Revista Dominical

Tinta Fresca: ‘Fútbol inevitable’

Cuando dejé de resistirme a los encantos del fútbol, todo fluyó. Se trazó un hilo en común con conocidos y desconocidos, con los machitos del colegio y los familiares que solo topaba una vez por año. Fue la pomada canaria para una enfermedad social inimaginable desde la infancia

Tinta Fresca del 1 de setiembre. Ilustración: William Sánchez
Tinta Fresca del 1 de setiembre. Ilustración: William Sánchez
Tinta Fresca del 1 de setiembre. Ilustración: William Sánchez Tinta Fresca del 1 de setiembre. Ilustración: William Sánchez

No recuerdo cuándo me empezó a gustar el fútbol. Tengo mucho más frescos mis primeros visionados del béisbol y el fútbol americano, intentos que no se intensificaron y se reducen al gozo anual de vivir las grandes ligas y el súper tazón de turno.

Con el fútbol es diferente. Mi memoria más lejana se remonta a mis berrinches infantiles, cuando solo había un televisor para las noches de compartir en familia y democráticamente era más importante ver el clásico contra la Liga que repetir por vez mil alguno de los episodios de Bob Esponja, algo que desató un ligero odio hacia el deporte.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌