de disco, a los teléfonos inteligentes; de las máquinas de escribir y las primeras computadoras dinosaúricas, a los dispositivos móviles; de los tocadiscos y walkman con casetes, a spotify; de las tarjetas de felices vacaciones y diarios colegiales, a los mensajes por WhatsApp y los emojis.

Fuimos de juegos de mesa, practicamos tipo de deportes y competencias con nuestros primos y amigos del barrio, fuimos a las tardes juveniles a bailar música pop, tropicales y baladas con quien nos gustaba. Nos desgalillamos en conciertos con ídolos juveniles del momento y nos metimos a arreglar el mundo, cosa que muchos todavía estamos tratando de hacer.

Hay cosas que incluso a estas alturas puede que todavía no entendamos por qué pasaron o por qué no, pero la filosofía con la que lo llevamos es distinta. Ya no nos da miedo expresar y ser lo que somos, en especial las mujeres de 50, que somos parte de esa transición entre lo que teníamos que ser porque no había otra opción y la oportunidad de reinventarnos, romper esquemas y tomar otras decisiones.

Todavía hay mucho por qué luchar, hacer valer, reivindicar y conquistar, pero lo importante es que estamos en ese camino.

Y a escasos días de cumplir mis 50 puedo decir que he hecho mucho de lo que he querido y que ni siquiera me imaginaba; pero todavía falta; en realidad lo mejor, porque toca ahora con experiencia, más sabiduría, paciencia y autoconocimiento; con los pies en la tierra, pero igual para tomar carrera y remontar el vuelo.

Los 50 nos pescó en la pandemia y no es casual: seguimos siendo una generación de transición que ahora nos corresponde también hacer no solo el recuento de los daños, sino principalmente la reconstrucción y lo que viene. ¡Felicidades a ese grupo del 70-71, a quienes aún nos toca seguir caminando y escribiendo la historia!