Natalia Díaz Zeledón. 14 abril
La actriz pornográfica dice que escribe sobre lo que le interesa y en los que siente que puede dar otra perspectiva. Foto: Cortesía Steve Prue.
La actriz pornográfica dice que escribe sobre lo que le interesa y en los que siente que puede dar otra perspectiva. Foto: Cortesía Steve Prue.

Stoya ha pasado gran parte de su vida adulta frente a las cámaras. Desnuda. De ascendencia serbia, actúa en pornografía desde hace más de una década en su natal Estados Unidos. Su trabajo, dice, nunca le ha impedido ser dueña absoluta de su cuerpo y de sus ideas. Esas son sus herramientas de trabajo.

Tras convertirse en una popular intérprete de pornografía heterosexual y lésbico, Jessica Stoyadinovich lleva más de cinco años publicando textos tajantes sobre lo que opina sobre la sexualidad, el sexo, las fantasías sexuales y sobre el lugar que tiene la industria pornográfica en todo ello.

“No podemos depender de la pornografía para enseñar empatía, la capacidad de leer el lenguaje corporal o cómo discutir los límites sexuales, en especial cuando hablamos de jóvenes que nunca han tenido sexo. El porno nunca será un remplazo de la educación sexual” , escribió en marzo para The New York Times en un ensayo de opinión titulado Es hora de que hagamos pornografía responsable.

Stoya ha publicado columnas para medios digitales con lectores jóvenes como Vice y The Verge. Pero, también, ha conseguido espacios para escribir sobre salud sexual en el periódico británico The Guardian y televisión en Esquire, entre otros.

Desde sus redes sociales, especialmente Twitter, ha conseguido abrir debates sobre consentimiento y placer. Ahora, dice, se ha apartado de las redes sociales para darle más tiempo a sus proyectos y menos a los “extremistas religiosos o feministas anti sexo” que causan problemas en sus buzones electrónicos.

“Quiero decir, ¿qué son problemas en redes sociales? No son mi mamá. Si me mandan un tuit asqueroso, ¿qué me importa?” , asegura indiferente por teléfono. “Trato de comunicarme ocasionalmente. Me disculpo por hacer la reseña de un libro en el que imprimieron todas las nociones de la cosificación de la pornografía. Les sugiero que vean pornografía más sensible. Pero después de eso ya no me responden. Así que tal vez se dan por vencidos. No sales adelante sin ser un poco terco”, asegura entre risas.

Sobre sus proyectos, Stoya cuenta que el año pasado publicó una especie de poemario con sus tuits (Troll Witch, que se traduce en algo similar a “bruja de troles”) y apareció en una película serbia de ciencia ficción por la que recibió un premio de mejor actriz en el festival FEST realizado anualmente en Belgrado.

Este domingo 15 de abril actuará en la última función de la obra de teatro The Last Bar at the End of the World, su segunda oportunidad sobre las tablas en Nueva York.

Desde esa ciudad, Stoya fue clara en que no quería responder preguntas personales durante una entrevista con Revista Dominical.

–¿Qué significa el placer?

–El placer son las cosas que se sienten bien. Creo que es importante recordar que el placer puede estar fuera del sexo, lo encontramos todos los días. Te lavas la cara después de un día en el que sudaste mucho, eso es agradable, es placentero. Hago las cosas escuchando a mi cuerpo, es muy básico.

-¿Cómo sugiere que se aprendan estas cosas?

–He comentado en mis artículos que hay cosas que la gente está aprendiendo y que no deberían dejarse hasta la edad de 18 años para que las resuelvan. No entiendo cómo es que ocurre, no entiendo dónde deberían aprenderlas y dónde les hace falta aprenderlas. No me especializo en educar a la gente. Espero que, conforme la gente madura y desarrolla su sexualidad, escuchen lo que piden sus cuerpos y qué les gusta.

Stoya ha escrito sobre su experiencia frente y detrás de cámaras. Es reconocida por ser muy activa en redes sociales, donde escribe sobre ella misma y sus dos gatos. Foto: Cortesía de Steve Prue.
Stoya ha escrito sobre su experiencia frente y detrás de cámaras. Es reconocida por ser muy activa en redes sociales, donde escribe sobre ella misma y sus dos gatos. Foto: Cortesía de Steve Prue.

-¿Se considera una activista de la pornografía?

–Me llaman mucho una activista. Aprecio que me pregunten si me identifico como una porque, usualmente, lo ven escrito y lo vuelven a repetir. Entiendo por qué me llaman así y pienso que se trata de ser una ciudadana decente. Me gusta recordarle a la gente que mi experiencia no es la de todos los trabajadores del sexo. Contribuyo con ideas que aspiran a ser lógicas sobre cosas de la sexualidad en las que necesitamos tener conversaciones razonables. No veo que eso sea lo que conocemos por “activismo tradicional”. Me parece que es una oportunidad para estimular a que la gente vea su realidad.

-¿Cómo encontró su lugar como una vocera de la pornografía sana?

–Si supiera cómo hacer eso, ya habría escrito la autobiografía que la gente dice que está esperando (risas). La pornografía es compleja porque estamos lidiando con sexualidad, algo que ya es de por sí complejo. Pero además estamos lidiando con un modelo capitalista porque es un trabajo. Y, también, estamos en esa tierra extraña que se abre cuando mezclas las celebridades, la promoción y el mantener una marca pública. Para mí, eso también incluye escribir y el resto de expresiones creativas: la fotografía, la actuación. Es mucho y no sé cómo describirlo.

“Al ver fascinantes estas partes de nosotros, algunos sienten que es una oportunidad para ser vulnerables como no lo son con otras personas. Eso puede ser increíble. Oigo toda esa retórica de que los hombres toman conductas de la pornografía y la pornografía es: uno, dos, tres, jugueteo, sexo oral y penetración. Yo respondo a eso que puedo ver cómo piensan que todo la pornografía es así, pero les está costando encontrar cosas más realistas e innovadoras.

"Muchos hombres han estado en mi cama, algunos son unos años mayores que yo y otros un poco más jóvenes. Es frecuente que les dé pánico escénico y luego tengamos una conversación honesta sobre eso. Ocurre que no tienen ningún interés en llegar inmediatamente la penetración y que les emociona probar cosas nuevas. Quieren saber qué prefiero yo sexualmente. Están felices sin eyacular o eyacular rápido y luego retomar el juego. Yo me pregunto si la disparidad entre mi experiencia con el sexo fuera de cámaras y lo que otras mujeres cuentan sobre su experiencia, ocurre porque mis parejas se sienten seguras conmigo.

“Me encantaría un mundo en el que todas las mujeres que trabajan con sexo sean bienvenidas en todos lados. Me encantaría un mundo en el que todas las mujeres sean bienvenidas en todos lados. Pero no voy a aguantar la respiración esperándolo”

-¿Escribir es placentero?

–Escribo cuando algo me atrae, cuando siento que algo tiene que decirse. Ha sido muy maravilloso ver a tantos otros intérpretes (de pornografía) ser publicados porque cuando ocurre un problema, me doy cuenta en Internet que ya Lorelei Lee –también actriz– escribió algo. Ocurre otra cosa y ya alguien más dijo todo lo que debía decirse. Es increíble.

Foto: Cortesía de Steve Prue.
Foto: Cortesía de Steve Prue.

-¿Qué siente que ha cambiado en estos años?

–Voy a decir algo muy deprimente. En los ochentas, Candida Royalle fue una actriz que fundó su propia compañía de producción desde la mirada sexual femenina. Ella tuvo unos problemas con los distribuidores tradicionales de pornografía. Así que también fundó su propia compañía distribuidora. Luego, hizo unos artículos pequeños, como de tres párrafos, para The New York Times.

“Años y años después, yo decidí empezar a dirigir. Los distribuidores tradicionales no entendieron lo que yo quería hacer, así que cofundé toda una compañía –TrenchCoatx–. Han pasado dos o tres décadas (desde la historia de Candida) y también inicié una estrategia de dar la cara con un sitio web y venderles directamente a los consumidores. A lo largo de ese camino, yo también logré dos artículos en The New York Times.

“Literalmente, tuve que pelear cada una de las batallas que tuvo que pelear Candida. No se abrió ningún camino, no recorrí ningún camino que ella hubiera deshecho. Parece que el truco de todos estos prejuicios sociales y derechos de igualdad es que mantengamos el terreno una vez que lo hayamos conquistado. A este punto, no hemos llegado a ningún lugar.

-¿Se siente bien con su éxito?

–Los actores exitosos están ocupados siempre. Estamos conscientes de que nuestros trabajos nos excluyen de muchas otras carreras. Si el negocio está bien, te tienes que mover. Eso significa que si alguien es exitoso está trabajando sin descanso. Nos vemos ocasionalmente, nos ayudamos entre nosotros. Hay mucho respeto mutuo pero nadie tiene tiempo porque todos están involucrados con sus producciones y sus vidas. Yo tengo seis amigas muy cercanas que tienen el mismo calendario de locura. Pero no pienso que es malo tener tantas compañías independientes, eso da diversidad de perspectivas.

Foto: Cortesía de Steve Prue.
Foto: Cortesía de Steve Prue.

-¿Cómo ha logrado trabajar la industria pornográfica con las instituciones en Estados Unidos?

–Las cosas que ayudan son las que ha logrado la industria de la pornografía por sí misma. Por ejemplo, conseguir un sistema de pruebas de salud sexual. A los actores se les realizan pruebas para enfermedades de transmisión sexual regularmente, se les da tratamiento. Todo eso ha sido bueno.

“El sistema de pruebas se ha sofisticado con el tiempo. Ahora requiere que coincida la identificación de la persona. Cuando apareces a hacerte la prueba, vinculan la cara en tu identificación y tu número de cédula sale en tu documentación para las pruebas. De esa forma, nadie puede hacer que sus amigos los reemplacen. Empezaron haciendo las pruebas de VIH, clamidia y gonorrea; ahora, cubren un montón de otras cosas como sífilis, hepatitis A, B y C. Nos dicen que tengamos nuestras vacunas de la hepatitis al día.

“Lo que ha intentado hacer el gobierno estadounidense ha tenido la dirección equivocada o incluso retrógrada, como anticuada. (En el 2012) pasaron una ley en el condado de Los Ángeles en California que se llama “Measure B” –la ley mantiene obligatoriedad de uso del condón para escenas de contacto vaginal o anal con el pene–. Lo que hicieron fue reducir el sexo a la penetración y los obligaron a usar condones pero sin percatarse de que la gonorrea se puede transmitir con contacto de los genitales a la cavidad oral y, también, de forma oral a genital.

En los Estados Unidos tenemos derechos igual que todos, hasta cierto punto. Porque la idea de que definan el sexo como algo que requiere un pene te hace preguntarte: ¡¿Qué?! Si hubieran tomado nuestras opiniones con seriedad, si hubieran encontrado una forma de acercarse a los actores de pornografía eso habría salido mejor.

-¿Siente que las redes sociales han permitido que la gente sea más transparente con sus intereses sexuales?

–El Internet, en general, lo ha permitido. Si te metes en foros de fetiches de nicho te encuentras gente que pensaba que era rarísima y que a nadie más le gustaría lo que a ellos les gusta. Pero entraron a buscar en línea y ya no se sienten solos, ni tienen tanta pena. Las redes sociales nos dejan crear personajes separados de quienes somos en nuestros trabajos y eso le permite a la gente hacer cosas como compartir pornografía, de una forma en la que se sienten cómodos. Esa apertura logra que se formen otros gustos sexuales y deseos.

"No me especializo en educar a la gente. Espero que, conforme la gente madura y desarrolla su sexualidad, escuchen lo que piden sus cuerpos y qué les gusta”

-¿Qué le aconsejaría a la gente para que viva mejor el sexo?

–Olviden la vergüenza y enfrenten su sexualidad, salgan de eso. Exploren cosas. No es necesario que hagan todo lo que ven, escuchan o leen. Hay que explorar lo que hay afuera y hay que escuchar cómo responden sus cuerpos.

Foto: Cortesía de Steve Prue.
Foto: Cortesía de Steve Prue.